Soy única.

Confianza, seguridad y gozo.
29 mayo 2006
Editorial de Junio 2006
1 junio 2006

Desde el vientre de nuestra madre y a lo largo de toda nuestra vida recibimos impresiones que nos van marcando, moldeando y definiendo que clase de personas seremos. El ambiente y las personas que nos rodean van impactando sobre nuestra personalidad. La suma total de los factores y cómo los aceptamos llega a ser nuestra auto imagen. Hará de nosotros personas reservadas, tímidas o confiadas y comunicativas. Decidimos pensar de nosotros como seres únicos y de valor o sin valor alguno.

Depende de la cultura en la cual nos tocó vivir, si se valora o no a la mujer y qué factores se toman en cuenta. Podemos nombrar algunos como la belleza, la inteligencia, la fama, la cuenta bancaria, etc.
Pero hoy vamos a compartir contigo la historia de una mujer que a pesar de sus muchas luchas en al vida Dios le ayudó a ser una mujer de valor y de esperanza porque aprendió que Dios la hizo única y especial.
Te contaremos la historia de Sandra y quizás en algo o en todo te identifiques con ella.
Nuestro único deseo es animarte, ayudarte a vivir mejor mientras estés aquí en la tierra.
Gracias a Sandra que nos abrió su corazón y nos contó su historia de vida. Quizás después que la escuches te animes tú también te animes a compartirnos la tuya.

Cuando nuestra amiga Sandra tenía tan sólo 10 días de vida, fue adoptada. En realidad la que es su madre ahora era la nurse asistente en la sala de partos y se enteró en ese momento que esa beba iba a ser ofrecida en adopción. Y su padre adoptivo integraba en ese momento la junta directiva del hogar de niños solos o sin hogar. Sandra nos dijo “Sinceramente creo que ellos estaban destinados a ser mis padres. Dios permitió que mi madre me diera a luz”.
“Siempre supe que era adoptada. Desde ese momento en que sucedió mi madre me llamó mi pequeño ángel adoptivo”.

Por eso no fue difícil para Sandra cuando ella descubrió que era adoptada. Cuando tuvo una edad suficiente para entender lo que eso significaba, siempre se sintió muy especial, muy amada y muy necesaria. Ella nos dijo: “fui bendecida con padres muy especiales”; aunque su hermano que también era adoptado no lo aceptó de la misma manera pasó tiempos difíciles. Estaba siempre triste aunque los padres le amaban como a Sandra pero él nunca permitió sentirse querido.

Pero hay algo más en la historia de Sandra. No sólo era una hija adoptiva sino que había nacido con una discapacidad. Tenía un problema en los huesos de una pierna que se lo descubrieron recién a los 17 meses. Debido a esta discapacidad anduvo mal hasta los nueve años de edad. Ella misma nos contó que vivió una niñez muy solitaria. Tenía unas pocas amigas que venían a su casa a jugar con las muñecas mientras que los otros niños corrían y saltaban afuera y ella anhelaba unirse a ellos pero le era imposible.

Sandra tuvo que ser sometida a muchas cirugías que se sumaban a su dificultad. Pero algo importante que nos dijo: “Mis padres nunca me permitieron tenerme lástima a mi misma y me enseñaron a ver el lado positivo de la vida, me decían que todas las cosas tienen algo bueno. Que yo era especial porque ningún otro niño de mi edad conseguiría que lo alzaran y lo llevaran a todas partes”. Sandra fue enseñada por sus padres a sacar el máximo de sus capacidades. Por ejemplo en este tiempo en que no caminaba aprendió a tocar el piano.
Aunque tenía una discapacidad no se sentía infeliz. Fue enseñada y así aceptaba que Dios tenía un plan y un propósito para su vida y que sólo ella podría llevar a cabo las tareas, no lo haría ningún otro por ella. Nos dijo lo siguiente: “Soy como un frasco con una grieta, no soy perfecta. Cuando cojeo al andar la gente me mira. Aún cuando era niña y adolescente me decían cosas en forma despectiva por caminar así pero nunca me avergoncé de mi discapacidad.”

Sandra es una mujer valiente y decidida. Ella da, todo el crédito a Dios por su valentía pero también reconoce que sus padres tuvieron mucho que ver. Ellos nunca le dijeron que había cosas que ella no podría hacer al contrario decían “si lo quieres tú puedes”. Aunque los médicos les dijeron a los padres que nunca caminaría ellos rechazaron esa idea y así Sandra también la rechazó.
Cuando comenzó a caminar los médicos opinaron que antes de los 40 años estaría en la silla de ruedas. Pero Sandra ya pasó los 40 y sigue caminando; no lo hace tan rápido como las personas sanas pero si lo hace.

Sandra nos ha animado a confiar en Dios si algo malo nos sucede. Nos recordó un incidente en su dura vida cuando cumplió los cinco años. Los médicos quisieron probar hasta donde era capaz de caminar. Ella dio dos pequeños pasos y cayó de cara al piso. Su mamá la levantó y la niña vio correr lágrimas por el rostro de su madre. Pensó para si misma “oh es mi culpa yo la he desilusionado” pero recuerda que su mamá le dijo “Sandra, esto fue maravilloso” y ella no entendía de que estaba hablando. Pero la mamá le explicó que era maravilloso que pudiera dar dos pasos. Así es Dios con nosotras; aún cuando caemos, aún cuando nos equivocamos, Él está allí para levantarnos y animarnos a continuar.

No siempre es fácil continuar nos decía Sandra; “a veces me ha asaltado el temor al rechazo especialmente cuando conocía a alguien por primera vez. Me preocupaba qué pensaría de mí. También luche con la auto compasión”.

Sandra se casó y tiene dos hijos, pero sigue luchando con muchos problemas físicos. En 10 meses fue sometida a cuatro cirugías y ha tenido momentos de desánimo y se ha preguntado porqué le pasan a ella tantas cosas.
El apoyo de una amiga le ha resultado muy animador porque juntas oran y leen la Biblia.

Nos ha contado que muchas mañanas se levanta con dolor en todo su cuerpo. Pero aún así se levanta porque ella sabe que eso es mejor que el no caminar nada, se recuerda a si misma un verso de la Biblia que no dice “dad gracias por todo” sino en todo o a pesar de todo (1 Tesalonicenses 5:18) y nos anima a no olvidar que somos creación de Dios y él sabe lo que hace.
Gracias a Dios por esta maravillosa mujer que hemos conocido a través de este testimonio. Esperamos haya sido de aliento para ti.

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