Editorial de Setiembre 2006

Fiebre alta
4 septiembre 2006
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14 septiembre 2006

Queridas amigas intercesoras,

La mitad de mi vida he sido una extranjera, como brasilera que también he vivido en Asia, Canadá y los Estados Unidos. El idioma que hablo, las ropas que uso, las comidas que disfruto, la manera en que pienso, toda mi manera de ver el mundo es diferente a la de aquellos que me rodean. ¡Puede ser muy desafiante! Nunca encajas realmente. Nunca te sientes totalmente como en casa con las costumbres y tardiciones de aquellos con quienes vives.

Sin embargo, esto me ha dado la oportunidad de ministrar a mujeres cristianas en todas partes.
Hoy estoy en Brasil. El próximo mes estaré ministrando a mujeres en Europa y Asia Central. Más temprano en el verano estuve en República Dominicana. No importa el color de su piel, el idioma o la cultura, cuando estoy con ellas me siento parte de su familia. Cuando comparten sus historias conmigo, me siento empequeñecida por su valor y su firmeza. Ya no somos más extranjeras, sino hermanas, hijas amadas de Dios, miembros del cuerpo de Cristo. Si un miembro de este cuerpo sufre, todo el cuerpo sufre.

¡Que privilegio y honor tenemos al interceder por estos miembros del maravilloso cuerpo de Cristo en sus sufrimientos. Liberemos esperanza para estas queridas hermanas, especialmente para aquellas que enfrentan alienación, segregación, atrocidades, vergüenza y persecución por su fe. Ayudémoslas con nuestras oraciones de acuerdo a 2ª de Corintios 1:10 – 11 «…y en quien esperamos que aún nos librará; cooperando también vosotros a favor nuestro con la oración…». Piensa en esto. A través de nuestra oración, la esperanza será liberada hacia ellos; la esperanza de Cristo que puede levantar sus espíritus y sostener sus lastimados cuerpos y almas.

Mientras oramos fervientemente, pidiéndole a Dios que saque las fuerzas del mal y ayude a las mujeres cristianas a reclamar el gozo y la paz y renovar las fuerzas en sus vidas, pueda El restaurar también la esperanza en nuetros propios corazones y nos ayude a permanecer fieles hasta el fin.

Gracias por tener a estas queridas hermanas en vuestros corazones.

Marli Spieker
Proyecto Ana

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