Dios comprende nuestro dolor

¿Por qué hay tanto sufrimiento en este mundo?

Es una pregunta que muchos se han hecho a través de los tiempos y aún hoy día se la hacen. A veces pensamos que las personas buenas no deberían sufrir sino las malas. Pero no sucede así. Hemos visto a personas buenas sufriendo y a los que hacen mal prosperando. ¿Qué piensa Dios acerca de esto?

¿Por qué permite que suceda?

Hemos estado hablando acerca del dolor físico y aprendimos que a través del dolor somos advertidos acerca de algún peligro o enfermedad en nuestro cuerpo.

Pero hay otra clase de dolor que experimentamos a veces y es el del corazón cuando estamos tristes o somos lastimados por otras personas.

Ese dolor se produce debido a que estamos sufriendo y no se lo podemos contar a nadie, y aún nos preguntamos si algún día se nos irá.

Quiero hablarte acerca de alguien con quien siempre podremos compartir nuestro dolor. Es Dios y Él nos comprende. Es el Gran Creador y quien nos hizo con sensibilidad física y sentimientos emocionales. El te ama y te cuida más de lo que te puedas imaginar.

Hay una historia en la Biblia que siempre que la leo me conmueve. Se encuentra en el Evangelio de Marcos capitulo 5, en este relato puedo ver el cariñoso cuidado de Jesús hacia una mujer que había pasado a través de mucho sufrimiento, dolor y rechazo. En los últimos doce años había estado enferma con cierto tipo de derrame de sangre. ¡Las mujeres sabemos bien acerca de este tema pero en el caso de ella había estado sangrando por doce años!

Debido a que consultó a muchos médicos, ahora tenía otro problema, no le quedaba dinero así que ya no podía buscar más ayuda.

La Biblia nos dice que a pesar que consultó a muchos médicos para nada se sentía mejor sino peor. Ya así la situación era suficientemente molesta, pero como era una mujer judía se le consideró inmunda todo este tiempo. La ley judía para la higiene decía que aún el lugar donde se sentaba o descansaba también eran inmundos. Si alguien tocaba o se sentaba en el lugar que lo hacía ella se le consideraba inmundo también y debía bañarse y lavar sus ropas.

Imagínate cómo se sentiría esta mujer. Con tanta pérdida a través de estos doce años estaría anémica, cansada y muy enferma. Además de ser rechazada por otros, intocable y sin dinero.

¡Que tremenda su situación!

Una gran multitud rodeaba a Jesús. La mujer enterada de los maravillosos milagros que Jesús hacia, se le fue acercando poco a poco por detrás, abriéndose paso entre la multitud.

Deseaba tocarle el manto, tenía la más absoluta seguridad de que si lo tocaba si quiera sanaría. Y así fue. Tan pronto lo tocó el derrame cesó y se sintió perfectamente bien. Jesús conoció enseguida que de Él había salido poder sanador y dando media vuelta, preguntó a la multitud, “¿Quién me tocó?” los discípulos le respondieron, “Pero si la gente te está apretando, ¿cómo se te ocurre preguntar quién te tocó?”

Aquí llegamos al momento más significativo de la historia. Jesús obviamente sabía que alguien había sido sanado porque le tocado con un toque especial de fe. Pero Él quiso darle a esta mujer más que sólo un toque sanador. Quería hablar con ella y darle confianza y reafirmación. Pero ella queriendo pasar desapercibida ante la pregunta de Jesús sintió miedo. Temblando de miedo y emoción se arrodilló delante de Él y le confesó lo que había hecho.

A pesar de la multitud el Señor le prestó toda la atención a ella y la escuchó con compasión, amor e interés. Seguramente le tendió la mano para ayudarle a ponerse de pie y le dijo, “Hija, tu fe te ha salvado, vete en paz, que ya no estás enferma”.

Su vida cambió completamente, desde ese momento no necesitaba vivir avergonzada, discriminada ni escondida.

Amiga ¿has oído de Jesús? ¿Sabes que Él se interesa y tiene cuidado de ti?

Sufrió y murió en la cruz para cargar con mi pecado y el tuyo. El entiende y conoce el dolor cualquiera sea tu sufrimiento ya sea físico o emocional Jesús quiere oír tu historia y desea ayudarte si te acercas a Él con fe.

Abre tu corazón y cuéntale lo que te está sucediendo, preséntale tu necesidad y Él te escuchara con compasión, amor e interés.

Necesitas un amigo en quien confiar: Jesús es ese Amigo Perfecto, entrégale tu vida, te invito a orar conmigo:

Querido Jesús tu conoces mi vida y mi sufrimiento. No hay nada que tú no sepas. Creo en ti y te ruego que me ayudes en mi necesidad personal. Gracias Jesús por tus cuidados hacia mí, por tu amor e interés por mi vida. Tú eres Todo Poderoso Dios y me acerco a ti humildemente. Amén.

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