Editorial Abril 2007

La inmigración
3 abril 2007
«Paz, cuán dulce paz»
10 abril 2007

Querida amiga e intercesora:
La pobreza. Para algunas de nosotras, será un tema familiar por el cual orar.
Para otros, es un asunto distante, extraño, aunque no para Dios. ¿Has notado en La Biblia, cuánto cuidado y amor muestra El por el pobre? Me gusta 2ª. Corintios 8:9: “…nuestro Señor Jesucristo, por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con Su pobreza fueseis enriquecidos”.

Ese es el grado de Su amor e identificación con nosotros. Jesús se hizo pobre para hacernos ricos: en fe, en gozo, en paz, en bendiciones.

Mientras les escribo hoy, recuerdo las palabras que les escribí hace tres años en una carta similar: “Habiendo crecido en Brasil, he visto de primera mano cómo la pobreza corroe las vidas de las personas. La pobreza es una plaga que afecta a más del 40 por ciento de la población del mundo. La pobreza es la madre de la ignorancia y de la enfermedad. Es el suelo propicio para engendrar el crimen y el rompimiento social, que generalmente conduce a la violencia doméstica. Es la fuerza más grande que impulsa a millones de mujeres y niñas al comercio sexual. La pobreza causa heridas invisibles y ruina psicológica.

Jesús dijo que “los pobres siempre estarán con ustedes”, y yo tristemente tengo que decir que la pobreza continúa teniendo un rostro femenino. De los 1.2 billones de personas viviendo con un dólar o menos por día, muchas son mujeres. Globalmente, la falta suficiente de acceso a la educación, al crédito, a la propiedad y a la herencia, sólo porque son mujeres.

La pobreza ha robado la esperanza a millones y se ha alojado en sus mentes y en sus almas. Ellas necesitan un gobierno responsable, nuevas habilidades, educación, cuidados de la salud…pero lo más importante de todo, NECESITAN UN SALVADOR!
Necesitan aprender lo que yo aprendí del ejemplo de mis pobres padres misioneros: la fe en Dios, el contentamiento, la ética del trabajo arduo, y la capacidad de vivir por encima de las circunstancias mirando a Jehová Jiré, que significa nuestro máximo proveedor y sustentador.
Roguemos a Dios que les rescate de este interminable círculo de pobreza, y les conduzca a una relación personal con Jesús. ¡Sus circunstancias quizás nunca cambien, pero ellas serán cambiadas! ¡Jesús las hará “ricas” con una vida de dignidad y gozo! Oremos para que la pobreza entre las mujeres se termine al encontrarse con Jesús como Salvador millones de ellas. ¡Oremos juntas! Esta es nuestra arma más poderosa en esta digna lucha por el alma de las mujeres.

Marli Spieker
Fundadora y defensora
de la mujer

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.