MI MAMÁ ES REZONGONA

¿CONTESTA DIOS LA ORACIÓN?
16 enero 2006
Después del tsunami
23 enero 2006

Una señora me decía: “Me siento frustrada porque mis hijos no me escuchan cuando les pido que hagan algo. Entonces les grito porque es de la única manera en que me responden.
A menudo, comienzo a subir la voz más y más fuerte, y suena como si estuviera loca. Si tan sólo ellos me obedecieran enseguida…” La voz de la señora realmente estaba cargada de frustración.

Quizás tú digas… “A mi me sucede lo mismo; mis hijos parecen no escucharme cuando les hablo y ni se mueven; sólo si les grito es que reaccionan”.

Sin embargo, puede ser que con el grito, solo se asustan y hacen las cosas por el miedo que les produce nuestra voz y no por obediencia en amor a su madre.

Otra mamá nos decía: “Puedo recordar claramente cuando mi hija mayor tenía tan sólo tres años, y yo le grite porque recogía en forma lenta sus juguetes. Recuerdo que miré su rostro y vi que había pánico en sus ojos. Estaba atemorizada y las lágrimas corrían por sus mejillas. No dijo nada en absoluto, pero me di cuenta que estaba asustada de mi. Seguramente, yo tenía en ese momento cara de loca por el enojo excesivo, y el descontrol de mis emociones. Pero inmediatamente reaccioné le pedí perdón y la abracé. Ese fue un momento que jamás pude olvidar y espero que nunca se repita.”

Gritarles a los hijos puede transformarse en un hábito y no es fácil dejar de hacerlo. Pero es necesario comenzar a trabajar para cambiarlo por todo lo que eso significa en la vida del niño y de la madre. Gritar y rezongar es un mal hábito que puede ser cambiado. Es difícil, porque gritando es la manera en que la madre ha logrado tener la atención del niño.

Hay varias razones porqué las mamás le gritamos a los hijos.

La primera es que tenemos demasiadas cosas para hacer y poco tiempo, por lo cual las madres vivimos estresadas. Y a veces las cosas salen mal. Todas tenemos esos días en que pareciera que todo saliera al revés de lo planeado. Aún las tareas más simples.

Entonces, si además tu hijito vuelca el jugo del vaso, reaccionas gritando. No es que él haya querido hacerlo, fue un accidente, pero te enojas demasiado y te descontrolas por un simple vaso de jugo; te pones nerviosa y gritas mucho.

Si eso le hubiera sucedido a alguien que tienes de visita, ¿le hubieras gritado igual? ¿O le dices: “no te preocupes, no fue nada,” y corres a limpiarlo simplemente?

Creo que nuestros hijos merecen las mismas expresiones que usamos para nuestros huéspedes; con amabilidad y comprensión.

Una segunda razón de porque las madres gritamos es que no nos sentimos bien de salud.

Te despiertas con un fuerte dolor de cabeza o te sientes enferma y lo único que quisieras es quedarte tirada en tu cama. Pero allí está la familia con sus necesidades y demandas. Todos parecen depender sólo de ti. Tratas de manejar la situación pero al fin explotas como un volcán. Palabras de enojo salen de tu boca y salpicas a todos a tu alrededor.

Lo mejor sería detenerte y respirar profundo.

Es mejor ser sincera y decir a tus hijos que ese día te sientes muy mal, que estás enferma y necesitas ayuda de todos. Creo que así funcionará mejor, seguramente todos van a colaborar. No trates de ser la “Super Mamá” que todo lo dominas; reconoce que no puedes.

Un último tema que puede llevar a las madres a la histeria y a los gritos es el perfeccionismo.

Quieres que en tu casa todo luzca perfecto; hasta tus hijos, quieres que sean perfectos.

Te diré que eso es imposible. Nadie es perfecto, sólo Dios. El no espera la perfección de nuestra parte sólo que le amemos y le obedezcamos. Eso quiere Él que esperemos de nuestros hijos, también.

No esperes que tus hijos hagan la cama como la haces tú ni arreglen su cuarto como lo harías tú.

Si esas cosas te enojan y te hacen gritar debes detenerte y no hacerlo más, ellos son niños o jovencitos y no adultos con experiencia. Ellos necesitan que amorosamente les muestres como hacerlo. Gritarles nunca les enseñará nada. Dios te ha dado hijos para que los ames y les enseñes con palabras suaves y acciones correctas.

Recuerda estas tres sugerencias que te ayudarán a controlarte a ti misma y ayudarán a tus hijos a que te obedezcan.

Primero: que realmente entiendan lo que quieres decirles.

Los hijos responden cuando entienden las directivas claramente y saben que te mantendrás firme.

Por ejemplo: “Hijo debes guardar todos tus juguetes en la caja antes que puedas salir al patio a jugar”.

Si eso has dicho, no permitas que tu hijo salga a menos que haya guardado los juguetes. Debes decirle “Ahora mismo voy a mirar si guardaste los juguetes”. Es decir debes supervisar y ayudarle si necesita pero no gritarle.

Una segunda sugerencia es ser flexible y tener una actitud positiva.

Debes estar preparada para dar o hacer un cambio donde fuere necesario.

Podrás encontrar un método o una salida alternativa si así lo amerita. No seas legalista. Cambia tus planes si es necesario y si es para bien, quitando aquellas cosas que producirán estrés en ti o en tu familia. Y sé positiva; hablándoles cariñosamente descubrirás que será más útil y productivo. Las horas del día transcurrirán mejor y tus hijos grabarán en sus mentes recuerdos de una niñez feliz junto a su mamá.

Finalmente te sugerimos que ores a Dios siempre que lo necesites, siempre pidiéndole sabiduría y su dirección para criar a tus hijos.

Pídele a Dios que te ayude a controlar tu temperamento y tus palabras. Tan pronto como te parezca que va a explotar un volcán dentro de ti ora a Dios por ayuda y Él te enviará el socorro necesario.

Te ayudará a controlarte para no gritar. Y si alguna vez fallas inténtalo otra vez, pide perdón y sigue adelante dando pequeños pasos cada día; con el tiempo notarás la diferencia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.