Editorial de Noviembre 2006

Queridos socios de oración:

Cuánto agradezco al Señor por vuestra fidelidad al levantar la voz por aquellos que no pueden hablar (Prov. 31:8).
Quiera El bendecirte y recompensarte mientras «oras sin cesar» y te mantienes en la brecha por las mujeres que sufren. Yo se cuán difícil es tratar con algunos de los temas que enfocamos – demasiado malos, demasiado dolorosos. ¡Gracias a Dios, El nos capacita en perseverar! Debes estar segura que tus fieles oraciones han sido el combustible que ha llevado al Proyecto Ana a través de un año más de bendecido y efectivo ministerio.

Mientras en Europa y Asia Central hace pocas semanas, a menudo me encontré luchando entre dos emociones, reteniendo lágrimas de tristeza e incapaz de parar de derramar lágrimas de gozo. La historia de cada mujer era tan triste, pero sin embargo sus rostros radiantes y de genuina gratitud expresaban la vida abundante de Cristo que ellas habían descubierto en su nueva creencia. Eso fortaleció mi fe para verlas derrotar una fuerte oposición y alcanzar a sus hermanas.
Conocí a una mujer que, por «el crimen» de hacerse cristiana, había sido brutalmente abusada, su marido se divorció de ella y la despidió con dos jóvenes hijas y por último fueron echadas de la villa. Maravillosamente cuando hablé con ella noté perdón en su voz: «Hermana Marli, me dijo, el trabajo que usted comenzó es algo bueno. Me ha cambiado, ha cambiado a mi pueblo. Ha sido de ayuda para mi ministerio. Todas las mujeres de esperanza están embarazadas. Estamos embarazadas con la esperanza de Jesús. Esto es algo muy bueno. Gracias».

Mi oración durante este mes de alabanza y agradecimiento es que todas estemos impregnados con la esperanza y renovada determinación para hacer el trabajo de oración de modo que muchos más experimenten las promesas que traen cambios: «Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia» (Juan 10:10)

Durante este viaje, Habacuc 1:5 llegó a ser muy real para mi, «Mirad entre las naciones, y ved y asombraos; porque haré una obra en vuestros días, que aún cuando se os contare, no la creeréis».

Espero que todos nosotros estemos realmente maravillados y alabemos al Señor por lo que El ha hecho. Regocijémonos de las respuestas a nuestras oraciones en la vida de esas queridas mujeres. Los ojos de gozo que yo ví en mi viaje en Asia Central testifican del poder de Cristo para restaurar la dignidad, reunir familias y cambiar la desesperación por esperanza, fe y amor.

Profundamente agradecida a Dios por ti,

Marli Spieker
Fundandora de Proyecto Ana

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