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La homosexualidad
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Estamos compartiendo estas semanas de un tema muy difícil: “La homosexualidad”. Me pregunto ¿cómo ven las personas el estilo de vida del homosexual, del gay o de las lesbianas allí donde tú vives?
Donde yo vivo escuchamos hablar de este tema todo el tiempo y cada vez más ya sea a través de la televisión, en los trabajos, entre los vecinos y aún entre los amigos. Lo que se dice es que si no los aceptas como normales estás siendo injusto y discriminador hacia quienes lo practican. Seguramente conoces a alguien que lleva este estilo de vida y quizás sea una persona amable y de buen trato.
¿Qué actitud debes tomar: condenarlo o amarlo? Esta semana solamente vamos a mirar lo que dice la Biblia, la Palabra de Dios y qué aprendemos en ella acerca de la sexualidad, como Dios quiso que fuera.

Comencemos desde el principio de la Biblia, por el libro de Génesis donde se nos relata cómo Dios creó al primer hombre y a la primera mujer
(Génesis 2:7-8). “Cuando llegó el momento oportuno, Jehová Dios formó el cuerpo del hombre del polvo de la tierra, y le insufló aliento de vida ¡el hombre se convirtió en un ser con vida! Entonces Jehová Dios plantó un huerto en Edén, hacia el oriente y puso en él al hombre que había creado (versículo 18-25). Y entonces Jehová Dios dijo: “No es bueno que el hombre esté solo. Le voy a hacer una compañera que sea de ayuda para él en todas sus necesidades. Dios pues formó de la tierra todo tipo de animales y de aves. Entonces se los presentó al hombre para que les pusiera nombre. Entonces Jehová Dios hizo que cayera sobre el hombre un sueño profundo, le sacó una costilla y cerró la carne en el lugar de donde la había sacado. Con la costilla hizo a la mujer y se llevó al hombre.
-¡Ahora sí!; exclamó Adán –Ella es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Se le llamará mujer porque del hombre fue tomada. Esto explica porque el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola persona. Aunque el hombre y la mujer estaban desnudos, no se sentían avergonzados”.

(Génesis 1:27-28) “Entonces hizo Dios al hombre a su semejanza, a imagen de Dios los creó, Varón y Hembra los creó. Y Dios los bendijo y les dijo: Multiplíquense, pueblen la tierra y subyúguenla… ustedes son los amos de los peces, de las aves y de todos los animales. ¡Fíjense! Les doy toda planta que se reproduce por semillas y que hay sobre la tierra, y todo árbol frutal para que les sirva de alimento.
Entonces Dios contempló todo lo que había creado y vio que era excelente desde todo punto de vista.
Él hizo al hombre y a la mujer para que sean el uno para el otro, para complementarse en todas las maneras”.

¿No es interesante que en la perfecta creación de Dios el hombre y la mujer estuvieran desnudos y no sentían vergüenza? Pero cuando desobedecieron e hicieron lo contrario a lo que Dios les pidió entonces sí se sintieron avergonzados.
La creación de Dios es perfecta. El puso al hombre y a la mujer en medio del hermoso jardín que creó para ellos, y les dio instrucciones para que todo se mantuviera perfecto y hermoso. Ellos podrían comer todo lo que les gustara excepto el fruto de un árbol.
Dios no quería que la gente fuera como los títeres, Él quería ser su amigo, así que les dio el derecho de poder elegir. Tristemente, estas dos primeras personas eligieron desobedecer a Dios.
Cuando lo hicieron la Biblia nos dice que “en aquel momento sus ojos fueron abiertos y se dieron cuenta de que estaban desnudos, y sintieron vergüenza. Entonces cosieron hojas de higuera para cubrir su desnudez”.

¿Cómo nos sentimos tú y yo cuando hemos hecho algo que sabemos está mal? De la misma manera que ellos, nos sentimos culpables y avergonzados. Eso es lo que el pecado o la desobediencia a Dios nos hacen.

Pero la historia de Adán y Eva continúa. Ellos formaron o produjeron una familia como es natural a una esposa y un esposo. Pero el mundo nunca más fue perfecto. El pecado entró al mundo y sus efectos alcanzaron bien lejos. En el libro de Romanos en la Biblia el Apóstol Pablo se lo explicó así a la gente en Roma… “desde los tiempos más remotos, los hombres han estado contemplando la tierra y los cielos, la creación entera; y han sabido que Dios existe y que su poder es eterno. Por lo tanto no podrán excusarse diciendo que no sabían si Dios existía o no. Lo sabían muy bien, pero no querían admitirlo, ni adorar a Dios ni darle gracias por el cuidado de todos los días…
En consecuencia, sus necios entendimientos se oscurecieron y confundieron. Y al creerse sabios sin Dios se volvieron aún más necios. Por eso Dios los dejó caer en toda clase de pecado sexual y actos vergonzosos, para hacer lo que se les viniera en ganas, aún los más viles y perversos actos los unos contra otros.
En vez de creer la verdad de Dios que conocían deliberadamente creyeron la mentira. Adoraron a las cosas que Dios hizo, pero no quisieron obedecer al bendito Dios que hizo aquellas cosas. Por eso Dios los dejó desbordarse y realizar perversidades hasta el punto de que sus mujeres se rebelaron contra el plan natural de Dios y se entregaron al sexo unas con otras. Y los hombres, en vez de sostener relaciones normales con mujeres, se encendieron en sus deseos entre ellos mismos y cometieron actos vergonzosos hombres con hombres y como resultado, recibieron en sus propias almas el pago que bien merecían.
A tal grado llegaron que, al dejar a un lado a Dios y no querer ni siquiera tenerlo en cuenta Dios los abandonó a que hicieran lo que sus mentes corruptas pudieran concebir. Sus vidas se llenaron de toda clase de impiedades y pecados, de codicias y odios, de envidias, homicidios, contiendas, engaños, amarguras y chismes”.

Esta es la palabra de Dios que describe las muchas maneras que podemos dejar el camino que Dios trazó para nosotros. (Romanos 1:27 y siguientes).

¿Qué esperanza hay para nosotros en este mundo?
¿Realmente Dios nos ama aún? La Biblia nos dice que tenemos esperanza (Romanos 3:21-25). “Pero ahora Dios nos ha mostrado una manera diferente de ser rectos ante sus ojos. Dios dice que nos aceptará, purificará y llevará al cielo si dejamos por fe que Jesucristo nos limpie de pecados. Y todos podemos salvarnos en la misma forma, acercándonos con fe a Cristo, no importa quienes seamos ni como hayamos sido.
Si, todos hemos pecado, ninguno de nosotros alcanza el glorioso ideal divino. Pero Dios nos declara inocentes del delito de haberlo ofendido si confiamos en Jesucristo, quien gratuitamente borró nuestros pecados.
Porque Dios envió a Jesucristo para que sufriera el castigo de nuestros pecados y extinguiera el enojo de Dios contra nosotros. Él uso la sangre de Cristo y nuestra fe para salvarnos de la ira divina”.

Esto nos enseña que no importa qué estilo de vida llevamos, o qué hacemos, Dios aún nos ama. Podemos ser perdonados y hechos una nueva persona si nos volvemos a Dios y aceptamos lo que Jesús hizo por nosotros al morir en la cruz derramando su vida.
¡¡Hay esperanza para cada uno de nosotros!!

Finalmente, la Biblia habla bien claramente lo que Dios planeó para nosotros en la relación matrimonial. (Hebreos 13:4) “honren al matrimonio y mantengan su pureza porque Dios castigará a los inmorales y a los que cometen adulterio”
(Proverbios 18:22) “el hombre que encuentra esposa halla algo bueno, ella es una bendición que Dios le envía”. ¿No te parece grande y maravilloso?

Te invito a que oremos y le demos gracias a Dios por su perdón.

Querido Padre Dios:
Gracias por Jesús quien vino al mundo con tanto amor para quitar nuestros pecados y errores muriendo en la cruz por nosotros. Te pedimos por aquellos que están luchando con un estilo de vida diferente al que tú esperas. Ayúdales para que entreguen el control de sus vidas a ti para que hagas de ellos una nueva persona. Ayúdanos a los que estamos casados para que honremos el matrimonio permaneciendo fieles. Gracias por crearnos de tal forma que podamos disfrutar como esposas y esposos. Amén.

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