LA LECCIÓN DE LOS PÁJAROS

Después del tsunami
23 enero 2006
ESTOY FUERA DE CONTROL
23 enero 2006

¿Has observado alguna vez a un pájaro construyendo su nido?. Es por demás interesante observar a la hembra y al macho volar de aquí para allá recogiendo pequeños palitos y pajitas suaves para construir el nido adecuado donde poner los huevos y cuidar de los pichones para cuando nazcan.

El ave quiere estar segura que su hogar va a ser un lugar acogedor, caliente y seco. Ellos quieren el confort para sus pichones, hasta ese día cuado puedan volar y vivir por sí mismos. ¿Sí somos padres no nos gustaría lo mismo para nuestros hijos?

Pero ¿Qué hacemos cuando las circunstancias de nuestras vidas escapan a nuestro control y llegan las tragedias? En esos momentos, sólo Dios puede proveer la ayuda y el consuelo que necesitamos. Y El puede usar hasta sus más inocentes criaturas para enseñarnos. Hoy aprenderemos de los pájaros.

Nuestra querida amiga Marli Spieker y su esposo Edmund nos han contado de sus terribles experiencias vividas en estos años y cómo Dios les ha mostrado su fiel cuidado a pesar de todo. A veces hasta de lo más sencillo de la creación hemos sacado buenas lecciones…nos ha dicho Marli. Porque Dios es un Dios de misericordia y amor, de sabiduría y gracia. La Biblia nos dice que Dios es un Padre amante. En Mateo 6:26 dice: “Mirad las aves del cielo, no siembran ni siegan, ni recogen en graneros pero vuestro Padre celestial las alimenta. Y ustedes son de mucho más valor para El que las aves.”

Como les dije Marli es la fundadora de Proyecto Ana y Mujeres de Esperanza y hoy quiero presentarles a Edmund su esposo para que lo conozcan y sepan de los cuidados de Dios para con su vida y su familia. Cuando Edmund tenía seis años de edad, la Segunda Guerra Mundial estaba llegando a su fin.

El día de su cumpleaños, su mamá y los cuatro pequeños hijos, tuvieron que escapar de los ejércitos que habían invadido su país. Por cinco meses ellos estuvieron siendo llevados de un campo de refugiados a otro. A menudo no tenían ni idea si encontrarían algún lugar para dormir, o si tendrían algo para comer.

La mamá de Edmund era una mujer de fe. Ella creía en Dios y en sus promesas que había leído en la Biblia. Oraba con sus hijos, pidiéndole a Dios que les ayudara cada día. Ella sabía que a menos que Dios hiciera un milagro, podrían morir de hambre. Cuando experimentaron hambre, enfermedad, sufrimiento y aún la muerte de una de las hijitas, ella dijo que la presencia de Dios siempre fue real y consoladora. Dios le dio paz y fe en medio de tanto sufrimiento. Aprendieron a confiar en Dios aún cuando las circunstancias eran sumamente difíciles.

Este año que pasó, nos decía Edmund, Dios tuvo que recordarnos otra vez de una manera notable que El aún nos cuida de la misma manera como lo hizo cuando vivimos en los campos de refugiados en el Este de Europa.

Lo que les voy a relatar parece muy simple pero a través de ese hecho Dios nos habló y consoló nuestro corazón. Esto sucedió siete meses después de la pérdida de nuestro querido hijo Fabio de 28 años de edad en un trágico accidente. El dolor en nuestros corazones estaba aún muy fresco y nos sentíamos profundamente angustiados. Fabio había sido el gozo de nuestras vidas. Fue muy difícil entender que Dios tenía un propósito en llevárselo de al lado de su joven esposa y de su hijito de tan sólo un año de edad. Pero, luego, también supimos que los caminos de Dios no son nuestros caminos y sus pensamientos no son nuestros pensamientos. Dios es perfecto en todo lo que El hace, aún cuando nosotros no podamos entenderlo.

En el colmo de nuestro dolor y sufrimiento sucedieron otras cosas difíciles además. Marli se enfermó muchísimo. Yo recién había comenzado a trabajar en un nuevo ministerio y las finanzas no andaban bien porque aún no había cobrado mi sueldo. Con todos estos factores en contra estuvimos desanimados y con nuestros corazones llenos de tristeza. Le dijimos entonces a Dios de nuestro dolor y de nuestra falta de fe. Orábamos y le rogábamos que nos cuidara. Fue entonces que de una manera sencilla pero maravillosa nos habló y nos consoló.

Justo bien enfrente a la puerta que da al fondo de nuestra casa, un pequeño pájaro comenzó a construir su nido en una de las plantas que Marli tiene en ese lugar.

Ella fue la primera en notarlo y me dijo: “mira a este pájaro, ¡está trayendo palos y hojas más grandes que él mismo para construir un nido en mi planta!

¡Que maravilloso pequeño arquitecto!, aunque puede ser que dañe mi planta le permitiré construir allí y veremos que sucede”. Pronto el nido quedó terminado y un día Marli encontró dos pequeños huevos.

Ella recordó las palabras de la Biblia que están en Mateo 6:26 “Fíjate en los pájaros que no siembran ni cosechan ni andan guardando comida y tu padre celestial las alimenta. ¡Para él tu vales más que cualquier ave!”.

Yo entonces le dije que Dios sólo quería enseñarnos que Él aún está en el control de nuestras vidas y ciertamente cuida de nuestras necesidades.

Unos días más tarde fue mi turno. Miré el nido y encontré no dos huevos, ¡sino cinco!. Mientras miraba maravillado ese precioso nido un pensamiento cruzó por mi mente. ¡Cinco huevos! ¡Es el número exacto de lo que era nuestra familia!. Nosotros éramos cinco. Marli, yo dos varones y una hija. Como que Dios trataba de decirme que así como el vela por los pájaros, también lo hace por cada uno de nosotros. Dios nos envió a este pequeño pájaro bien frente a nuestra puerta para recordarnos de su gran amor y cuidado en estos momentos tan difíciles para nuestras vidas. Nuestro hijo Fabio ya está en el Cielo al cuidado de Dios. Lloré al pensarlo pero fui consolado al observar a este pequeño pájaro que tan confiado revoloteaba por allí porque Dios cuida de su creación.

Pasando las semanas los pequeños abandonaron el nido.

Cuando miré estaba vacío. Los pájaros estaban cantando y saltando de rama en rama en un árbol del Jardín.

Y yo debo decir que hoy hay una nueva canción de alabanza y gratitud en mi corazón a Dios quién es un Padre de amor para nosotros. No sólo cuida de las aves, cuida también de cada uno de nosotros que le hemos dado un lugar en nuestro corazón.

Y Edmund ha querido orar por cada una de nuestras amigas que hoy nos está escuchando.

Podemos acompañarlo:

“Querido Dios, gracias por ser nuestro refugio y nuestro proveedor, nuestro querido Padre que nos cuidas.

Ayúdanos a confiar en ti siempre; en los días buenos y también en los malos tiempos.

Ayuda a mi amiga para que ponga su vida bajo tu cuidado por más difícil que sea la situación. Protégela y bendícela como lo haces con nosotros. Te lo pido en el nombre de Jesús- Amén.

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