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El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos, y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos. A pregonar el año del favor del Señor”.
Lucas 4: 18-19

Jesús habló estas palabras que dan vida como el tan esperado Mesías judío que vino para dar libertad a su pueblo. Ellos necesitaban un Salvador. Nosotros también. Mientras oramos por las perseguidas, prisioneras, las aisladas y temerosas en el mes de Noviembre, y por la salvación de nuestro mundo en el mes de Diciembre, nos damos cuenta de que esta misma buena noticia y libertad de la que Jesús habló está accesible para nosotras en nuestras situaciones difíciles hoy.

Ya sea que las personas estén siendo perseguidas, estén físicamente en prisión o se encuentren en una prisión mental o emocional, podemos orar por ellas para que conozcan a nuestro Salvador, que nos trae la verdadera libertad. Aquellas que han perdido sus trabajos o están tratando de agarrarse de sus negocios necesitan buenas noticias. Muchas de nosotras estamos luchando con el aislamiento y el estrés del cambio en casi cada aspecto de nuestras vidas: nuevas maneras de trabajar, de ir a la escuela, incluso de comunicación. Las personas están presas del temor, la ansiedad y la preocupación por el futuro.

Cuando miramos alrededor del mundo, nuestros corazones sufren por el dolor que vemos. ¿Qué podemos hacer para ayudar aunque sea solo a una persona? Cuando volvemos a leer las palabras de Isaías como fueron dichas por Jesús y luego miramos la Gran Comisión que Él nos dejó, podemos ver que Jesús nos ha dado Su Espíritu y que nosotras, como creyentes, hemos sido ungidas para proclamar las buenas nuevas. ¡Podemos mostrar el camino a la humanidad para ser reconciliados con este Dios que vino a la tierra para librarnos de nuestra cautividad al pecado y a la oscuridad y librarnos de la muerte!

Aunque sea solo a una persona. Podemos buscar intencionalmente en nuestra vecindad o lugar de trabajo a quien está aislada o temerosa, y compartirle nuestra propia historia de cómo Dios da paz y fortaleza en estos tiempos difíciles mientras fijamos nuestros ojos en Él. ¿Orarías por oportunidades para ser de ánimo para alguien, para tener una conversación espiritual, para ser esa amiga que ayude a la quebrantada de corazón y consuele a aquellas que están de luto? ¿Te unirías a mí en ser esa persona en tu rincón del mundo que comparte las buenas noticias de libertad en Cristo?

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