Editorial Abril 2012

Querida intercesora:
Leyendo el enfoque de la oración para este mes, fui transportada a un lugar distante en África, caminando un
estrecho sendero para reunirnos con unas 30 mujeres que nos estaban esperando. Eran oyentes e intercesoras
de Mujeres de Esperanza. Mi deseo es que hubieras podido ver sus tímidas sonrisas y sus brazos abiertos.
¡Traté de esconder mis lágrimas al ver el dolor disimulado por la esperanza!
Las ministramos a ellas y luego, ellas, nos ministraron a nosotras contándonos sus historias. Radiantes de
genuino gozo, nos hablaron acerca de los programas y oraciones de Proyecto Ana y cómo aprendieron a
confiar en Dios. Nos compartieron cómo fueron ayudadas a vivir, mientras, literalmente, están caminando
por el valle de sombras y de muerte, pero sin temor, porque Dios está con ellas. Varias son portadoras de
VIH positivo.
Yo pude ver de primera mano cómo “el trabajo” que hacemos orando, literalmente cambió el dolor y la
desesperación por la esperanza y el gozo de Dios. Nuestras oraciones conmueven el corazón de Dios. Su
brazo se mueve a favor de estas mujeres y toda la perspectiva de sus vidas es cambiada, aún cuando sus
cuerpos están decayendo. Es un milagro que sólo Él puede lograr. En respuesta a nuestros pedidos, destinos
eternos están siendo cambiados.
Mi amiga, es un gozo pensar que tu ministerio de oración hace una diferencia que perdura en la calidad
de vida de muchas mujeres. Ellas son una prueba viviente de lo que el evangelio de Jesús puede hacer en
una persona con VIH-positivo sentenciada a morir. Debemos orar para que la luz del evangelio brille con
esplendor donde hay mucha oscuridad – en las villas y ciudades grandes, ya sea a través de las ondas de la
radio, Internet y toda clase de medios de comunicación. Pueda, el mensaje transformador del amor de Dios,
causar una diferencia eterna en las vidas de aquellas que sufren esta enfermedad mortal.
Ora por aquellos que trabajan con víctimas del SIDA, ya sea, estando presentes en los lugares o a través de la
radio. Ora para que sean animados, sabiendo que, la Palabra de Dios, nunca vuelve vacía.
Gracias por unirte a mi en confiar plenamente en el todopoderoso y misericordioso Dios, para quien nada es
imposible.
Marli Spieker
Directora-Fundadora del Ministerio Global,
Proyecto Ana

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