Rebeca

«Que Dios bendiga a las almas unidas»
3 mayo 2007
Que busca un hombre en su esposa
3 mayo 2007

Hace muchos años, nos dice el relato, un hombre buscaba una buena esposa para su hijo. ¿Qué cualidades pensaba él serían las más importantes que su hijo quisiera encontrar en su futura esposa? ¿Qué fuera bonita? ¿Qué tuviera mucho dinero? ¿Qué supiera cocinar bien? En las lecciones para el alma queremos compartir la historia de una mujer que fue elegida para ser la novia de un lindo y apuesto joven.

Esta es una fascinante historia de la Biblia acerca de un hombre a quien se le pidió que buscara una buena esposa para su señor. ¡Que tremenda responsabilidad! Es un relato que se encuentra en la Biblia en el libro de Génesis cap. 24. Como recordarás Abraham y Sara no tenían hijos y se habían puesto ancianos. Cuando Abraham tenía 100 y Sara 90 nació Isaac el hijo que Dios les había prometido 25 años antes.

Nos dice el relato bíblico que Sara murió a los 127 años en Hebrón y Abraham hizo duelo por ella allí. Isaac ya había crecido y era un hombre como de 40 años. Abraham su padre estaba anciano también es decir como de 140 años por lo cual un buen día llamó a su mayordomo que era el más anciano de sus siervos y le dio instrucciones en cuanto a su hijo conforme a las costumbres de la época. Le pidió: “Júrame por el nombre de Jehová, el Dios del Cielo y de la tierra que no dejarás que mi hijo se case con una muchacha de esta tierra. Para que esto no ocurra anda a mi tierra a casa de mi parentela y busca allí una esposa para él.

El sirviente le preguntó: “Supongamos que yo no pueda hallar una muchacha que quiera alejarse tanto de su hogar, ¿debo hacer que Isaac se vaya a vivir con tus parientes?¡No! le advirtió Abraham. Cuídate de no hacerlo bajo ninguna circunstancia. Porque Jehová Dios del cielo me dijo que dejara mi tierra y mi parentela y prometió darme esta tierra como propiedad para mi y mis descendientes”. Podemos destacar aquí la completa confianza de Abraham en Dios y él añade: “El enviará a Su ángel delante de ti y hará que encuentres allí una doncella que sea la esposa de mi hijo. Pero si no lo logras, quedas libre de tu juramento. Pero bajo ninguna circunstancia llevarás a mi hijo para allá”.

El sirviente se preparó para el largo viaje: Tomó 10 camellos cargados con muestras de las mejores cosas que su amo Abraham tenía y se puso en marcha hacia el pueblo de Nacor. Podemos ver que este sirviente era un hombre digno de confianza a quien se le encargó tan delicada tarea. Nos dice el relato que luego del largo viaje llegó al lugar donde hizo que los camellos se arrodillaran junto a un manantial de las afueras. Era la hora de la puesta del sol, cuando las mujeres subían a buscar agua.

Este hombre hizo algo muy importante allí. Oró a Dios en una forma específica y directa. El se expresó así: “Oh Jehová, Dios de mi amo, se misericordioso con mi amo y ayúdame a cumplir el propósito de mi viaje. Mira, aquí estoy junto al manantial y las muchachas del pueblo están viniendo a sacar agua. Esto te pido mi Dios, cuando yo le diga a una de ellas que me dé de beber y ella responda: “Si, con mucho gusto y también abrevaré tus camellos” que ella sea la que tu has escogido para que sea la esposa de Isaac. De esta manera yo podré saberlo. El sirviente estaba diciendo una oración bien específica y tenía fe que Dios haría que esto suceda con la mujer correcta.

¿Haz hecho alguna vez una oración bien específica sobre algo que necesitabas que ocurriera en tu vida?. Este sirviente de Abraham todavía estaba conversando con Dios del asunto por el cual hizo el viaje cuando en ese momento una hermosa muchacha llamada Rebeca se acercó al pozo y llenó su cántaro de agua. El corrió hacia ella y le rogó que le diera de beber. “Con mucho gusto, señor, dijo ella y con prontitud inclinó el cántaro para que él pudiera beber. Luego la muchacha añadió, también sacaré agua para tus camellos hasta que se hayan saciado”. Tremenda tarea, dar de beber a 10 camellos!. Después de un viaje tan largo, ellos estarían muy sedientos y habrán tomado mucho agua!.

Ella era, no tan solamente hermosa y virgen, sino muy dispuesta y trabajadora y muy atenta para ayudar a un viajero de lejanas tierras. El sirviente la observó en silencio consideró si ella sería la indicada. El decidió que en verdad ella era, porque cuando finalizó de darle agua a los camellos, el mayordomo sacó un pendiente de oro y dos brazaletes y se los dio. ¡Rebeca se habrá sorprendido!. El le preguntó, ¿de quien eres hija?. ¿Habrá lugar en casa de tu padre para que todos nosotros pasemos allí la noche?. El descubrió para su deleite que el padre de la joven era el hijo del hermano de Abraham. Y ella afirmó “En nuestra casa tenemos abundante paja y comida para los camellos y una pieza para huéspedes. Rebeca demostró también ser una persona amable y hospitalaria.

El mayordomo entonces inclinó su cabeza y se quedó de pie unos momentos adorando a Jehová. El dijo, “Gracias Dios de mi amo Abraham, por haber sido tan bueno y leal con él y por haberme guiado directamente a los familiares de mi amo”. El sirviente entró en la vivienda y le explicó su misión y para que había ido y como Dios lo había guiado. Entonces Labán y Betuel le respondieron: “Es evidente que Jehová te ha traído hasta aquí ¿qué podemos decir? Que sea ella la esposa del hijo de tu amo como Dios lo ha dispuesto. Pero queremos que Rebeca se quede con nosotros unos diez días más, pidió la mamá y el hermano. Pero el sirviente no quería tardarse en concluir con su misión por tanto llamando a Rebeca le preguntaron si estaba dispuesta para irse ya y ella les respondió. ¡Si me voy con él!.

¡Que decisión tremenda había hecho y cuánta fe demostraba en Dios aceptando esto como lo correcto. Entonces el mayordomo de Abraham cayó de rodillas delante de Jehová Dios en agradecimiento y adoración. Enseguida sacó joyas, regalos y vestidos hermosos para Rebeca. También hizo regalos a la familia de ella. Luego el relato nos dice que cenaron todos juntos y descansaron durante la noche para luego emprender el largo viaje de regreso a la siguiente mañana.
Rebeca preparó sus cosas y le dieron como compañera a la mujer que había sido su nodriza en la niñez y la despidieron con esta bendición: “Hermana nuestra, que seas madre de millones de hijos y que tu descendencia doblegue a todos tus enemigos”. Entonces Rebeca y sus siervas subieron a los camellos y se fueron con él”

El final feliz de esta historia dice así: “Mientras tanto Isaac, cuyo hogar estaba en el Neguev, una tarde paseándose por el campo, levantó la vista y vio la caravana que se acercaba. Rebeca lo vio también y bajando prontamente del camello le preguntó al mayordomo: ¿Quién es ese hombre que se dirige hacia nosotros a través del campo?. Y él respondió, “Es el hijo de mi amo”. Rebeca modestamente tomó el velo que llevaba y se cubrió el rostro para ir al encuentro de Isaac. Nos dice el relato que el mayordomo le contó todo lo ocurrido a Isaac y como Dios le había prosperado en la misión que fue a cumplir. Isaac llevó a Rebeca a la tienda de su madre y la tomó por esposa. El la amó mucho y ella le sirvió de especial consuelo por la muerte de su madre.

Querida amiga, encontrar un buen esposo o una buena esposa no es tarea nada fácil. Este sirviente de Abraham tuvo que viajar lejos, pensar mucho en el tipo de mujer que debería escoger para su amo. Pero lo que más se destaca es que él buscó la dirección y sabiduría de Dios para elegir bien. Y Dios le guió a la mujer correcta, hermosa, virgen, trabajadora, hospitalaria, amable, fiel a Dios, modesta y humilde de corazón. Fue una mujer a la que Isaac amó. Cada día debemos hacer elecciones en la vida, pidámosle a Dios que nos de sabiduría e inteligencia para elegir correctamente y así tener paz interior.

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