No hay razón para estar cansada

¿Has experimentado alguna vez la sensación como que Dios no te oye? ¿Qué tu vida es tan difícil que te parece que no vas a poder continuar?
¿Sólo quisieras darte por vencida?
Son tantas las cosas que te suceden que te preguntas si aún le interesas a Dios. ¿Hasta tus amigos se han alejado de ti?

Quiero contarte acerca de una mujer que se hacía estas preguntas y cómo llegar a experimentar que Dios es fiel y ella pudo confiarle su futuro. Quiero decirte que es una historia real. Era una mujer que tuvo que escoger el creer en las promesas de Dios aún cuando su cansancio era inexplicable y lo venía soportando hacía ya muchos años. Estaba tan deteriorada su salud que debía arrastrar sus pies para salir a realizar sus tareas. En estos tiempos tan difíciles aun debía esforzarse para tener todo listo para su familia, la comida, la ropa, todo.
Hacía las compras en el mercado y al llegar a su casa se sentía demasiado cansada para preparar cada cosa. Los médicos no descubrían cual sería su problema por tanto gastó mucho dinero en estudios y análisis para llegar a saber porque se sentía tan fatigada.

Oraba a Dios pero nada aliviaba su dolor.
Muchas de sus amigas la abandonaron ya que no podía reunirse ya más con ellas.
Algunas le daban sus consejos pero realmente nada le ayudaba. Algunas veces su familia perdía la paciencia con ella y cada vez comía menos.
Algunos pensaban de ella que era perezosa o que imaginaba cosas.
Otros la criticaban diciendo que habría hecho para que le fuera tan mal.
Este estado de su salud se prolongó tanto que ya nadie le creía en su familia.

Se sintió sola y a veces hasta enojada con la vida.
Muchas veces clamaba a Dios desanimada y comenzó a cuestionarlo: ¿es este tu plan para mí? ¿Por qué me sucede esto? Dudaba de la presencia de Dios y le decía ¿realmente me ves, realmente te intereso?
Un día recordó la historia de Job en la Biblia.
Job había sido muy golpeado en su cuerpo por una dolorosa enfermedad. Sus amigos le acusaron de haber actuado mal y le abandonaron en su miseria.
Aun su esposa le hacía la vida difícil diciéndole palabras ásperas. Él había perdido su ganado, sus campos, sus empleados y también a sus hijos. Pero Job creía en Dios.
Él sabía que Dios le amaba a pesar que se encontraba en esa miserable condición y sufrimiento.
Él dijo a sus amigos: “Aunque Dios me matare en Él confiaré” (Job 13:15).

Después de pensar en la vida de Job la señora dijo a Dios: “Yo te amo Dios, confío en ti, dame un corazón limpio y que permanezca en ti”.
Así como hizo Job, ella decidió acercarse a Dios en su abatimiento y creer que a pesar de lo que le sucedía, Dios estaba en control de su vida y que podía confiar en Él.

En la Biblia el Señor nos dice “Nunca te dejaré ni te desampararé” (Deuteronomio 31:6). Ella escogió creer en Dios y sus promesas de estar con ella hasta el fin de sus días en el mundo.

Así comenzó a escribir y memorizar versos de la Biblia que hablaran de esperanza, de descanso y de paz; versos para leer y meditar cuando se sentía triste, sola y temerosa. Entonces cambió de actitud y comenzó a confiar en Dios quien es fuerte y poderoso.

Ahora podía repetirse a si misma las promesas del Señor tales como la ayuda viene del Señor quien hizo los cielos y la tierra; Él no permitirá que resbales y caigas, Él no se adormecerá ni se dormirá…
El Señor te guardará de todo mal…” (Salmo 121:2-4,7).
Él es Dios, no se cansa, no necesita dormir y está en control. Eso fue un gran consuelo para su corazón cansado.

Otra promesa que le ayudó mucho es la que se encuentra en Isaías 40: 28-31 y que dice así: “¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creo los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio y su entendimiento no hay quien lo alcance. El da esfuerzo al cansado y multiplica las fuerzas a quien no tiene ningunas. Los que esperan en Dios tendrán nuevas fuerzas, levantarán alas como de águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán”.

Con estas y otras promesas de la Biblia en su mente comenzó a decirle a Dios: “¿Renovarás mis fuerzas OH Dios, cuando toda mi vida parece desfallecer?”
Tú lo has prometido y yo me aferro a tus promesas.
Creo en ellas, ayúdame a permanecer en tu verdad.
Ayúdame a llenar mi mente con tus promesas.
Que pueda vivir cada día sabiendo que tu me cuidas y me amas”.

De pronto cruzaron por su mente otras palabras de la Biblia, las que se encuentran en Filipenses 4: 6-7 que ella repitió en voz alta: “Por nada estéis afanosos sino sean conocidas tus peticiones delante de Dios en toda oración y ruego con acción de gracias. Y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, guardará tu corazón y tus pensamientos en Cristo Jesús.”

Así que ella comenzó a orar cada día dando gracias por todo lo bueno que recordaba; su casa, su familia a quienes podía ver y oír, por la comida, por el agua, por el aire y el sol que disfrutaba porque se daba cuenta que todo esto era un regalo de Dios para ella. Y así fue creciendo su amistad con Dios y su actitud frente a la vida cambió desde entonces.

¿Conoces mi amiga a Dios de esta manera?
¿Uno con quien puedes hablar y comunicarte cada día, y que cumple sus promesas? ¿Estás cansada de luchar en tus propias fuerzas? El Señor quiere ser tu amigo cercano para auxiliarte en esos momentos en que los problemas te sobrepasan y te sientes exhausta de cansancio.
La señora que nos contó su experiencia de vida nos ha dicho, “Dios cumple sus promesas, y al confiar en Él me ha quitado el temor. Él oye mis oraciones, Él vio mi dolor y tuvo compasión de mí. Me dio fuerzas cuando estaba débil y cansada. Me hizo ver su amor y paciencia para conmigo. Su Palabra la Biblia, me enseñó a tener fe y confianza en Jesús. Estoy tan agradecida y le bendigo por todo su amor.
Quise compartir mi testimonio para animar a alguna amiga que se sienta débil y cansada. En Jesús hay esperanza, entrégale tu vida a Él y espera en sus promesas cada día.

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