El Fruto del Espíritu Santo

Frutos secados al sol
5 noviembre 2012
6 de Noviembre
6 noviembre 2012

Dios creó la naturaleza con el  potencial de producir deliciosos y variados frutos. ¡Son tan sabrosos y nutritivos! Realmente, disfruto cuán generosos son los árboles produciendo ricos frutos para nosotros.

Y aún después del proceso de secado al sol, los diferentes frutos conservan sus propiedades en vitaminas y minerales. ¡Eso es maravilloso! Hoy quiero hablarte acerca de un “fruto” muy especial y diferente a los que acostumbras comer  cada día o de vez en cuando. Este fruto diferente y especial se encuentra mencionado en la Biblia, la Palabra de Dios. También contiene muchas propiedades y puede producir una vida sana, fuerte y satisfactoria. Me refiero al fruto del Espíritu Santo. Antes de decirte dónde lo puedes leer permíteme contarte una linda experiencia que viví con mi vecina, hace años, cuando mis hijos eran pequeños aún.

Una mañana, estaba muy ocupada realizando las tareas propias del hogar, corriendo de aquí para allá, vigilando a su vez a los niños en el patio. Debía ordenar todo pues esperábamos a alguien parala cena. Ruth, mi vecina, golpeó ala puerta. Alabrir me comentó: “Espero que te gusten las fresas, he cosechado más de lo que necesito para mi uso. ¡No quiero que se echen a perder!”  “Oh, muchas gracias” le dije mientras tomaba la bandeja con las fresas maduras, “es  mi fruta preferida y además espero visitas para cenar; haré un rico pastel de frutillas para servir de postre”. “Cuánto me alegro que las puedas aprovechar” contestó Ruth con una sonrisa amable. Compartí algunas con mis niños y con el resto preparé un pastel delicioso que pude servir como postre luego dela cena. Pensépara mi, “Dios mandó a Ruth justo cuando la necesitaba y ella ha sido tan amable!” Meditando en todo lo que hizo Ruth, vino a mi mente lo que había leído del fruto del Espíritu enla Biblia. Cuandouna persona entrega su vida a Jesucristo, el Espíritu Santo viene a morar en su vida interior y produce buenos frutos en la vida de esa persona. Yo pensé: “Ruth tiene el fruto del Espíritu Santo en su vida, ella acaba de demostrármelo. Fue muy amable al compartir conmigo sus fresas.”

Escucha como dice la Biblia: (Gálatas 5:22 y 23) “El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, y dominio propio. Contra tales cosas no hay ley.” ¡Qué propiedades maravillosas contiene este fruto del Espíritu! ¿Lo conoces, amiga?

Mi amiga Ruth es esa clase de persona, a través de la cual puedes ver manifestarse el Fruto del Espíritu. Ella muestra su amor a través de esos actos que parecen pequeños como el compartir las fresas que ella misma cultivó y cosechó. Recuerdo cuando en otra oportunidad cuidó de los niños mientras fui al doctor. Y las veces que me alcanzó una comida preparada sabiendo que yo estaba en cama enferma. Siempre parece estar llena de gozo aunque en realidad enfrenta duras cosas en su vida. Piensa en los demás y cómo poder darles una alegría. Me ha traído rosas de su rosal y un día llegó con dos o tres naranjas y me dijo… “son las primeras que coseché este año y quiero que sean para ti” Es una persona llena del Espíritu de Dios y su vida una inspiración para mí. ¡Doy gracias a Dios por ella!

¿Quién es el Espíritu Santo? Es el Espíritu de Dios que quiere morar en la vida de aquellos que creen en Jesús como Su Salvador personal. Y es el Espíritu Santo que produce en nosotros ese maravilloso fruto de amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio. ¿Has recibido ya a Jesús en tu vida? ¿De todas estas características que hemos nombrado, cual te falta cultivar? Pídele a Dios que te ayude a crecer en  la que aún te falta así tendrás para ti y para compartir con quienes te rodean. Permite que el Fruto del Espíritu de Dios crezca y se desarrolle en ti. Demuéstralo cada día de alguna manera a quienes te rodean

Hemos aprendido que el Espíritu de Dios nos hace personas amables y compasivas si se lo permitimos. Así era Daniel desde muy jovencito.

“Era un frío día de invierno, nublado y triste. Daniel, sacó sus guantes del bolso y se los puso. Al ver la punta de sus dedos asomando pensó, “qué gastados están” Pero no era el frío ni los guantes gastados lo que le preocupaban. Estaba contento y excitado porque al otro día sería el cumpleaños de su mamá y por primera vez tenía un regalo preparado para ella. ¡Mi mamita! ¡Qué buena que es! Ella siempre prepara una rica torta con velitas para cada uno de nosotros, pero… para ella nunca hay nada. Así era ella, siempre pensando en los demás, olvidándose de si misma. ¡Pero esta vez, -dijo Daniel, -yo me ocuparé de su cumpleaños! Daniel encargó al panadero que le hiciera un rico postre con un cartel que dijera: ¡Feliz cumpleaños, mamá! Todo por cincuenta pesos… pero ¡cómo le había costado ganarlos! Los llevaba bien apretados en su bolsillo e iba a buscarla torta. Sesentía tan contento de poder darle esa sorpresa a su querida mamita y desde ya se sentía emocionado por eso. Al avanzar por la calle vio a su amigo Tomás, el vendedor de diarios con su rostro muy triste. ¡Pobre Tomás, qué le estará pasando? -¿Qué te pasa Tomás?- le preguntó sorprendido. –Mi mamá está muy enferma- ¿La ha visto el médico? _ Sí, contestó Tomás, pero le recetó una medicina que es muy cara y me faltan 50 pesos para comprárselos. No pude vender muchos diarios y no me alcanza mi dinero.

-¡Cincuenta pesos! – Es lo que tengo en mi bolsillo… Pensó Daniel. Pero- eran para su mamá que por primera vez tendría un pastel de cumpleaños… Tomás siguió su camino, con la cabeza gacha y con mucha tristeza. Daniel se sintió que estaba en una encrucijada. ¿Qué debo hacer? Se preguntó. ¿Y si la enferma hubiera sido mi mamá? ¿Si me faltaran 50 pesos para comprarle la medicina y nadie me los diera?…

Daniel corrió tras su amigo y le entregó los 50 pesos. –Anda, rápido y cómprale la medicina y que tu mamá se mejore pronto. Daniel tuvo que correr a la panadería y anular el pedido del postre.  Con paso lento caminó a su casa – ya no tendría la sorpresa para su mamá. Lentamente comenzó a quitarse los viejos guantes, cuando escuchó la voz de su mamá que le decía: “Deja de acariciar esos guantes gastados y toma estos nuevos que acabo de tejer para ti.” Daniel tenía un nudo en su garganta, no podía hablar. Su mamá nuevamente le hacía un regalo y él no tenía nada para ella. Con tristeza en su rostro quedó mirándola sin pronunciar palabra. Su mamá le preguntó-¿”Qué pasa, Daniel? ¿No te gustan los guantes?

Daniel no pudo soportar más y le contó todo y añadió: “¡Yo quería tanto que tuvieras una torta de cumpleaños!” Abrazó fuerte a su mamá por un momento largo.  La mamá conmovida le dijo: “Hijo mío querido, me haces muy feliz, tu actitud es el regalo más hermoso.” Vamos, qué te parece si hacemos juntos una torta de cumpleaños para mí. Me ayudas a batirla y luego de horneada tú la decoras y le pones las velitas.”

Amiga, no te canses de hacer el bien. Cultiva el fruto del Espíritu de Dios en tu vida cada día.

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