¡La oración cambia las cosas!

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Escrito por Susie Pek*

¡La oración es una de mis más grandes pasiones en la vida! Recuerdo que fui atraída al Ministerio RTM Mujeres de Esperanza gracias a que la oración siempre ha sido una parte vital de él. Cuando se trata de orar, hay muchas cosas que me gustan y una de ellas fue mejor expresada por Oswald Chambers, autor del clásico devocional “En pos de lo Supremo”: «La oración no es que nos prepara para el trabajo más grande; la oración es el trabajo más grande«.

¡La oración cambia las cosas!

En la inspiradora historia de la vida real de una mujer del Antiguo Testamento, vemos tres importantes aspectos de la oración. Ana fue una mujer que experimentó el poder de Dios debido a su oración. En el capítulo 1 de 1ª. Samuel, leemos que ella era amada por su esposo pero no tenía hijos. En esos días no poder tener hijos era algo muy vergonzoso para una mujer.

Quería hijos con todas sus fuerzas. Realmente sufría muy dentro de su ser, pero ni aun su esposo podía comprender ese dolor emocional. Sin embargo, Ana conocía a alguien que podía conocer exactamente cómo se sentía y le confió sus lágrimas. Ella sabía que no la retaría ni le diría que dejara de llorar. Sabía que era el único que podría realizar un cambio, así que en el verso 10 leemos: «¡En lo profundo de su angustia, Ana oró al Señor, llorando amargamente!«.

En contraste con el Señor, el sacerdote que estuvo sentado cerca la rezongó, pensando que estaba borracha. Pero ella respondió: «Soy una mujer que está profundamente atribulada. No he estado tomando vino ni cerveza; estuve derramando mi alma ante el Señor«. Me gusta ver cuán libre se sintió Ana en la presencia del Señor. Ella sabía que la oración es una relación. Cuando oramos disfrutamos el privilegio de hablar a nuestro Padre Celestial. No se trata solo de pedir sino que también es de una relación con nuestro Salvador, al decirle nuestros pensamientos, temores, deseos y sentimientos. Se trata de ser completamente honestas con Él, como Ana lo fue.

Me gusta también el hecho que mientras ella oraba por un hijo, Dios alineó su corazón para que orara de acuerdo a Su voluntad. Hizo un voto al Señor diciendo: «Oh Señor Todopoderoso, si te dignas mirar la aflicción de tu sierva, te acuerdas de mí y no te olvidas de tu sierva, sino que le das un hijo varón, entonces yo lo dedicaré al Señor por todos los días de su vida y no pasará navaja sobre su cabeza«. ¡Ana quería un hijo pero no tenía ni idea de que su hijo sería uno de los más grandes profetas que Israel jamás haya tenido!

Ana derramó su corazón delante del Señor, el sacerdote la bendijo, ella se fue a su casa, y la Biblia dice: «Y el Señor se acordó de ella. Y sucedió que a su debido tiempo, Ana concibió y dio a luz un hijo. Y le puso por nombre Samuel, diciendo: Porque se lo pedí al Señor«. Ana estaba rebosando de gozo con su regalo especial y ¡el nombre del Señor fue glorificado! ¡Todos sabían que Samuel era un milagro, un presente del Dios Todopoderoso!

Así que, mientras nos acercamos al trono de Dios, podamos ser animadas al saber que cuando nos relacionamos con Él, Él alinea nuestros corazones para orar de acuerdo a Su voluntad, y las respuestas a nuestras oraciones ¡llevarán gloria a Su nombre!

 

*Susie Pek: Coordinadora Regional de RTM Mujeres de Esperanza para América Latina y el Caribe.

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