«Tu verdadero rostro»

No olvides que tu rostro está destinado a los demás,
que los demás deben mirarlo y que nada hay más deplorable y desalentador que encontrar durante horas y días un rostro feo y poco simpático.

Tu rostro es
bastante más que una bella fachada,
más que una insignia,
más que una tarjeta de visita.
Cuídalo no sólo para ti mismo,
para admirarte en el espejo,
sino, sobre todo,
para los demás.

Cuídalo especialmente desde el interior.
Pon “luz” y “alegría” en tus ojos.

Deja que la boca sonría.
Vuelve amable tu rostro
limpiando a fondo tu corazón.
Límpialo de las preocupaciones y críticas
que se refieren
a cosas ajenas a tu felicidad.

No rumies tus enfados cotidianos.

Muestra tu rostro mejor,
el más amable, el más bello
y los demás no tendrán trabajo
en quererte.

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