Hablar está de moda.

Nuestro mundo tiene absoluta necesidad
De personas tranquilas y sencillas,
De personas amables
Que en los comercios Te atiendan con una sonrisa,
Que no pierdan la paciencia
Ante las prolongadas filas de espera,
Que al conducir no se comporten agresivamente,
Que no la tomen contigo cuando cometes un error.
Se prudente en tus juicios, las palabras son armas potentes
Que pueden hacer mucho daño.
Que tu lengua No se burle nunca de nadie.
Que tu boca No desprecie nunca a nadie.
Una palabra dura, una palabra fuerte
Pueden arder mucho tiempo en tu corazón
Y dejarte una cicatriz.

Acepta que los otros sean “otros”,
Que piensen distinto a ti,
Que obren distinto a ti,
Que sientan distinto a ti,
Que hablen distinto a ti.

En tus conversaciones
Se generoso e indulgente
Las palabras deben ser “luces”
Las palabras deben reconciliar,
Acercar, pacificar.
Cuando las palabras
se convierten en “armas”
nos peleamos como enemigos.

La vida es demasiado breve
Y el mundo demasiado pequeño
Para convertirlo en un campo de batalla
Por eso dí conmigo…
“Señor,
ayúdame a no abrir la boca
antes de saber
lo que tengo que decir
Amén.

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