Adoptada por Dios

Una señora nos escribió contándonos acerca de su experiencia de ser madre. Ella dice lo siguiente: “Hoy es el cumpleaños de mi hija. Nunca olvidaré el día en que mi hija fue puesta entre mis brazos. Fue uno de esos días más importantes de mi vida. Era tan pequeña y frágil, realmente la más hermosa beba que había visto. Cuando la vi, la amé. Sus ojos brillaban como estrellas y su sonrisa era como el sol cuando brilla. Ser madre cambió mi vida completamente.

Tenía a alguien que me necesitaba y dependía de mí para todo, para la comida, el consuelo, la seguridad, la guía y el compañerismo. Ha sido y es una gran responsabilidad. ¡Cuántas cosas he aprendido siendo madre!, viendo las necesidades de mi hija. He aprendido sabiduría de modo que pudiera cuidarla y enseñarle correctamente. Ha llegado a ser parte de mi, sus llantos penetran profundo en mi corazón, sus risas colorean un día con gozo y cariño.

Cuando se enferma, me pongo en alerta para consolarla y hacer todo lo posible para que esté bien. De hecho estuvo muchas veces enferma y la he tenido en mis brazos cuidando con cariño su frágil cuerpo. No tengo que esforzarme para sentir amor por ella, todo eso fluye naturalmente de mi. Es mi hija, es parte de mi vida y haría todo por ella.

He sido madre por quince años y a través de todos ellos he enseñado a mi hija muchas cosas. Por ejemplo lo que es el bien y el mal, como cuidarse a si misma, buenos modales, las tareas del hogar y acerca del amor de Dios por ella.

Mi hija me enseñó a mi muchas cosas. Me enseñó a ser valiente porque ella es audaz. Me enseñó a ser paciente porque ella es de voluntad muy firme. Me enseñó a reír porque soy muy seria y tantas cosas más. Aprendimos la una de la otra y a medida que pasan los años hemos aprendido a compartir juntas cosas importantes. ¿Por qué crees que quise tener una hija?. ¿Supones que la quería para que me haga las tareas del hogar y sea mi sirvienta?. ¡No!. ¿O crees que la quería para que fuera como un robot he hiciera todo perfecto?. ¡No!. O quizás pienses que la quería para que cuidara de mi más adelante. ¡No!, yo la quería para tener una relación con ella. Compañerismo. Para conocerla de una manera especial. Par vivir y disfrutar experiencias juntas. Para compartir la vida y el amor.

No fue por accidente que llegué a ser su madre. Les cuento que mi matriz o mi útero fue dañado y no podría tener una hija físicamente. Yo llegué a ser madre adoptando a esta niña. Es la única manera en que pude llegar a serlo. Sabes, así como yo adopté a mi preciosa hija, Dios me adoptó a mi por hija suya.”

Que expresiones tan significativas acerca de la maternidad, agradecemos a esta amiga que nos contó su historia. ¡Es realmente emocionante de verdad!

Saben, la historia de esta señora y madre me recuerda lo que dice la Biblia en Efesios 1:4 y 5. Que Dios planeó en Su propósito de amor que seríamos adoptados como Sus propios hijos, a través de Jesucristo. Es a través de Cristo, al precio de su propia sangre, que somos salvados de ser un fracaso y somos plenamente perdonados. Dios nos amó tanto que quiso adoptarnos como sus hijos. No como esclavos ni para castigarnos. La Biblia dice que sencillamente El quería darnos Su amor. Pero a causa de nuestros pecados y de los errores que hemos cometido no teníamos una relación con El. Sin embargo, Su amor por nosotros fue tan grande que envió a Su propio hijo Jesús a la tierra a morir por nuestros pecados. La sangre de Cristo nos limpia de los pecados y restaura nuestra relación con El. Somos adoptados por El como hijos.

Sabes, nuestros pecados son perdonados no por lo que hacemos sino porque creemos. La Biblia dice, “Si creemos que Jesús es el Hijo de Dios y creemos en nuestro corazón que Dios le levantó de los muertos, seremos salvos. (Rom.10:9). ¿De qué somos salvos?, quizás te preguntes. Somos salvas de ser o estar sin hogar, huérfanas y separadas de Dios por siempre.

Es la manera de ser parte de la familia de Dios. El es nuestro padre. El quiere adoptarnos como sus hijos. Quiere enseñarnos cosas y darnos su amor y consolarnos así como nosotros hacemos con nuestros hijos. Así como el amor de Dios nunca cambia por nosotros así deberíamos ser nosotras con nuestros hijos. Siempre serán nuestros hijos y siempre debemos amarlos.

La madre que nos contó su historia nos dijo que no fue madre por accidente, ella cree que Dios así lo planeó todo para su vida. No pudo formar a su hija dentro de ella pero otra mujer lo hizo y ella la disfruta.

Para Dios nada es imposible y El hace las cosas a su manera. Este matrimonio está muy feliz de poder criar a esta hija que también se siente feliz al tener padre y madre que eligieron amarla.

¿Hizo algo especial esta hija para ser parte de una familia?. ¿Algo como pagar dinero o dar un regalo o hacer un sacrificio?. Nada de eso. Así es Dios con nosotros. No tenemos que pagarle ni hacer sacrificios para ser parte de su familia. La Biblia dice que de tal manera amó Dios a cada uno de nosotras que dio a Su Hijo Jesús para que todo aquel que en El crea tenga vida eterna con Dios.

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