Editorial Enero 2016

Personas ciegas alrededor del mundo…
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5 enero 2016

Querida amiga:

Muchas de ustedes me han animado con sus comentarios en relación a mi carta de presentación mensual y sus oraciones por mí personalmente. ¡Cuán bendecida me siento! ¡Dios ha estado respondiendo nuestras oraciones de maneras maravillosas! ¡Gracias por ser fiel y persistente en hacer este trabajo de la oración! Quiera Dios bendecirte abundantemente hoy.

Para algunas de nosotras, el tema de este mes podría tener un significado cercano y personal. En muchas culturas, las personas discapacitadas son consideradas una maldición- sólo una carga indigna. ¡Esto es una mentira! Estoy convencida que nuestras oraciones traspasarán tales muros fuertes. ¡Conectarán a las mujeres discapacitadas con el Médico de los médicos, Jesucristo!

Nunca olvidaré un mensaje que escuché por el Dr. Emmanuel Mbennah acerca del paralítico sanado por Jesús en el estanque de Bethesda. (Juan 5:1-9) El hombre esperó por 38 años. Estaba tan cerca de la fuente sanadora, sin embargo tan lejos debido a la falta de alguien que lo “conectara” con ella. El poder de la ESPERANZA, mantuvo a ese discapacitado yendo a la fuente, mañana tras mañana. La esperanza lo sostuvo hasta que Jesús lo sanó. La esperanza lo mantuvo aguardando hasta que llegó la ayuda. He visto el poder sanador de la esperanza en muchas vidas de mujeres – aún en aquellas “esperando en contra de la esperanza” con “nadie que las acerque al estanque.” Ningún familiar. Ninguna religión. Ninguna sociedad. ¡En el momento en que conocieron a Jesús, su espera les dio la forma para la oración y las alabanzas a Dios!

Es nuestro privilegio levantar a las mujeres discapacitadas en las alas de la oración, para conectarlas con el poder sanador de Jesús. Él es Jehová-Sanador- el único que sana. El alma de estas queridas mujeres está obligada, limitada a ser transformada aún si sus discapacidades físicas permanecen. Si les llevamos en las alas de la oración, llegamos a ser “conectores” entre ellas y Jesús. Él siempre escucha y extiende gracia y sanidad hacia aquellos que van a Él en confianza y fe.

Se me ocurre que podría estar escribiendo a alguien cuyo cuerpo es sano, pero su alma discapacitada. Puede ser que tú también, has estado esperando por años por una “conexión” Si es allí donde tú estás, mi amiga, te aseguro que, mientras oras por otros, la gracia y el poder de Dios pueden sanar tu corazón quebrantado aún si tuvieras que decir: “¡Señor, creo. Ayuda mi incredulidad!”

Orando con y por ti,
Marli Spieker

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