¿Por qué somos diferentes?

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Una amiga nos cuenta de sus experiencias como esquiadora. Ella nos dice: “Cuando niña, iba a esquiar sobre el lago cerca de mi casa, me lanzaba valientemente sobre las aguas congeladas y comenzaba a deslizarme y dar vueltas. A veces se me ocurría imaginarme que era una princesa que podía danzar mágica y maravillosamente sobre el hielo. Una vez, estaba tan absorta en mi imaginación que verdaderamente creía que podría saltar alto por los aires con mis patines y aterrizar liviana como una pluma sobre el hielo. Así que para prepararme para mi salto comencé a girar más y más rápido y me lancé al aire congelado tan alto como pude.

Bien, ustedes ya habrán adivinado qué me pasó. Caí sobre mis espaldas mientras aterrizaba sobre el hielo. Me sentí bien dolorida por varios días. También estaba muy avergonzada. No era una mágica princesa que pudiera esquiar perfectamente. ¡Era solo una pequeña niña con muy limitada experiencia!. Estaba tratando de hacer algo para lo cual no estaba preparada”.

“Pasando los años y ya como mujer adulta, visité otra vez aquel lago, tan solo para sentarme y observar a los esquiadores. El lago estaba muy congelado y fueron llegando las personas para deslizarse sobre el hielo. Observé que había personas de todas las edades, desde niños hasta muy mayores. Pude ver a un niñito con su madre. Este niño tenía como un casco en la cabeza de modo que si se caía no se lastimaría. El se sostenía fuertemente a una cuerda de apoyo para protegerlo de caer. El niño patinaba y caía una y otra vez, pero nunca se dio por vencido. Estaba muy decidido a que quería aprender a patinar”.

Me llamó la atención una joven lisiada, tenía solo una pierna y estaba allí tratando de ejercitarse. No lo podía hacer muy bien pero lo estaba intentando. Recuerdo su hermosa sonrisa y sus palabras de ánimo hacia algunos que recién se iniciaban en este deporte.

Permanecí mucho tiempo allí, observando cuán diferentes eran estos esquiadores, los unos de los otros y cuántas figuras hermosas se les ocurrían. Cada uno tenía su propio estilo. Algunos con mucha gracia y habilidad, otros no tanto pero me llamó la atención cuán determinados estaban todos en hacer lo mejor de si mismos”.

Saben, les conté este testimonio para hacerles ver lo diferentes que son las personas. La mujeres somos diferentes unas de otras. Algunas altas, otras bajas, una rubias, otras morochas. Algunas que saben hablar muy elocuentemente, otras sin embargo en silencio pintan maravillosos cuadros. Todas y cada una nos vemos diferentes, actuamos diferente y tenemos talentos diferentes. No todas podemos hacer igual de bien las mismas cosas. Algunas de ustedes cocinan muy rico, otras animan con mucho cariño a los enfermos, otras saben cantar y hacer buena música. Todas estas cosas son importantes y necesarias pero no todas sabemos hacer lo mismo. ¡Es tan bueno que tengamos diferentes habilidades!.

La Biblia dice (en 1ª Cor. 12) que Dios nos ha dado a cada una un don en particular. Que Dios actúa en cada una en diferentes maneras. Que el Espíritu Santo nos dio a cada una un don diferente para usarlo para hacer el bien.

¿Has tratado alguna vez hacer algo que no te correspondía? ¿Recuerdas la historia de mi amiga cuando era niña y trató de patinar en el lago como un bailarina experimentada?. No tuvo éxito, cayó y se lastimó. La Biblia nos muestra que no deberíamos tratar de copiarle a nadie más, ni intentar hacer algo para lo cual no fuimos capacitadas. Una figura de eso la tenemos en nuestro cuerpo, con tantas partes y miembros diferentes, con funciones diferentes, pero siendo uno solo.

Así como las diferentes partes del cuerpo trabajan juntas y en armonía así debemos ser las mujeres que amamos a Dios, diferentes pero trabajando juntos. A veces como mujeres corremos el riesgo de compararnos a otros y envidiamos los talentos de otros. Sin embargo, Dios es quien nos hizo diferentes para que la vida fuese bella y a su vez armónica. ¿Te animas darle gracias a Dios por la manera en que te hizo y por las cualidades que te dio, en vez de compararte a otras?

¿Te animas a darle gracias a Dios por tus amigas que son tan diferentes y esto permite la variedad y el colorido para traer más belleza?

Nosotras no tenemos nada que ver en la elección de los dones pero sí tenemos que ver mucho en el uso que les damos. “Cuando descubrimos aquel don y lo usamos a pesar de las circunstancias, estaremos en paz”.

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