Tratamiento para el dolor de espalda

¿Has tenido un fuerte dolor de espalda? ¿Supiste cómo aliviarlo? A menudo nos ponemos peor porque no sabemos qué hacer. Quédate con nosotras, hablaremos cómo cuidar de nuestras espaldas cuando sentimos mucho dolor.

¿Quién de nosotras no ha tenido un fuerte dolor de espalda? Queremos contarte de Jenny y su problema de salud. Le dolía mucho su espalda…

 “Jenny se despertó temprano en la mañana y se estiró en su cama. Se sentía tensa y con dolor en una pierna. Recordó que el día anterior había llevado una pesada carga hasta su casa. Vivía en las afueras de la ciudad y recordó que mientras iba cruzando el arroyo tropezó con una piedra y casi se cae al agua. Eso habría sido muy desagradable pues debía cubrir una larga caminata. Ella se sacudió toda para sostener el equilibrio y sintió un tirón en su espalda. Durante la noche el dolor se puso peor y al despertar esa mañana,  sentía que se proyectaba hasta su cadera y muslo y le bajaba por la pierna también.

Justo en ese momento su bebé comenzó a llorar por su comida. Tenía unos 3 meses. Cuando Jenny trató de levantarse se dio cuenta que no sólo estaba rígida y cansada de la caminata sino que  apenas podía salir de la cama. Su espalda dolía mucho y no podía enderezarse. Lentamente y dolorida usó sus manos y una silla para ayudar a ponerse en pie. Caminó por el dormitorio arrastrando su pie. Cuando se inclinó para levantar al bebé que lloraba, sintió como que un cuchillo se le clavaba en la espalda. El dolor que se le proyectaba por la pierna parecía como que le estaban echando agua hirviendo. Se la miró y todo parecía estar bien pero ella no se sentía bien en absoluto.

Jenny se sintió asustada y preocupada. Trató de levantar a su bebé pero otra vez el dolor en la pierna. Comenzó a transpirar. Luego de varios intentos logró levantar y sostener a su hijo en brazos. Lo puso al pecho para alimentarlo, pero tenía tanto dolor que no pudo sostenerlo adecuadamente ni alimentarlo bien.

¡Cómo deseaba que alguien viniera a ayudarla! Su esposo estaba lejos en la ciudad haciendo su trabajo de camionero y aún no regresaría por dos semanas. Se puso preocupada y se sintió sola. ¿Qué podría hacer?

Repentinamente recordó algo que aprendió de niña acerca de Jesús. Ella aprendió que Jesús era Todopoderoso y que era Hijo de Dios. Le enseñaron que Jesús la amaba y escuchaba sus oraciones y sus llantos de aflicción. Pero ella no creía en eso que le habían enseñado. Ella se decía; no lo puedo ver, no lo puedo escuchar; por qué he de creer que va a escuchar mi llanto. Pero en ese momento ella sintió como que Jesús sería su única esperanza y salida a su aflicción. De una manera espontánea elevó una oración diciendo lo siguiente: “Jesús, Jesús, por favor ayúdame.” No sabía si esa era la manera correcta de hablarle o si Él entendería su idioma, así que intentó otra vez decírselo en la manera que hablaban en ese pueblo más allá del río.  Jenny estaba curiosa por saber si Jesús haría algo y cómo lo haría. ¿Caería del cielo o entraría por la puerta? Se preguntaba por qué le había venido a la mente ese nombre del cual había escuchado siendo una niña. Esperó… pero ahora sentía como que tenía una pequeña esperanza.

Un poco más tarde, escuchó pasos fuera de su casa. Frente a la puerta estaba su amiga Narita. Al abrirle, Narita preguntó a Jenny con preocupación si algo malo le estaba sucediendo por la cara de angustia que tenía. Jenny contó a su amiga acerca del terrible dolor de espalda que le aquejaba.

Narita entonces se ofreció cuidar del bebé mientras ella podría dormir unas horas hasta la próxima vez en que debería darle pecho al niño. Le aconsejó que comiera algo, se tomara un calmante y que usara una almohadita caliente en su espalda para aliviar el dolor.

Jenny hizo como su amiga le aconsejó: comió algo, tomó un calmante des – inflamatorio y se durmió fuerte. ¡Cuánto lo necesitaba y qué bien le hizo! Estaba muy agradecida a su amiga. Narita le dijo: “Ahora trata de distenderte- Si estás tensa y preocupada, eso hace que los músculos estén estresados  y te produzcan más dolor.”

Su amiga le contó que a la clínica del pueblo había venido una nueva profesional. Era una fisioterapista, especializada en lo que ella justamente estaba necesitando y que era muy buena en el trabajo como masajista. Le contó cómo había atendido a su hermana que estaba con un dolor en la pierna igual que Jenny. El tratamiento que le hizo aliviar el dolor  fue en la parte baja de la columna a lo que llamamos las lumbares.  Ella le había dicho que todo el dolor en las piernas provenía de su dolor de espalda. Que había un nervio que estaba apretado entre las vértebras y entre alguno de los músculos también. La fisioterapeuta manipuló suavemente los huesos de la columna y de la cadera para ayudarles a volver a su debido lugar. También le recetó realizar algunos ejercicios cuando el dolor fuera desapareciendo.

Jenny escuchaba con mucho interés… “¿Piensas que yo podría ir a verla? Realmente quisiera sentirme mejor lo más pronto posible”

Entonces Jenny dijo: “Le pedí a Jesús que me enviara una ayuda y Él me envió a Narita. Yo quisiera saber más acerca de esa mujer fisioterapeuta, que pudiera ayudarme con mi espalda y quisiera saber más acerca de ese Jesús que escucha a las personas aún sin poder verlo.” De alguna manera su dolor de espalda se fue aliviando. Ella reconoció que Jesús estuvo allí para ayudarla a resolver su problema y estaba muy agradecida.

Jenny decidió que debía visitar la clínica y someterse a un tratamiento para el dolor de espalda. Al día siguiente viajaría en un viejo bus. Era tal el movimiento de ese medio de transporte que llegó con mucho más dolor.

La fisioterapeuta revisó la espalda y la pierna de Jenny  y dijo que tenía un espasmo muscular que estaba presionando el nervio en su pierna. Ella dijo:

“Necesitas descansar de modo que tu espalda pueda estar mejor. ¿Puedes pedir a tu amiga que cuide del bebé por algunos días? Puedes alimentarlo, pero, trata de no alzarlo sin ayuda. Si necesitas levantarlo asegúrate de mantener tu espalda derecha y apoya tu peso sobre un brazo. Usa el otro para sostener al bebé. En lo posible mantenlo en su cuna o una sillita en un lugar alto lo suficiente para no tener que inclinarte para verlo o acunarlo. Deberías hacer esto siempre,  para proteger tu espalda, aún si no te doliera.

La fisioterapeuta masajeó la espalda de Jenny. Los músculos estaban tan tensos que apretaban el nervio. Los masajes aliviaron el dolor.  Luego enseñó a Narita cómo masajear la espalda de modo que pudiera hacerlo cada día en casa. También dijo a Jenny que necesitaría hacer algunos ejercicios para fortalecer los músculos y hacerlos más fuertes para proteger  la espalda. Le enseñó que si debía recoger algo del suelo, no se agachara sino que doblara sus rodillas dejando su espalda derecha.

Dio a Jenny una tableta para que la tomara y aliviar el dolor y que descansara por un par de días. Su amiga Narita le dijo que no se preocupara pues ella la acompañaría y la ayudaría mientras se pusiera bien.  Jenny sintió mucho agradecimiento al Señor Jesús por enviarle a esta amiga en el momento oportuno. Realmente Dios supo de  su dolor y vio sus lágrimas. Estaba decidida aprender más acerca de Él. Y qué agradecida estaba con su amiga Narita que estuvo a su lado para cuidar del bebé.

Estoy segura que nosotras las mujeres sabemos bien lo que es sufrir de un dolor de espaldas. Masajes, ejercicios, descanso… cuánto bien nos harían. Intenta probar algo de esto hasta donde puedas.

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