Cambiando los temores en fe

El temor sofoca nuestra capacidad de pensar y razonar y puede afectar nuestro comportamiento. El temor conduce a la indecisión. Nos da miedo hacer decisiones tanto para otros como para nosotros mismas. Tal indecisión crea constante ansiedad.

El temor disminuye nuestra capacidad para alcanzar logros en la vida.
Dejamos de intentar hacer cosas porque el temor nos frena. A medida que crece el temor crece nuestra improductibilidad.
El temor puede causar pánico, ataques de ansiedad y otros malestares emocionales y confusión interior.
Rara vez experimentemos la paz y el gozo, y nuestra relación con otros puede ser dañada. El temor también puede interferir en nuestra relación con Dios. Puede ser que nos sintamos molestas en Su Presencia, pensando que está enojado con nosotras por rendirnos a nuestros temores.

Deberíamos considerar las causas de nuestros temores.
A menudo el pecado es la causa mayor.
Cuando Dios creó a Adán y a Eva no había evidencias de temor en ellos ni en las bestias.
Habia una perfecta armonía y paz entre Dios y el hombre. Cuando Adán y Eva pecaron esa relación cambió.
No sólo el pecado es la causa de nuestros temores, sino también experiencias negativas en la niñez y la adolescencia pueden interferir en nuestras conductas.
Hay ciertas conductas negativas que han sido acumuladas, conductas de nuestras familias, al ir creciendo dentro del hogar. Una madre preocupada puede decirle a su niño “Hijito no andes cerca del agua porque puedes ahogarte” como resultado ese niño nunca aprende a nadar y crece sientiendo temor de andar alrededor de lagos, estanques o playas. Lo que para unos es disfrutable para otros es un riesgo peligroso.

Otros ejemplo es cuando los padres dicen: “¡No salgas a la oscuridad! Nunca sabes quien está allí”.
Esas personas crecen y llegan a adultos con una aprehensión anormal acerca de las horas nocturnas. Por tanto mantienen todas las luces prendidas y salen al patio lo hacen con mucho miedo.

Otra razón para tener miedo podría ser simplemente no conocer o no entender ciertas cosas.
Cuanto menos sabemos de algo, mayor es el temor.

A veces la fuente de nuestros temores es simple imaginación. Nos preocupamos y tememos acerca de cosas que podrían suceder.
Vivimos de temor en temor y las cosas quizás lo más probable es que nunca sucedan o rara vez se concreten. Podemos pasar años, o toda la vida controlados como por un vicio.
La Biblia en 2 Corintios 10:3-5 describe esta clase de temores irracionales como fortalezas espirituales a través de las cuales nuestro enemigo el diablo, busca esclavizarnos. Estas fortalezas de temor se establecen primero en la mente y la batalla debe ser llevada a cabo en un nivel espiritual.
El paso más simple y sin embargo más difícil para conquistar nuestros temores cualquiera sea su naturaleza y severidad es admitir primero nuestras ansiedades.
A veces pensamos que somos menos espirituales al permitirle a Dios y a otros saber de nuestros temores. Al menos de Dios jamás podremos escondernos.

David escribió varios Salmos cuando vivió en sombras de temor, escapando del rey Saúl.
Escucha lo que él escribió en el Salmo 56:3
“Cuando temo, yo en ti confío”; él admitió su temor y no ocultó su preocupación ante Dios. No es inútil esconder nuestros sentimientos ante un Dios Omnisciente.

Debemos ser honestas con Dios. Él no nos condena.
Entiende nuestros temores y simpatiza con nuestras debilidades. La clave para tratar con los temores es poner nuestra fe en la Persona de Jesucristo. El temor y la fe no pueden operar simultáneamente. La fe no opera sobre los sentimientos, mientras que el temor alimenta y medra sobre los sentimientos.
El temor mira hacia adentro y descubre inseguridad, la Fe mira hacia Dios y encuentra en Él un ancla para el alma.

¿Deseas volverte a Jesús en sincera oración para que te ayude con los temores?
Eleva una oración desde tu corazón a Dios para expresarle tu interés. No debes tener temor, Él está contigo dondequiera que vayas. Vive en ti a través del Espiritú Santo. No estás sola, no debes enfrentar sola tus temores, el omnisciente, Todo Poderoso y siempre presente Dios puede ser tu Dios a través de una fe personal en el perdón de Jesús para tus pecados.
Puedes tener una inseparable relación con el viviente y verdadero Dios que prometió nunca fallarte.
Dios te ayudará, te cuidará y sustentará. Irá contigo en cada paso del camino.
Puedes descansar en Él cuando lleguen los temores. Dios el padre nos dice una y otra vez “No temas”. Él entiende nuestros fracasos, la naturaleza humana y se comprometió a cuidarnos.

2 Comentarios

  1. silvia dice:

    me agrada esta leccion la trasmitire en el grupo bendiciones

  2. Virginia dice:

    Muy buèn artìculo me bendice y afirma en el Señor Jesucristo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.