Una mujer digna

Es cierto que a las damas nos gusta vernos bien vestidas con bonitas ropas. Pero ¿qué tal si pudiéramos ver nuestro ser interior, nuestro corazón, así como podemos ver nuestro aspecto externo. Podemos saber qué sucede y qué hay en nuestros corazones cada vez que abrimos nuestra boca y expresamos palabras. Y debes saber que lo que decimos seguramente va a tener una gran influencia en nuestra familia o amigas. ¿No te has sorprendido al escuchar a tu hijo decir expresiones que tú usas cada día especialmente cuando son pequeños? Los niños pequeños son el fiel reflejo de sus adultos en reproducir lo que ven y lo que oyen de ellos, porque están aprendiendo a vivir y se nutren de la imitación en esos primeros años de vida.

Qué importante es entonces nuestro comportamiento cuando nos expresamos porque mostramos lo que hay en nuestros corazones y lo proyectamos sobre la mente de quienes nos aprecian y quieren imitarnos. Por tanto, nuestra actitud hacia la vida y lo que decimos impacta la vida de ellos. Mucho más aquello que decimos delante de los hijos acerca de personas a nuestro alrededor. ¿Te escuchan quejarte por todo? ¿Te escuchan hablar mal de otros? La manera en que hablamos a aquellos que están a nuestro alrededor tendrá un efecto que durará por largo tiempo. Nuestra posición como mujer, como madre, como tía, como abuela, es una que ayudará a formar las vidas de futuras generaciones. Así qué mira al espejo de tu corazón hoy, y observa qué clase de mujer eres.

Podríamos hablar acerca de la moda porque nos gusta mucho vernos bonitas y bien arregladas, bien vestidas; saber qué colores y qué modelos nos sientan bien. Pero hoy vamos a hablar de una moda especial y me refiero a la moda de nuestra alma. Vamos a estar hablando acerca de vestirnos con fortaleza interior y dignidad. El precio que pagamos por nuestras ropas o la forma de nuestros cuerpos, no es lo que realmente nos hace hermosas. La manera en que hablamos y actuamos hacia otros es donde cobra vida la verdadera belleza.

Hoy queremos mirar de cerca esta otra vestimenta: la dignidad. ¿Qué es la dignidad? Es la manera en que mostramos nuestra fuerza interior. La palabra dignidad significa ser digna de honor y respeto, significa tener autocontrol y respeto por ti misma. ¿Cómo lo puedes demostrar en tu diario vivir? ¿Cómo puedes mostrar tu dignidad, es decir tu fuerza interior cuando enfrentas tu vida diaria con todas sus circunstancias?

Hace un tiempo visité a una amiga en el hospital. Su esposo estaba muy grave enfrentando una enfermedad terminal. Ella lo había estado cuidando por más de dos años en su hogar y ahora estaban en el hospital todo el tiempo por la gravedad de la enfermedad. Hacía un tiempo no la veía. Ahora mi amiga pasaba día y noche en el hospital junto a la cama de su esposo. Pensé que la encontraría muy deprimida, por tanto no esperaba ver lo que vi. Había perdido mucho peso y tenía ojeras negras alrededor de sus ojos lo que me hacía ver que estaba pasando tiempos difíciles. Aunque la vi muy delgada estaba prolijamente vestida y sus cabellos arreglados. Lo que más noté fueron sus palabras, su manera de hablar. Ella es una mujer tímida y suave, pero pude ver y notar una fuerza increíble en su vida. Ella demostró que tenía una fuerza interior de Dios en un tiempo de debilidad humana. Al irme de su lado la abracé y agradecí a Dios porque mi amiga me mostró su fortaleza interior y su dignidad. Ella me respondió: “Soy solo una pequeña y frágil mujer. Solo Jesús me hace fuerte”. Pude ver que eso era cierto y que los brazos de Dios la estaban rodeando dándole fuerza y dignidad en medio del dolor.

Justamente estuve recordando un proverbio de la Biblia donde describe la manera que viste una mujer sabia y dice así: “Fuerza y honor son su vestidura, y se ríe del futuro. Su boca abre con sabiduría y la ley de la misericordia está en su lengua” (Proverbios 31: 25-26). Hemos estado hablando hace unos momentos sobre cómo podemos vestirnos de fortaleza interior. Podemos hacerlo solamente si confiamos en Dios y estudiamos su Palabra, la Biblia. Cada día debemos entregar nuestra vida al Señor y pasar tiempo con Él por medio de la oración.

Como puedes ver, la dignidad comienza en el corazón. Cuando damos nuestros corazones y vidas completamente a Dios, podemos mostrar dignidad. Nuestra conducta cambia cuando vivimos basadas en las enseñanzas de Jesús, el Hijo de Dios, y su Palabra, la Biblia. Lo que haremos entonces, no importando cuán difíciles tiempos y circunstancias tengamos que enfrentar, es mostrar esta clase de dignidad en todo lo que hacemos y decimos.

Otra manera de vestirnos con dignidad es cuando tenemos autocontrol. Cuando no nos dejamos controlar por nuestras emociones. Las mujeres somos personas emotivas. Es la manera en la que Dios nos hizo, con emociones que influencian nuestro comportamiento. ¡No hay nada malo en eso! Pero tenemos que mantener nuestras mentes enfocadas en lo que es bueno, en lo correcto, y no permitir que nuestras emociones nos dominen.

Creo que todas nos enojamos con nuestros niños, esposos, suegras o amigas a veces. ¿Cómo reaccionas cuando estás enojada? ¿Cuando ves que tu amiga tiene una mejor casa o hijos que se comportan mejor que los tuyos? Por supuesto que te sentirás herida y enojada y quieres hacer algo acerca de eso. En vez de pensar cómo resolver ese problema haces lo que la mayoría hacemos: comenzamos a hablar, a quejarnos, y a decir cosas que más tarde nos arrepentiremos de haberlas dicho.

Hay un proverbio que dice: “Hay quienes hablan como dando estocadas de espada, pero la lengua de los sabios es medicina” (Proverbios 12:18). Las palabras dichas con enojo pueden lastimar mucho. Debemos tener cuidado. Si estamos enojadas con nuestros hijos, nunca debemos decirles “te odio”, “no sirves para nada” o “mejor nunca hubieras nacido”. Estas son expresiones que realmente lastiman. Tu hijo nunca las olvidará y serán palabras que nunca podrás traerlas de vuelta. Una mujer vestida con dignidad no maldice, no tiene una boca necia y sucia, no habla por detrás de las personas. Recuerda: podemos controlar nuestra lengua si no somos controladas por las emociones.

Otra manera en que podemos vestirnos de dignidad es siendo discreta, mostrando decencia y modestia. Muchas mujeres han perdido su sentido de decencia y modestia. La industria del cine y los medios de comunicación han traído cosas inmorales e indecentes a nuestros hogares. En la pantalla de la tele vemos muchos comportamientos erróneos, especialmente entre hombres y mujeres. Si aceptamos eso dentro de nuestros hogares, somos como la mujer de Proverbios 11:22: “Zarcillo de oro en el hocico de un cerdo es la mujer hermosa que carece de discreción”. Esta es una declaración muy fuerte, pero es la verdad. En el hocico de un cerdo no sería un lindo lugar para estar, ni es a donde pertenece un anillo de oro.

Debemos enseñar a nuestras hijas y a nuestras nietas cómo vivir con una moral buena y decente, y una vida limpia. Como mujeres cristianas somos hijas del Rey de Reyes y deberíamos mostrar dignidad en nuestras vidas. Solo podemos ser vestidas con dignidad y fortaleza interior cuando confiamos en Jesucristo, el Hijo de Dios, y seguimos las enseñanzas de su Palabra, la Biblia. Amiga, permite que tu vida sea vestida de fuerza y dignidad, de modo que podamos cumplir nuestro propósito aquí en la tierra para glorificar a nuestro Dios y Padre que nos ama como sus preciosas hijas.

 

Querido Padre Dios:
Venimos a ti pidiendo que nos vistas con esas hermosas ropas del alma como son la fortaleza y la integridad. Ayúdanos a tener un corazón que te agrade. Controla nuestra manera de hablar y líbranos de ser controladas por nuestras emociones. Ayúdanos a agradarte y servirte mejor cada día que pasa.
Amén

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