De lo amargo a lo dulce

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Creo que estarás de acuerdo conmigo que en nuestras vidas diarias suceden cosas buenas y malas, amargas y dulces. ¿Qué haces tú frente a cada una de ellas? ¿Cómo escoges enfrentar las experiencias amargas y dolorosas que te llegan?

Una amiga nos contó acerca de una situación difícil en su familia. Nos escribió así: “A mi hermana menor le diagnosticaron diabetes. El doctor le recetó una medicina para evitar que la diabetes dañara demasiado su cuerpo. Esperamos que le ayude. Esta enfermedad afectó también a mi madre y a mi abuela. Mi médico me pidió que hiciera cambios en mi dieta, que realizara más ejercicios porque yo también podría desarrollarla. Esta advertencia me trajo mucha preocupación, pues yo sabía muy bien por todo lo que había pasado mi madre con la enfermedad. Esta noticia que al principio me trajo amargura, al fin me resultó para bien. Decidí comer lo más sano posible, muchas frutas y vegetales ya que antes no me atraía comer verduritas. Como me aconsejó el doctor salgo a caminar casi todos los días al volver del trabajo y ya he bajado de peso. Debido a estos cambios drásticos en mi vida mi salud ha mejorado. Esta situación que al principio me amargó y preocupo, terminó siendo favorable, me veo mejor y mi autoestima se elevó.”

Al leer lo que nos escribió esta amiga vino a mi mente la historia de la vida de Noemí. Una mujer cuya historia de vida se encuentra relatada en la Biblia y de la cual ya hemos hablado algo en otro programa anterior. Noemí vivió una prueba muy amarga que afectó también la vida de otra mujer. Vivió hace ya más de 2000 años pero su experiencia devastadora y la manera cómo la enfrentó puede servirnos a nosotras como ejemplo. Puedes leer la historia completa en tu Biblia en el libro de Rut.

Noemí, su esposo y dos hijos salieron de su país debido a una gran hambre y fueron a un país extranjero. Al poco tiempo de haber llegado allí el esposo de Noemí falleció.

Tiempo después los dos hijos se casaron con mujeres del lugar. Pasando unos 10 años ambos jóvenes fallecieron y el corazón de Noemí se entristeció nuevamente. En su terrible dolor, en la condición de mujer viuda y pobre decidió regresar a su país. El sufrimiento se agudizó al ver que las dos jóvenes nueras también quedaban solas y desamparadas.

Orfa y Rut se prepararon para partir con Noemí, más ella las aconsejó quedarse en casa de sus padres con la posibilidad de volverse a casar en algún futuro cercano. Ambas lloraron por esta propuesta pues amaban a su suegra y no querían dejarla sola. Noemí insistió que sería lo mejor para ellas, ya que eran aún tan jóvenes y ella una pobre anciana. Ella les dijo: “La mano del Señor ha salido contra mi” Esta mujer estaba experimentando dolor y resentimiento, aunque sabía que su Dios estaba en control de su vida.

Orfa besó a Noemí y escogió regresar con su gente y familia, más Rut se quedó con su suegra. Aunque Noemí le habló otra vez para que se quedara ella rehusó hacerlo y dijo:

“No me ruegues que te deje, y me aparte de ti, porque a donde quiera que tú fueres yo iré, y donde quiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios , mi Dios, donde tú murieres moriré yo y allí seré sepultada- que nada nos separe.

¡Qué hermoso cuadro de lealtad y amor! Juntas retornaron al lugar de origen de Noemí para enfrentar un futuro desconocido. Ni se imaginaban que pronto Dios les daría gozo en vez de tristeza.

Después de volver al país, Noemí expresó sus amargos sentimientos a sus antiguas amigas. “Yo me fui llena, pero Dios me ha vuelto con las manos vacías…” el Todopoderoso me ha hecho la vida muy amarga para mi” Sin embargo el Dios de la Biblia, el Dios de Noemí, estaba en control de todo y estaba preparando sus perfectos planes para estas dos mujeres y sus futuros.

Rut conoció allí a Booz, un pariente cercano del esposo de Noemí. Era un hombre rico, dueño de campos y de sembrados de trigo. Rut, como viuda y sin recursos podía entrar a espigar en sus campos. Una ley protegía a los necesitados para que pudieran entrar y recoger los granos que quedaban tirados en los campos de cosecha. Dios la condijo a los campos de Booz y Rut encontró favor en él quien le dijo: “He sabido todo lo que has hecho con tu suegra después de la muerte de tu marido, y que dejando a tu padre y a tu madre y la tierra donde naciste, has venido a un pueblo que no conociste antes. El Señor recompense tu obra y tu remuneración sea cumplida de parte del Señor Dios, bajo cuyas alas has venido a refugiarte”

Rut le agradeció por darle ánimo y por hablarle con amabilidad. Booz le proveyó aún una cantidad extra de grano para que lleve a Noemí. Cuando Rut regresó al hogar, contó a su suegra todo lo acaecido. El espíritu de Noemí revivió, cuando se dio cuenta que Dios había provisto para ambas a través de Booz.

Noemí quería seguridad para su nuera, por tanto la instruyó como relacionarse con Booz, como el pariente más cercano con quién se casaría.

Así se casaron y Rut encontró seguridad y protección en Booz.

La amargura de Noemí se transformó en dulzura…Se regocijó cómo Dios había provisto para ambas. Cuando les nació un hijo, el gozo de Noemí fue restaurado completamente. El nieto de Noemí llegó a ser el abuelo del Rey David quien sería un antecesor del Mesías, Jesucristo.

La Biblia nos enseña que en esta vida tendremos pruebas y dolores, que tendremos sufrimientos. ¡ te sientes triste y amargada por alguna circunstancia que no comprendes?

El Dios de la Biblia, nos dice en su Santa Palabra que podemos encontrar consuelo y fortaleza para vivir…y para morir a través de Su Hijo Jesucristo. Las cosas amargas de nuestra vida se pueden tornar dulces. ¿Conoces al Señor y Dios del cual nos habla la Biblia? Sólo con la ayuda de Dios nuestras circunstancias difíciles podrán cobrar significado para nuestras vidas. Es tiempo que levantes tus ojos de los problemas y los pongas en Dios. El es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Comienza a confiar en el Señor, El te ama y tiene un plan para tu vida.

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