Enfrentando los cambios de la vida

Parafraseando un antiguo dicho: “La única constante en la vida es el cambio” podemos decir que la vida cambia cada día para cada persona de alguna manera. Esperamos que cambien las estaciones, que los niños crezcan, que los hijos se casen, jubilarnos de nuestros trabajos. Aún reconocemos que la enfermedad y la muerte son eventos que van a llegar a nuestras vidas. Pero cuando el cambios es masivo e inmediato ¿qué hacer entonces? ¿Qué o cuál sería una reacción normal a un evento anormal, tal cosa como un desastre natural, un ataque terrorista o un accidente en la familia?

No esperamos eventos repentinos en nuestro barrio y menos en nuestro hogar.
Cuando el mundo cambia de una manera más grande a través de una guerra, recesión económica o la muerte de un gran líder, manejamos nuestras reacciones frente a los cambios a través de nuestras estrategias de lucha.

Pero los adultos no sólo deben tener cuidado de sus propias reacciones a cambios violentos y repentinos en la vida, deben también ayudar a la generación más joven a hacer lo mismo.
Como adultos elaboramos maneras de manejar los cambios que serán absorbidos y aprendidos por los niños y jóvenes a nuestro alrededor.
Cuando elaboramos o adaptamos nuestras propias conductas y estrategias de lucha para resolver problemas mostramos a otros cómo siendo flexibles y adaptándonos podemos lograr acercarnos a través de esos eventos en la vida.

Estas estrategias de lucha varían de una persona a otra dependiendo de la edad y de la experiencia que cada persona ha tenido durante su vida.
Podríamos hacernos las siguientes preguntas para descubrir cuán capaces somos y como ser de ayuda durante una crisis.

Por lo general, ¿cómo reaccionas frente a grandes cambios en tu vida? ¿Te abruman, tiendes a encerrarte en ti misma o te llenas de actividades? ¿Continúas con tu trabajo y rutina diaria o te deprimes de tal modo que apenas puedes levantarte de tu cama?
¿Pierdes el sueño o duermes demasiado?

¿Qué estrategias has usado para ayudarte a enfrentar cambios inesperados en la vida?
¿Has tratado de buscar la mejor salida o te amoldas a lo de siempre?
Alguna de estas sugerencias puede proporcionarte ayuda como: leer un buen libro, hablar con amigos sinceros, consultar a un profesional.

¿Qué valores y creencias personales te sustentarán a través de una crisis? ¿Cuando enfrentaste un enorme cambio tu fe se vio sacudida o se volvió más fuerte? ¿Te condujo a revisar tus prioridades y tus valores y te ayudó a pensar y escoger lo que es de más valor para sostenerte en medio de la crisis?

¿Qué nuevas experiencias podrían ayudarte en el futuro? ¿Estás dispuesta a aprender de tu pasado? Una manera de lograrlo es observar a otros en sus triunfos y fracasos y aprender de sus experiencias y de las nuestras también.

Los cambios les suceden a todos y en cualquier edad, pero para los niños, los cambios grandes pueden ser especialmente difíciles por sus limitadas experiencias en la vida.

Los niños son afectados de un modo diferente que los adultos y es tarea de los adultos ayudar a los niños en tiempos difíciles. Especialmente las madres que consideran la edad y el desarrollo de los hijos están mejor preparadas para apoyarlos emocionalmente, enseñándoles maneras efectivas de resolver los problemas y descubrir estrategias de lucha exitosas.

Recuerda que los niños por lo general observan e imitan a los adultos en sus comportamientos frente a situaciones específicas. Con el tiempo y la experiencia nuestra capacidad de pensar y razonar se desarrolla y gradualmente podemos ser más capaces de entender y resolver situaciones.

Los cambios en la vida son constantes y a través de ellos se espera que cada uno de nosotros crezcamos y maduremos; y podemos así ayudarnos unos a otros. En especial debemos estar atentas a lo que enfrentan nuestros niños y jovencitos y ayudarles en el momento oportuno a tomar decisiones correctas y hacer las mejores elecciones.

Si eres mamá demuéstrales tu amor a tus hijos, conversa con ellos, siéntate para escucharles con atención y pide sabiduría de Dios para saber cómo aconsejarle al tener que tomar decisiones.

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