Mujeres emigrantes y sus hijos padecen hostilidad de la frontera

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Decenas de emigrantes mexicanas son repatriadas todos los días desde EEUU tras padecer la hostilidad de la frontera, donde han sido asesinadas cientos de mujeres en los últimos 15 años.

Un grupo de mujeres, varias de ellas acompañadas por sus hijos menores, retornaron esta semana pasada a su país por diversos cruces a lo largo de la frontera común, de 3.200 kilómetros, donde narraron el calvario de su travesía por desiertos, montañas, caminos y alcantarillas en pos del pretendido ´sueño americano´.

Rosa Emilia Hernández, quien durante años trabajó en una empresa ensambladora de Ciudad Juárez, estado mexicano de Chihuahua, lindante con Texas (EEUU), fue deportada por el puesto fronterizo de Nogales (Sonora), junto con su hija de 12 años y un hijo de siete.

´Hace tres días nos metimos a Estados Unidos por El Sásabe (Sonora), pero la Patrulla Fronteriza nos detuvo en Arizona y nos regresó a México´, contó una fatigada Hernández, a quien no le importaba tanto el fracaso de su intento como el de buscar alimentos para sus hijos, devastados por el cansancio.

La trabajadora social Alma Cota Castro, funcionaria del Instituto Nacional de Migración (INM) de México en Nogales, dijo haber conocido casos de mujeres emigrantes violadas, golpeadas o asesinadas en el marco de su temeraria aventura de intentar viajar ilegalmente a EEUU.

´Alguna vez me conmoví con la historia de una mujer a la que le habían robado la pañalera de su bebé, por lo que quedó expuesto al frío de la noche y los zancudos del bosque´, señaló Cota.

Cota es integrante del ´Grupo Beta´ del INM, encargado de disuadir a los indocumentados para que no vayan a EEUU y de brindarles asistencia humanitaria.

El ´Grupo Beta´ tiene registros de indocumentados de ambos sexos agredidos por asaltantes de caminos o vencidos por el rigor del clima en el llamado ´cañón del migrante´ u otros sitios tenebrosos del desierto de Sonora, donde duermen de día y caminan de noche, a la espera de sortear los muros construidos por EEUU.

´Las mujeres indocumentadas están expuestas a situaciones como esas y a sufrir vejámenes en su camino hacia Estados Unidos´, dijo Cota.

Otras mujeres deportadas hoy por puestos fronterizos desde la ciudad de Tijuana (noroeste) hasta Nuevo Laredo (noreste), pasando por Ciudad Juárez, narraron que debieron soportar la pestilencia de las alcantarillas, el asedio de sus compañeros de caravana y la extorsión y el chantaje de guardias corruptos.

Se estima que las mujeres representan el 25 por ciento de los indocumentados que tratar de viajar a EEUU y que la cifra está creciendo en la medida en que escasea el empleo en México y otros países latinoamericanos.

´En el paso fronterizo de Nogales hemos notado que la emigración ilegal tiene cada vez más rostro femenino´, señaló Cota.

Las mujeres y sus hijos, que aspiran a trabajar como empleados domésticos o jornaleros agrícolas en el país del norte, tendrán más dificultades para cruzar la frontera si el Congreso de EEUU aprueba la construcción de más vallas en la frontera con México y criminaliza la inmigración indocumentada.

Tal pretensión fue considerada hoy como un ´nuevo acto de violencia´ contra las emigrantes por Rosa Emilia Hernández, quien recordó que más de 300 mujeres han sido asesinadas en la última década en Ciudad Juárez, fronteriza con El Paso (Texas, EEUU) y receptora de miles de indocumentadas procedentes del sur de México

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