Enfrentando los cambios

Cambiar es parte de la vida. Querámoslo o no, va a sucedernos; no podemos evitarlo. Cada día es diferente, cada una de nosotras cambiamos. Alguien he dicho: el cambio puede ser una bendición o una maldición, depende de nuestra perspectiva. La mayoría de nosotras tenemos una actitud ambivalente hacia los cambios es decir sentimientos amistosos y hostiles a la vez. Por ejemplo quizás no sea problema iniciar o sugerir el cambio, pero luego que entramos en una rutina, y nos sentimos confortablemente bien, entonces viene un rechazo al cambio. Aún así no hay más remedio que cambiar aunque preferimos o nos sentimos impulsadas a hacer las cosas a la manera antigua.

Hay algo placentero en la rutina porque lo de siempre es familiar y seguro. ¿Para qué cambiar por cambiar? El problema está si nos imponen el cambio por cosas de las cuales tenemos poco control o ninguno.

¿Cómo te sientes tu amiga? ¿Tienes temor de los cambios?
¿Piensas que eres capaz de manejarlos?
Realmente si los enumeramos, son muchos.
Mudarnos de barrio, enfermarnos, un accidente, pérdida de un amigo, casarnos, tener un hijo… y podemos seguir con la lista. Cualquier cosa que suceda cambia nuestro entorno y nuestra rutina.
Hace un tiempo leí un libro titulado “¿Quién movió mi queso?” Es una fábula muy popular escrita por Spencer Johnson. A algunos les agrada, otros me han dicho que no. Algunos aplican sus enseñanzas sólo donde trabajan, otros recomiendan este libro a sus amigos ya sea jóvenes o mayores porque todos enfrentamos cambios en nuestra vida laboral tanto como personal. Su tema central habla del cambio y concluye diciendo que ocurre y podemos responder a él o podemos vivir vidas frustradas, perplejas y airadas, culpando a otros por cosas que hemos experimentado.
No se si te ha sucedido, pero hay momentos que luchamos contra los cambios y otras veces nos adaptamos a ellos. Otras veces pensamos cómo ser genuina y mantener mi integridad en los rápidos cambios de la vida. Hay quienes los evitan o pretenden adaptarse, otros maldicen lo que les sucede y se transforman en víctimas, echando la culpa y su enojo a factores externos.
El arte de vivir consiste en discernir los cambios que se suceden a nuestro alrededor, y descubrir respuestas creativas para esos cambios.

Hay un hermoso ejemplo de alguien que experimentó dramáticos cambios varias veces en su vida.
El relato de esta persona se encuentra con detalles narrado en la Biblia en el libro de Génesis. Es una historia en la cual podemos ver los dos lados del cambio: La actitud humana encarando circunstancias inesperadas y las consecuencias cuando es Dios quien guía nuestras vidas y hace que todo sea para nuestro bien. Estamos hablando acerca de José, el número once de sus hermanos.
José era el hijo favorito de su padre Jacob. En Génesis 37:3-4 dice: “Y amaba Jacob a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez y le hizo una túnica de diversos colores. Y viendo sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos le aborrecían, y no podían hablarle pacíficamente”.

José probablemente disfrutó este “privilegio” por un tiempo.
Se sintió apoyado y aprobado por su papá, quien aún usó a su querido hijo como un “espía” de las actividades de sus otros hijos. Pero al mismo tiempo esta situación estaba causando mucha tensión entre José y sus hermanos. Él fue famoso por sus sueños, sueños en los que se revelaba que José estaría en una posición superior sobre ellos, y al contárselos a sus hermanos se produjo en sus corazones mucho enojo y envidia que les llevó a conspirar contra el joven José considerando aún si le matarían.

La historia bíblica continúa así (Génesis 37:18-25).
“Cuando ellos lo vieron de lejos, antes que llegara cerca, conspiraron contra él para matarle y se dijeron:”he aquí viene el soñador; venid y matémosle y echémosle en una cisterna y diremos: alguna mala bestia lo devoró y veremos que será de sus sueños”. Cuando Rubén oyó esto, lo libro de sus manos y dijo: “No lo matemos; no derraméis sangre. Echadlo en esta cisterna que está en el desierto y no pongáis mano en él. Rubén quería hacerlo volver a su padre”.

“Cuando llegó José a sus hermanos, le quitaron la túnica de colores que tenía sobre sí y le tomaron y le echaron en la cisterna; pero la cisterna esta vacía, no había en ella agua. Y se sentaron a comer pan y alzando los ojos miraron y he aquí una compañía de Ismaelitas que venían de Galaad y sus camellos traían aromas, bálsamo y mirra e iban y llevaban a Egipto”.

El cambio para José comenzó justo allí, en una cisterna en medio del desierto. Fue vendido por 20 piezas de plata y más tarde comprado por Potifar capitán del Faraón de Egipto.
Después de haber sido el favorito del padre, llegó a ser un esclavo, pero su actitud nos da la primera gran lección. “José fue una bendición para su dueño en todo”
(Génesis 39:2) “Más Jehová estaba con José y fue varón próspero y estaba en la casa de su amo egipcio”.
El otro hecho: “El Señor estaba con Él” Aunque ya había sido víctima por dos veces injustamente.

Pero otra vez más las circunstancias cambiaron repentinamente. La Biblia nos dice que José era de “hermoso semblante y bella presencia”, esto no es una falta por supuesto, pero la esposa de su amo puso los ojos en él y trató de seducirlo. José entonces dio otra señal de integridad, huyendo de algo que estaba mal. Pero su decisión una vez más le complicó la vida. Y así José fue a parar a la cárcel sin tener la culpa. Es demasiado malo cuando alguien siendo inocente debe estar en prisión.
José podría considerar su vida muy miserable, pero él no lo hizo.
Así dice la Biblia: “Allí en la prisión el Señor estaba con José y le extendió su misericordia y le dio gracia ante los ojos del jefe de la cárcel. Así que él entregó en manos de José el cuidado de todos los presos que había en aquella prisión porque el Señor estaba con José y lo que él hacía Dios lo prosperaba”.

¿Puedes imaginar lo que sucedía? ¡Realmente me agrada la actitud de este jóven! El podría quejarse, tenía toda la razón del mundo para hacerlo. Pero no lo hizo, al contrarió mostró todo lo mejor en cada circunstancia y siempre encontró gracia para sobrellevar las peores cosas que le sucedían.

Al final de todo esto José fue elevado a la más alta posición en el Reino de Egipto bajo el Faraón.
Volvió a recuperar a toda su familia, llevándoles a vivir cerca de él, libre de malas memorias.
Sano completamente en su vida interior, sin rencores ni venganzas. ¡Qué maravilloso! Esta es una historia muy rica y llena de detalles significativos.

Pensando en tantos cambios que enfrentó podemos resumir su vida en varios capítulos:
Uno: El hijo favorito. Todo un placer.
Dos: El esclavo diligente, una bendición para su amo.
Tres: El prisionero inocente, usando sus dones para servir.
Cuatro: El gran y amado líder de Egipto.
Cinco: El salvador de su familia.

No todos los capítulos en la vida de José fueron placenteros. No todos los capítulos en nuestra vida son placenteros. Pero si no podemos cambiar las circunstancias a nuestro alrededor, por lo menos como José podemos cambiar nuestras actitudes, si ponemos nuestras vidas en las manos de nuestro amante y buen Dios.

Amiga, te aseguro que pueden pasar cosas maravillosas en tu vida. Mientras tienes vida aún se está escribiendo el último capítulo.
Pon tu vida en las Manos de Jesús, Él te guiará en cada cambio que debas enfrentar y te capacitará con Su Gracia para que seas más que vencedora en Cristo Jesús.

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