«Buscando el rostro familiar»

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¿Has notado que hacen los bebés cuando ven el rostro de la madre o el padre? Yo recuerdo a mis hijos como miraban todo alrededor buscando aquel rostro especial y bien familiar. Y luego al verme, sus ojos se iluminaban y sonreían; sus pequeños bracitos se estiraban hacia mí. Los niños se deleitan viendo el rostro familiar. Para ellos es muy importante. Ese rostro familiar significa amor, cuidado y seguridad.
Le trae un sentimiento de paz y bienestar. Para un niño eso significa que no está solo ni perdido. Si alguna vez siendo niña te has perdido o alguno de tus hijos pequeños se perdió y luego lo has encontrado puedes comprender lo que estamos diciendo.

Cuando en la vida todo va bien no sentimos mucha necesidad de Dios. A veces las cosas van tan bien que ni siquiera pensamos acerca de Dios. Yo pienso a veces que siempre es importante considerar a Dios, cada día, y muchas veces durante el día. Necesitamos estar familiarizados con Dios; necesitamos aprender acerca de su amor y de sus cuidados hacia nosotras.
¿Por qué es tan importante?

Porque habrá tiempos en que necesitaremos mirar ese rostro familiar, ese rostro que conocemos bien. Habrá momentos tan difíciles cuando sólo Dios y su amor podrá ayudarnos a atravesar. Habrá esos momentos cuando desesperadamente llamaremos a Dios y necesitaremos saber que está allí, que nos escucha, nos ama y nos sentimos seguras con Él. Es muy bueno saber que no te encuentras perdida ni sola.

En la Biblia, hay un Salmo escrito por el Rey David. Fue un rey que atravesó circunstancias muy difíciles. Sus enemigos le perseguían y su vida corría peligro. Pero él tenía una gran fe en Dios. En esos momentos desesperantes escribió estas palabras: “Oye oh Dios mi voz con que a ti clamo; ten misericordia de mi y respóndeme. Mi corazón a dicho de ti, Buscad mi rostro; tu rostro buscaré oh Señor” Salmo 27:7-8
Como puedes ver David estaba buscando el rostro familiar del Señor. Buscaba seguridad y paz. Él sabía que el mejor consuelo viene del Señor así que buscaba su rostro. Y no era la primera vez que lo hacía. Desde niño David aprendió a buscar y conocer a Dios mientras se encontraba sólo en el campo cuidando las ovejas de su padre. Al ir creciendo como persona su relación con Dios también fue creciendo a través de los años. Desarrolló confianza en el Señor así que sabía bien a quien acudir.
Así es amiga, cuanto más tiempo pasas con alguien mas llegas a conocerle. Así pasa con Dios y nosotras. Y cuanto más le conocemos más confiadas estamos. Esa puede ser nuestra experiencia con Dios también. ¿Dónde está la clave?; pasar más tiempo en comunión leyendo su palabra la Biblia, orando y pensando en Él.

¿Quieres gozar más de su presencia y de su amor?

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