«Creo en Ti Señor»

¡OH, cuán grato es, Señor, si padecemos
Largas y tristes horas de agonía
Tener la convicción de que apiadado
Tú, desde el cielo, nuestras penas miras,
Las cuentas y las ves desde tu trono
Y oyes el ay, que el corazón te envía!

Cuando al tender nuestra mirada en torno
No hay otro ser que nuestro mal perciba
si no ardiera, Señor, en nuestras almas
la pura lumbre de la fe divina…
¿Cómo hacer frente a la desgracia entonces?
¿Cómo cerrar del corazón la herida?

¡OH Soberano Dios, mil y mil veces
Cielos y mundos tu piedad bendigan,
Que al contemplar el duelo y la amargura
Con que la suerte sin cesar nos brinda
En el alma del hombre colocaste
La fe sagrada con tu mano escrita!

La fe es del desgraciado amparo cierto
Y en este mundo su perpetuo guía,
Luz que alumbra sus pasos vacilantes,
El solo bien que en su aflicción le anima,
La fe, de salvación áncora cierta,
La fe, santa virtud que en Ti se afirma

OH, Señor creo en ti, Dios Uno y Trino;
Te adora reverente el alma mía,
y tuyo ha sido mi primer lamento
y tuyo ha sido mi primer sonrisa
y pronunciando tu bendito Nombre
Terminarán las horas de mi vida.

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