Editorial de Abril 2006 – por Marli Spieker

«Contusión, torcedura y quebradura»
3 abril 2006
«Ahora pertenezco a Cristo»
12 abril 2006

Queridas intercesoras:

Este mundo está lleno de viudas, mujeres que sobrevivieron a sus esposos, o quienes junto con sus hijos, han sido abandonados por los hombres que prometieron amarles por siempre.

Me maravillo por el amor especial de Dios por las viudas. Lo he visto personalmente. Mi madre quedó viuda a los 42 años, mi suegra a los 32 y mi nuera a los 28. Cuando nuestri hihjo murió, Stacey quedó sola para criar en ese momento a su hijos de tan solo 1 año de edad. Por tres años vengo observando su andar por el tormentoso sendero de la viudez y sola como madre sostenida por la amorosa mano de Dios.

Debido a que vive a cientos de kilómetros de distancia no puedo ayudarla con el cuidado del niño. En el funeral de mi hijo, una señora de su iglesia me dijo: «Marli, yo seré una abuela para Isaac por ti, yo lo amaré y lo cuidaré». Y es lo que ella hizo ya que Stacey debía trabajar para mantenerse a ella y a su hijito. Pero ahora, paralizada por el quebranto y el sufrimiento debido a una enfermedad terminal, esta querida señora no podía cuidarle más y Stacey e Isaac quedaron solos otra vez.

Orando y llorando con Stacey al teléfono, yo reclamaba las promesas de Dios de ser «un padre para los sin padre y un esposo para la viuda».

Antes de tres días, Dios contestó. ¡Parecía una situación imposible, sin embargo, El obró un milagro hasta en los detalles más pequeños!

Aunque no se conocían anteriormente, el Espíritu Santo habló a una familia para que cuidaran de Isaac. ¡Esta familia vive al lado de la escuela donde asiste el pequeño! ¡Que Dios tenemos!

He visto dos fuerzas actuando mientras Dios realizaba este milagro: Su amor por las viudas y huérfanos y el poder de la oración. El amor de Dios es eterno, no cambia. ¡Cuando El dijo que cuida de los débiles y de los huérfanos, El lo hace! Pero se nos pide que oremos por los millones de viudas y huérfanos en el mundo. Tu y yo podemos hacer la diferencia en sus vidas. Podemos dedicar tiempo para interceder por ellos, cumpliendo con su mandato de cuidar a los huérfanos y a las viudas en sus tristezas. (Santiago 1:27)

¡Acompáñame! Deja que tu corazón se eleve al cielo mientras oramos por las viudas de la India, Pakistán, Afganistán y otros países donde las viudas no solo han perdido a sus esposos, sino también su dignidad, su respeto y la capacidad de vivir como personas responsables. Es una bendición estar unidas en oración.

Marli

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