Editorial Agosto 2013

Querida amiga:
Atravesar por el primer huracán fue para mí una experiencia aterradora que jamás olvidé. La limpieza de la ciudad
después, resultó en 8.000 cargas de camión de escombros. Muchos tenían sus hogares hundidos bajo el peso de
enormes árboles caídos, mientras que otros tenían sus hogares destruidos.
Peor que un desastre natural es el horroroso sentido de tener todas tus seguridades personales aplastadas por la
cruel y fiera destrucción. Esto es lo que millones de víctimas de la guerra enfrentan hoy. Las mujeres pierden a sus
esposos, padres, hijos y hogares, pero peor aún, con la violación siendo usada como un arma de guerra, ellas pierden
su dignidad, valor y respeto. Es la enemistad de Satanás acerca de la cual Dios habla en Génesis 3:15. Pero, debido a
que Jesucristo ganó la guerra sobre la cruz contra el enemigo de nuestras almas, nosotros debemos involucrarnos en
ésta batalla con la más poderosa arma que Dios ha dado a Su iglesia: La Oración.
Estoy segura sabes que en medio de las guerras políticas, hay una elevada persecución de los cristianos hoy.
Oremos para que nuestras hermanas y hermanos conozcan la verdad y vivan por encima de las circunstancias, no
temiendo a “aquellos que pueden matar el cuerpo, pero no pueden matar el alma,” como lo dijo Jesús en Mt. 10: 28.
Jesús continúa advirtiendo también en este pasaje a todos los que viven en paz pero sin el temor de Dios en sus
corazones – en otras palabras, aquellos que están espiritualmente muertos: “Pero, temed a Aquel (Dios) que es
capaz de destruir el alma y el cuerpo…” ¿Lo ves? No podemos ignorar el apuro de aquellas víctimas de guerra,
pero tampoco debemos desesperar. Jesús dijo: “En el mundo tendrás aflicción, pero confía, yo he vencido al
mundo.” Cuando pertenecemos al Príncipe de Paz, Él nos guardará en perfecta paz porque confiamos en Él.
Las víctimas de guerra que conocí en mis viajes me inspiraron y me desafiaron. Fuera de las cenizas de sus vidas
destruidas, emergieron refinadas y enteras. Dios usó las circunstancias más aplastantes para forjarlas en verdaderas
heroínas de la fe. Experimentaron cómo Jesús en ellas, era más fuerte que el que está en el mundo (1ª. Juan
4:4). Ellas vivieron la verdad de Colosenses 3:1-4, “Tu vida está escondida con Cristo en Dios.” Esa es nuestra
esperanza mientras intercedemos por las mujeres afectadas por la guerra. Que puedan conocer la paz en sus almas
en medio de la guerra.
Gracias por orar con nosotras.
Marli Spieker
Fundadora/Directora -Ministerio Global-Proyecto Ana.

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