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Cuando Ada conoció a Ledi, nuestra líder del equipo RTM Mujeres de Esperanza en Albania, las primeras palabras que pronunció a través de sus lágrimas fueron, “Mi padre ha matado a mi novio.” Su historia es una de significativa pérdida, pero también de restauración.
Después de graduarse de la universidad, Ada dejó su pueblo donde nació para buscar trabajo, conoció a un hombre y se enamoró. Aunque ellos querían casarse, su familia no lo aprobó, porque él era divorciado y tenía hijos. Así que los miembros de su familia trataron de ponerla bajo sumisión. Cuando ella no cumplió, su padre fatalmente apuñaló a su novio, terminando en prisión.
Luego Ada descubrió que estaba embarazada. No encontrando apoyo en el hogar, emigró a Suecia, donde dio a luz a su hija. Pero siete meses después de dar a luz, a Ada se le negó el asilo y tuvo que retornar a Albania. La vida para una madre sola fue muy difícil y necesitó ayuda. Por recomendación de una amiga misionera en Suecia, Ada contactó la Fundación Madre e Hija, que la refirió a nuestro equipo de RTM Mujeres de Esperanza.
Nuestro equipo la aconsejó y le proveyó alimentos, alimento para la beba y una radio solar mientras le presentaron los programas Mujeres de Esperanza. Necesitó mudarse nuevamente a su ciudad natal, donde el costo de vida era menor. Pero antes de partir, nuestro equipo conectó a Ada a una iglesia local y varias amigas cercanas. Estas amigas la rodea-ron con amor y la asistieron. Ada se unió a ellas y asistió a la iglesia y eventual-mente entregó su vida a Jesús.
Ada le contó a Ledi: “Nunca pensé que encontraría gente como tú en Albania. Me has mostrado el amor de Dios con tus cuidados… eres más que una hermana para mí.”
La vida de Ada ha sido restaurada, y Ledi recientemente compartió: “Quedé maravillada esta última semana cuando ella me escribió preguntando cómo podría orar por mí.”

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