Ocultándose a causa del rechazo

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Cuando niña, jugaba a las escondidas con mis hermanos. Recuerdo cuánto me gustaba hacerlo. Corríamos a buscar un escondite, mientras uno contaba hasta diez.

Ahora que soy abuela y algunos de mis nietos son pequeños, puedo jugar con ellos a las escondidas. Me resulta muy entretenido hacerlo al ver cómo se divierten buscando algún escondite. En su inocencia a veces se dejan ver aún antes que yo los encuentre.

¡Qué momentos divertidos pasamos! Así son los juegos de la niñez… ¿Los recuerdas?

Pero si una persona adulta se esconde de los otros adultos, ya no es un juego sino por lo general es el resultado de una muy penosa y dolorosa experiencia. No es un sentimiento divertido para nada  tener que escondernos cuando estamos sufriendo por algo. Dime  ¿Estás escondida en algún lugar oscuro y no te dejas ver? Permíteme preguntarte: ¿Eres como la tortuga? Probablemente pienses: Qué pregunta más tonta. Quiero relatarte una historia acerca de una tortuga llamada “Tilly”. Mientras lees este relato, pregúntate en qué te pareces a Tilly.  Podría ser que entiendas muy bien su historia.

“Tilly” vivía en el profundo y oscuro bosque lleno de árboles muy altos y verdes arbustos de toda clase. Pero “Tilly” no estaba sola en el bosque. Zorros, osos, ardillas, conejos  y diferentes clases de pájaros vivían allí. Había también otras tortugas. Algunos de los animales eran sus amigos y algunos no.

“Tilly” sabía acerca del miedo y el dolor. A menudo se sintió rechazada. Ya verás, ella era diferente a las otras tortugas. Tenía una brillante, y amarilla estrella marcada sobre su caparazón. Ella odiaba esa marca. Eso hacía que fuera más fácil para los humanos y otros animales encontrarla. Además “Tilly” se movía más lento que las otras tortugas del bosque. Sus patas eran más cortas. Así que las tortugas amigas caminaban más rápido y se desaparecían de su vista antes que pudiera alcanzarlas. Sentía vergüenza de la manera que su cuerpo había sido hecho. Y cuando las otras tortugas la molestaban y le decían que no era de valor debido a su diferencia, eso la lastimaba profundamente. Sólo quería meterse  en su caparazón y quedarse allí escondida. Y eso es lo que hacía la mayor parte del tiempo. Escondiéndose era la manera que escapaba de quienes querían lastimarla.

“Tilly” recordaba la vez en que un humano de nombre “Tommy” llegó al bosque. Él la encontró debido a la marca amarilla en forma de estrella y comenzó a arrojarle piedras probando si acaso podría “golpear justo en la marca.” “Tilly” se metió bien adentro de su caparazón, pensando que el muchacho la dejaría tranquila. Pero “Tommy” la tomó entre sus manos y comenzó a pincharla con unos palitos. Para su alivio,  pronto se aburrió de ella y la tiró al piso. ¡La pobre no quería ni pensar acerca de lo ocurrido!

Al pasar el tiempo “Tilly” se encontró escondiéndose cada vez más en su caparazón. Las otras tortugas a veces la invitaban a jugar, pero ella temía ser lastimada con sus conversaciones, así que prefería quedar escondida en su caparazón. Parecía más “seguro” permanecer allí. Con el tiempo ellas la dejaban cada vez más y más sola.

Ella estaba muy triste y sola, pero no quería admitirlo. En su corta vida, sólo había conocido el temor y el rechazo. A veces se iba hasta el borde del bosque y a la distancia podía ver una casa grande de piedra en lo alto de la colina. A menudo se preguntaba acerca de las personas que veía alrededor de esa casa… un hombre y un niño. Estaba feliz que ellos no la vieran pues sentía temor de los humanos como Tommy.

 

Un día, mientras “Tilly” descansaba al costado del bosque, el niño de esa casa grande de piedra, pasó por allí. Ella se metió bien adentro de su caparazón. Estaba dispuesta a no confiar en nadie. El niño de nombre “Josué” se arrodillo en frente de ella. Cariñosamente tocó su lomo, notando su marca amarilla. “¡Qué hermosa estrella amarilla!” dijo el niño. “Dios te ha creado con una marca especial.” Le ofreció unos trocitos de comida, por si ella tan sólo se asomara y comiera. Pero “Tilly” estaba determinada  a permanecer a salvo.

Después que el niño regresó a la casa de piedra, “Tilly” asomó su cabeza para observar.

Notó que otros animales del bosque pastaban en la verde pradera cerca de la casa. “Josué” estaba entre ellos. La tortuga lo escuchó hablando con los animales y se sorprendió que no tuvieran miedo.

De cuando en cuando “Tilly” regresaba a la orilla del bosque. Tenía curiosidad acerca de este niño llamado “Josué” Y cuando él la veía, se acercaba y le hablaba amablemente y le ofrecía comida. Aún así ella permanecía guardada en su caparazón. No confiaba en “Josué.” Una tarde hubo una tormenta; el agua del riachuelo comenzó a crecer. “Tilly” trató irse a la parte alta del terreno, pero sus patas se movían lento. Ella se resbalaba y patinaba en el terreno mojado. Podía sentir cómo el agua rodeaba su cuerpo. A lo lejos sintió que Josué la llamaba por su nombre: “Tilly, Tilly, ¿Dónde estás? Escuchó sus pisadas acercándose, así que ella se escondió en su caparazón. Josué la recogió del piso mojado, con sus manos. Le dijo cariñosamente: “Tilly” – “Te encontré” Fue fácil  encontrarte debido a la estrella amarilla en tu lomo. Estaba preocupado porque sé que caminas lento en comparación  a los otros animales.” Luego añadió: “Tilly, mi papá me dijo que puedo llevarte a casa conmigo. Mi casa grande de piedra y allí estarás segura.”

Josué cuidadosamente la tomó y la llevó a su casa. La cuidó y pronto ella se encontró mirando fuera de su caparazón. Se sentía segura y a salvo. Estaba aprendiendo a confiar.  Sí, aún a veces los animales del bosque se reían de ella y le decían palabras crueles, pero ahora ella no se escondía más. Pudo amar a esos animales porque ella sabía que era amada por Josué y su padre.

Mi querida amiga, ¿a veces actúas como Tilly la tortuga? La “Caparazón” es una figura de la manera en que nos escondemos de otros para ser protegidas del rechazo y el dolor. Nos comportamos de tal manera que mantenemos alejados a quienes quieren conocernos. Mantenemos en secreto nuestras necesidades. Podemos sentirnos seguras por un poco de tiempo, pero evitamos el amor, el gozo y la amistad – todas cosas buenas que vienen de nuestra relación con Dios y las otras personas.

´Tú sabes que “Josué” es otra manera de decir “Jesús.” ¿Sabes quién es Jesús y quién es Su Padre? ¿Sabes que sus manos pueden sostenernos, y en ellas podemos estar seguras  y libres de vergüenza, temor y soledad? No tenemos por qué escondernos. Esas manos cariñosas y amorosas, las manos de Jesús quien es Hijo de Dios. Sacrificó Su vida cuando murió en la cruz por ti y por mí, cuando las que realmente debíamos morir éramos nosotras que somos pecadoras. Te animo que pongas tu vida en Él y seas guardada de las aguas tormentosas de la vida. Él promete guardar a sus hijas seguras y a salvo en sus manos ahora y llevarnos a Su hogar celestial un día a vivir con Él para siempre.

 

El tema de hoy es acerca de experiencias dolorosas que marcan nuestras vidas. Algunas pueden ser físicas como el reflujo ácido y otras emocionales como el rechazo.

Ya sea que nuestro dolor sea físico o emocional, Dios nos comprende y sufre con nosotras. Él hizo nuestros cuerpos  y nuestras emociones, así que conoce muy bien cuánto sufrimos y también sabe mejor que nadie cuándo venir en nuestra ayuda y sanarnos. Uno de los dones que Dios nos ha dado para ayudarnos a luchar con el dolor en nuestras vidas, es la posibilidad de hablar con Él por medio de la oración.

Helen Steiner Rice escribió: “Mi oración diaria” Puede ser tu oración también

“Dios, seas mi lugar de descanso y protección,

En horas de angustia, derrota y desilusión.

Que nunca le dé paso a la autocompasión

Y a la tristeza.

Que siempre esté segura,

De un mañana mejor.

Que me mantenga sin temor,

Pase lo que pase.

Segura en el conocimiento

Que sólo debo orar

Y pedirle a mi Creador,

Mi Padre Celestial,

Que me mantenga en paz

Con Su gracia y Su amor.”

Amén.

1 Comment

  1. FELICIANO dice:

    Hla cm están? Estoy triste xq me pasa tantas cosa en mi vida,y se q DIOS escucha mi oración y meva ayudar

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