Alimentos y emociones…

Comer nunca se ha limitado ni se limitará al simple hecho de satisfacer la sensación física de hambre. No comemos únicamente para que no nos suenen las tripas, sino también por el placer de comer y para controlar nuestras emociones.

Apartir del momento en que un padre da a su hijo una galleta o un caramelo para consolarlo y que se tranquilice, la comida se transforma en algo emotivo y no sólo físico. Desde la más tierna infancia, la comida se utiliza para celebrar algo, calmarse, aliviar el aburrimiento o la depresión y consolarse en momentos de tristeza o angustia. Este tipo de compor-tamiento está muy difundido. Aceptar un trozo de tarta de cumpleaños porque rechazarlo sería antisocial, premiarse con un poco de chocolate o algunas galletas al concluir una ardua tarea, o ir a beber una cerveza o una copa de vino cuando hacemos vida social son prácticas de la vida cotidiana.
El problema surge cuando el hábito de comer por un impulso emotivo impide llevar una alimentación sana y deriva en un aumento de peso incontrolado.

Muchos expertos en dietética reconocen que para solucionar los problemas de sobrepeso de la inmensa mayoría de la gente no basta con elaborar dietas de 1.500 calorías diarias y tablas de ejercicios; están introduciendo técnicas de modificación del comportamiento en los métodos para reducir y mantener el peso.

El primer paso para empezar a recuperarse consiste en darse cuenta de cuándo comemos movidos por un impulso emotivo. Las siguientes preguntas y sugerencias pueden ayudar a encontrar una solución al aumento de peso provocado por esta forma de comer.

¿Suele comer cuando no tiene hambre?

Anote a diario lo que toma para saber exactamente qué, cuánto y cuándo come y qué condiciones emocionales o qué tipo de situación han desencadenado sus ansias de comer. Ser consciente de los motivos puede ayudarle a hacerles frente. Si está disgustado por alguna razón, averigüe cuál es y trate de abordarla directamente. Si está triste, siéntese, escriba por qué lo está e intente imaginar qué le haría sentir mejor sin recurrir a la comida.

¿Hay algún alimento en particular que se le antoje siempre?

La próxima vez que note ese deseo acuciante, sea consciente de lo que le está sucediendo y tenga la certeza de que si consigue resistir, se le pasarán las ganas. Elabore una lista de actividades que distraigan su atención y le ayuden a superar ese momento. Llame a un amigo, salga a dar un paseo, dése un baño o prepárese alguna bebida caliente.

¿Suele comer porque está deprimido y piensa que nunca podrá estar a la altura de la imagen perfecta que los medios de comunicación divulgan?

Modifique sus metas: empiece a alimentarse correctamente y a hacer ejercicio con regularidad, no para parecerse a un o una modelo, sino para estar en forma y esbelto y sentirse a gusto consigo mismo.
Cuando se trata de perder peso y conseguir mantenerse, el mero hecho de combinar pautas de nutrición por claras y sencillas que sean con consejos prácticos sobre la actividad física adecuada, en muchos casos no resulta suficiente. Descubrir las razones por las que se come en exceso, hacerles frente y encontrar una estrategia práctica para modificarlas contribuirá sobremanera a que pierda los kilos que se haya fijado como meta.

Fuente: www.alimenta.com.uy

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