Esterilidad Fructífera

Ella estaba avergonzada y atormentada. Era una mujer estéril. Su esposo trató de consolarla diciéndole: “Tú ya eres una mujer bendecida”. Sí, Ana era una esposa amada. Cientos de mujeres solas, rechazadas, estarían bien contentas con eso, pero Ana no.
Ella no podría tener paz hasta haber dado a luz un hijo (1ra Samuel 1:1-8).

Este deseo profundo por un bebé nacía desde muy adentro de su interior y fue estimulado por la actitud de la sociedad en la cual vivía.
Pero al fin y al cabo, yo creo que esta presión venía de Dios (1 Samuel 1:10-11).
La Biblia nos dice así: “ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. E hizo voto, diciendo: “Oh Señor Todo Poderoso, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mi, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová, todos los días de su vida”.
Parece que el Señor había estado esperando mucho por este grado de compromiso. Tal vez, si hubiere alcanzado más pronto este punto, hubiese ahorrado años de espera. A su voto de consagración, ella le añadió fe. Antes que se viera algo concreto, en respuesta a su oración dice la Biblia que “ella se fue y no estuvo más triste” (1:18).
Años de angustia fomentaron la oración, la devoción y ahora la fe. Un milagro se estaba proyectando hacia esta mujer. Así es como actúa Dios.

Isaac, Israel, Sansón, Samuel y Juan el Bautista, todos fueron nacidos a mujeres que eran estériles.
La esterilidad forzó a estas mujeres a cultivar un excepcional fervor en la oración para poder concebir. Pequeños milagros, en que ellas concibieron hijos excepcionales. Eran estériles, pero estériles con un propósito.

Pero no todos los casos de esterilidad terminan con la concepción de un hijo.
¿Cómo podemos concluir considerando el propósito de Dios para estos otros casos?
Queremos ilustrártelo con el testimonio de una amiga que nos escribió:
“Muchas mujeres que se casan disfrutarán el bendito tesoro de criar hijos.
Los hijos son herencia del Señor y son ciertamente una tremenda bendición. Sin embargo, en nuestra vecindad, o en la Iglesia, hay un grupo de mujeres casadas que no se les ha dado el don de poder tener hijos. Yo estoy en ese grupo. La esterilidad es la porción que el Señor me ha dado a mí.
La esterilidad conlleva la idea de un páramo vacío y desolado. Quisiera describirles un cuadro diferente de la esterilidad, uno donde el Señor ha hecho un jardín donde había espinas.
Mi historia comienza con un fuerte deseo de ser madre. Siempre quise serlo.
Cuando me casé, esa era nuestra esperanza.
Después de años de esperar, se nos informó que una condición médica impediría tener hijos. Mis esperanzas se hicieron añicos mientras iba a mi casa, en un torrente de lágrimas.

Kelly continúa diciendo: “Yo estaba muy enojada y disgustada. No podía entender por qué Dios no me permitió concebir. Yo quería ser una mamá que estuviera en la casa para criar a mi hijo para la Gloria del Señor. Pero a pesar de los argumentos que yo le presenté al Señor Su respuesta parecía ser la misma: “confía en Mí y no hagas preguntas”.

Pasé a través de un severo tiempo de dolor, mientras muchos de mis amigos tenían su primero, segundo y hasta tercer hijo. Me encontré que me sentía amargada algunas veces. Trataba de olvidar mis penas con otras distracciones. Mi esposo también parecía distante y había mucho silencio entre nosotros.
Estar entre niños parecía insoportable; trataba de apartarme.
Luego tuve un cambio. Vino lenta y quietamente.
Comencé lentamente a ver que Dios quería que yo entendiera que era Su hija, antes de desear un hijo propio. Dios usó la infertilidad para llevarme a un entendimiento más profundo de regocijo en Él, en vez de sólo desear las cosas buenas que Él pueda darme.
Quería un bebé más de lo que quería a Dios.
En otras circunstancias de mi vida había sido capaz de manipular las cosas a mi manera y fuera de la voluntad de Dios. Pero esto no lo pude manipular por mi misma. Entendimos que no debíamos buscar una intervención médica. Aunque desilusionada, comencé a darme cuenta que el “muro de ladrillos” de la esterilidad podría también incluir una puerta a una vida fructífera y feliz. Ahora, con 37 años, ya llevo 15 de estar felizmente casada y disfruto ser una ama de casa. Por sobre todo, disfruto de poder llenar las necesidades de mi esposo.
Además de realizar todas las tareas en casa, puedo ayudar a mujeres viudas, darle una mano a las ocupadas madres con sus bebés.
No siento que mi vida sea sin sentido por la falta de hijos biológicos. Lo importante es estar en obediencia al Señor. Animo a otras mujeres que experimentan la infertilidad a que usen su pena y esterilidad como una puerta al servicio más profundo a Dios y a otros.
A veces vivimos tiempos de deseos incumplidos y eso nos puede llevar a ser amargadas o mejores.
Dios me dio (dice esta amiga) un verso de la Biblia en Habacuc 3:17-19 que me ayudó mucho en mis tiempos de pena y espero que te ayude a ti: “Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labradores no den mantenimiento y las ovejas sean quitadas de la majada y no haya vacas en los corrales…Con todo, yo me alegraré en Jehová y me gozaré en el Dios de mi Salvación.
Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar”.
Espero que puedas aprender de la experiencia de Kelly.
Pero volvamos un momento a Ana en la Biblia.
Siempre es una fuente de inspiración para nosotras las mujeres hoy día.
Destaquemos algunos principios de su vida.
• La mujer de Dios torna su esterilidad en una bendición, no suprimiendo sus deseos, sino permitiendo que la lleven a sus rodillas para un nivel especial de compromiso con Dios.
• A pesar de los ruegos de su esposo ella no se contentaría con nada menos que lo mejor de Dios. Y Dios, en su Gracia, no se contentaría con nada más que lo mejor de ella. Criatura y Creador, lucharían en oración hasta que finalmente ella se rendiría alcanzando alturas de mujeres devotas fértiles, raras veces conocida.
• Ella creyó antes de ver la respuesta. Cerrando su mente a miles de fracasos anteriores ella otra vez trató de ser fructífera. Aún cuando tenía su sueño en sus brazos, no aflojó en su búsqueda espiritual. Alabó al Señor y mezcló su alabanza con más fe. Ella mantuvo su costoso voto. No dio lugar a la amargura.
• Finalmente, el Señor derramó sobre ella abundante bendición que traspasó sus esperanzas.

Así que, si la vida te parece estéril, recuerda a Ana.
Dios tiene sus propósitos para tu vida, para que siempre llegues a ser una mujer fructífera.
Escucha su promesa en Isaías 54:1 “Regocíjate oh estéril, la que no daba a luz. Levanta canción y da voces de júbilo, la que nunca estuvo de parto; porque más son los hijos de la desamparada que los de la casada, ha dicho Jehová”

Lo importante es una vida de obediencia y dependencia del Señor. Ana crió al hijo con amor y alegría aunque desde tan pequeñito sabía que no sería de ella sino del Señor y para el servicio de los demás.

3 Comentarios

  1. Noemi parra dice:

    Estaba buscando un tema sobre la mujer fructifera y el suyo fue de gran ayuda, gracia y paz.

  2. AZALIA dice:

    AMÉN HERMANA, ESTAS PALABRAS ALIENTAN MI VIDA Y MI ALMA. PARA SERVIRLE AL SEÑOR, BUSCANDO AGRADARLE Y VIVR EN SANTIDAD PARA EL.

  3. Anónimo dice:

    M identifico xq iop pase x 10 y medio sin podr consebir pero dios es tan poderoso q m dio el don d ser madre

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