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Compartimos contigo uno de los programas especiales por el mes de la mujer.
Hoy nos ponemos piel a piel con la vida de María, la madre de Jesús, escogida y apartada para cumplir la obra de Dios por medio de Jesucristo.
Referencia: Lucas 1:38
«Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra.»
Léenos:
En este mes tan especial para nosotras las mujeres te damos la bienvenida a un nuevo Programa Mujeres de Esperanza. Gracias por integrar nuestro círculo de amigas. Hablaremos hoy acerca de una famosa mujer de la cual tenemos mucho que aprender. Nos referimos a María la madre de nuestro Señor Jesucristo.
Hoy queremos invitarte a pensar y conocer un poco más a María la mamá de Jesús. El lugar donde vivió y su entorno familiar.
María pertenecía a una humilde familia judía que vivía en Nazaret. Nazaret no era una ciudad importante, todo lo contrario. Desde mucho tiempo atrás por varias razones, cuando se mencionaba esa ciudad la gente decía: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?» (Juan 1:46) ¿Pero qué decir de María?
Podemos decir sin equivocarnos que fue una mujer muy especial, escogida por Dios para llevar a cabo la maravillosa misión de ser la madre del Mesías prometido mucho tiempo antes al mundo.
Imagino que sería muy joven y estaría viviendo con su familia. Las mujeres en la antigüedad vivían una vida protegida del mundo por su familia y eran enseñadas en todo lo que tenía que ver con la vida de hogar; cosas tales como cocinar, coser, criar hijos. Los padres criaban y enseñaban a sus hijas de acuerdo a las tradiciones y leyes judías. Ellos les hablaban y enseñaban que Dios algún día enviaría al Mesías para el pueblo de Israel. Y que el Mesías nacería de una mujer virgen como lo leemos en el profeta Isaías y que cuando fuere el tiempo oportuno marcado por Dios un niño nacería de una virgen y se llamaría Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Y ese es Jesús que nació de María, era la esperanza de todo el pueblo aunque no sabían que esa joven sería su madre.
Era una bendición para las madres de esa época si al dar a luz nacía un varón, justamente porque tenían la esperanza que alguno sería el Mesías prometido. Y qué privilegio para esa mujer traer a su patria al libertador de los enemigos que los oprimían. Todo el pueblo esperaba con ansias que un día llegaría ese Libertador.
Dios escogió a María una joven descendiente de la familia del Rey David. Los profetas decían que esa virgen debía pertenecer a la familia real así que María cumplía con esa condición aunque en ese momento su familia era humilde. Nos dicen los evangelios que estaba comprometida o desposada con José, un carpintero de la ciudad. Era costumbre permanecer así como un año y luego se celebraría el matrimonio. (Mateo 1:18 y Lucas 1:26-27) Durante ese año las familias se conocerían y reunirían los presentes materiales como era costumbre de la época.
Era de esperar que la joven guardara su virginidad hasta el día de su matrimonio para presentarse completamente virgen para su esposo. (Deut. 22:22-24) María que había sido escogida por Dios para ser madre de Jesús, era una joven pura, de otro modo Dios no la hubiera escogido. María, joven especial pero tan humana como las otras jóvenes del lugar, estaba por vivir una experiencia completamente nueva.
Cierto día, mientras María estaba sola, un ser resplandeciente se le apareció donde ella estaba y la llamó por su nombre. No se nos dice dónde estaba ni que estaba haciendo en ese momento pero fue un momento muy impactante; ella se turbó, se sorprendió. La Biblia nos dice que el Ángel entró y le habló diciendo: “¡Salve muy favorecida! El Señor es contigo, bendita tú entre las mujeres!” ¡Más ella se preguntaba qué estaba pasando, porqué la saludaba de esa manera!
Fue tan impactante ese encuentro que ella se turbó, tanto que el Ángel tuvo que decirle:
No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios y ahora concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y llamarás su nombre Jesús. Éste será grande y será llamado Hijo del Altísimo.
Lucas 1:30-32
Qué expresión hermosa le dijo el Ángel: “Has hallado gracia delante de Dios.” La gracia es un favor, algo que se recibe como un regalo, esta joven estaba recibiendo un regalo divino, iba a ser madre del Hijo de Dios A todas nosotras de seguro nos gusta recibir regalos. En el caso de María ese regalo venía directamente de la presencia de Dios. Por un lado ella se sentiría especial por el regalo, pero por otra parte pensaría en las implicancias sociales de ese regalo. Ella sabía muy bien que quedar embarazada fuera del matrimonio no era bien visto ni aceptado. Sabía que en la ley judía eso implicaba un castigo para la joven.
Frente a una situación así que no comprendía totalmente, ¿Qué podría decir? Pero María se destacaba por su humildad. Ella se sometió a Dios y declaró con humildad y obediencia: “He aquí la sierva del Señor, hágase conmigo conforme a tu palabra.” Es de destacar que María nunca cuestionó el plan de Dios para su vida. Obedientemente aceptó lo que Dios quería hacer con ella aunque no lo comprendiera al momento. María tenía sus interrogantes; ¿Cómo será esto, porque no conozco varón?
Y Dios que siempre tiene una respuesta porque Él sabe todas las cosas, permitió que María quedara embarazada milagrosamente por obra del Espíritu Santo. Ella no comprendía, como dijimos, todo lo que le sucedería pero había sido enseñada a tener fe y confianza en Dios. Y que todo lo que Dios permite en nuestras vidas es para bien y nunca para mal.
Si en este momento estás pasando por dificultades no dejes de confiar en el Señor. Como María escucha la Palabra del Señor y humildemente responde:
“He aquí la sierva del Señor, hágase conmigo conforme a tu Palabra.”
Lucas 1: 38
Y cuando nos sometemos a la voluntad de Dios para nuestras vidas nuestra disposición y actitud cambian para bien y podemos decir como María: “Engrandece mi alma al Señor Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.” Al obedecer a Dios nuestro Señor los frutos del Espíritu Santo se muestran a través de nuestro diario vivir y podemos ser de bendición a muchos otros que también lo necesitan.
María tuvo la bendición de ver crecer a su hijo y más adelante seguirlo de cerca en su ministerio de extender el Reino de los Cielos sobre la tierra. Le observaba cómo ministraba a las multitudes y cómo se iba cumpliendo en su vida el plan de Dios para rescatar a la humanidad. Ella fue comprendiendo que Jesús era el Mesías prometido que vino al mundo a través de una virgen y por obra del Espíritu Santo. Ella guardaba en su corazón todo lo que sabía que sucedería con Jesús y lo sufría en su corazón de madre, porque sabía que una espada traspasaría su cuerpo.
Lo acompañó muchas veces con otras mujeres mientras Jesús recorría los pueblo y anunciaba que el Reino de los Cielos se había acercado. Le vio realizar milagros y tocar a la gente con compasión devolviéndole la salud y la vida.
Aprendió a aceptar la voluntad de Dios para su vida y la vida de su hijo. Presenció la humillante muerte de su Hijo amado, sin embargo, aún dentro de su aflicción comprendió y aceptó que la muerte de Jesús en la cruz siendo Santo y Puro garantizaba el perdón de los pecados y abría un camino hacia la presencia de Dios para todo creyente en Él.
María aceptó y soportó todos sus sufrimientos con fortaleza, valor y confianza en Dios. Ella pudo decir “Mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador”
Ella también necesitaba de un Salvador para su vida, así como cada una de nosotras lo necesitamos.
María mostró ser muy humilde; ella dijo “He aquí la sierva del Señor”. Sin pretender nada entregó al Señor su voluntad para que Él dispusiera de su vida para cumplir un propósito eterno en bien de la humanidad. No lo comprendía pero como era Dios que se lo pedía, ella respondió al Ángel: “Hágase conmigo conforme a tu palabra.” Aceptó que Dios la usara para llevar a cabo su plan para la humanidad.
Tremenda respuesta. Ella no pensó en su futuro casamiento, en los preparativos, ni en su novio, pensó en agradar a Dios.
Dios bendijo a María en su vida de hogar. Los evangelios nos dicen que ella pudo ver que:
“Jesús crecía en sabiduría y en estatura y en gracia para con Dios y los hombres.”
Lucas 2:52
Jesús había estado sujeto a María y a José, como un niño y joven normal y obediente. María mientras tanto guardaba todas estas cosas en su corazón, esperando ver como seguiría todo más adelante.
Los evangelios nos dicen que María tuvo luego más hijos e hijas. (Lucas 4: 16-30)
¿Qué sabemos de María en los años siguientes?
En Juan 19: 25-27 leemos lo siguiente:
“Estaban junto a la cruz de Jesús su madre y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas y María Magdalena. Cuando vio Jesús a su madre y al discípulo a quien Él amaba, dijo a su madre; Mujer, he ahí tu hijo y luego dijo al discípulo: He ahí tu madre y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.”
María entonces pasó a vivir con Juan el discípulo amado de Jesús, mientras Jesús moría en la Cruz del Calvario por amor a toda la humanidad.
Estoy segura que todas quisiéramos saber más acerca de María. Luego que Jesús muriera en la cruz y resucitara triunfalmente sobre la muerte, pasó cuarenta días con los apóstoles y discípulos. Les pidió que no se fueran de Jerusalén sino que estuvieran en un aposento alto en oración y ruego hasta recibir la promesa de Jesús de que vendría sobre ellos un poder especial para salir por el mundo a predicar el mensaje de Salvación en Jesús. Este grupo estaba formado por 120 personas entre quienes se encontraba María la madre de Jesús. Y es así como María y un grupo de mujeres estuvieron con los discípulos en el Aposento Alto orando y esperando la promesa de la venida del Espíritu Santo.
Esta es la última vez que se menciona a María en La Biblia en el libro de los Hechos de los Apóstoles.
Jesús, el Hijo de María cumplió con la misión que lo había traído al mundo y ascendió a los cielos junto a Su Padre Dios. María que guardaba en su corazón las cosas que le dijo el Ángel 33 años antes allí en Nazaret en una humilde vivienda, ahora confirmaba sin ninguna duda que Dios la escogió para traer al mundo al Salvador de nuestras almas. Admiramos a María por haber sido elegida por Dios para una misión tan especial y única. Quiera Dios que cada una de nosotras tengamos la capacidad espiritual de ser sumisas y obedientes a lo que el Señor nos pida hacer aquí en esta vida, como mujeres, madres, esposas, trabajadoras.
Querida amiga, cuánto podemos aprender de María. En todo momento quiso agradar a su Señor y servirle mientras Él caminó sobre la tierra llevando el mensaje de salvación. Desde muy joven se dedicó a su hogar y ya en sus años maduros buscó hacer la voluntad de Dios orando junto a otras mujeres y hombres esperando recibir la promesa del Espíritu Santo para seguir siendo testigo fiel de Dios. Ella estuvo dispuesta para que Dios la usara para ser de bendición.
Pregunto: ¿Estamos nosotras dispuestas a que Dios nos use para ayudar y bendecir a otros? Quizás a tu propia familia. Piénsalo.
Así como María en su momento se dejó usar por Dios, podríamos nombrar a un sinfín de mujeres que fueron abnegadas, llenas de fe, que hicieron y hacen muchas cosas en bien de la humanidad. Mujeres que llegaron a ser tan conocidas por sus obras; pero también hay muchas de quienes nunca hemos oído hablar, pero ellas están haciendo un hermoso aporte para cambiar su hogar, su barrio, su iglesia, su lugar de trabajo. Son mujeres de fe, de oración, trabajadoras responsables, madres amorosas que animan a sus hijos a lograr cosas buenas en la vida.
Gracias a Dios por esas mujeres maravillosas y virtuosas que se las ingenian para lograr algo bueno. Lee lo que hizo la mamá de Tomás Alva Edison. ¿Sabes quién fue Edison?
Edison es conocido por la creación de la lámpara incandescente, el fonógrafo y el micrófono, entre otros muchos inventos. Pero pocos saben de la influencia que ejerció su mamá en su vida. Los maestros y compañeros de escuela lo consideraban un alumno torpe y poco brillante. Pero su madre creía en él al punto que lo sacó de la escuela y lo educó en su casa. Bajo su dirección, permitió a Tomás experimentar con diferentes cosas en el sótano de su casa. Pasando los años Edison dijo de ella: “Mi madre no estuvo con nosotros muchos años, pero ejerció sobre mí una influencia que ha durado toda mi vida. Si no hubiera sido por su cariño y su fe en mí en un momento crítico de mi vida, quizá yo no hubiera sido inventor. Siempre fui un niño descuidado, pero la firmeza, la dulzura y la bondad de mi madre fueron potentes poderes para mantenerme en el camino recto. Mi madre fue la que me hizo ser lo que soy.”
Queridas amigas, Dios nos use para bendecir.

