El Respeto

¿Si te pidiera que definieras la palabra respeto, qué dirías? ¿A quién respetas y quiénes te respetan a ti? No usamos esta palabra todos los días pero veamos lo que realmente significa.. El significado de la palabra “respeto” es valorar a alguien que tiene buenas cualidades o que ha logrado cosas buenas. Lo opuesto a respeto sería – rudo o irrespetuoso. No es necesario que te preguntemos cual de las dos madres mostró respeto por su hijo.

Te sorprenderá saber que la palabra “respeto” viene de una antigua expresión inglesa que significa “El acto de mirar atrás.” Esto muestra que para respetar a alguien de verdad necesitamos ver que ellos son dignos de nuestro respeto ahora y también lo fue en el pasado. A todos los padres le gustará que sus hijos les respeten, de hecho muchos padres lo demandan. ¿Pero, realmente necesitamos demandar su respeto? ¿Y cómo lograr que nuestros hijos nos respeten?

 

Los hijos no nacen irrespetuosos- en realidad nacen con un instinto natural de amar a sus padres incondicionalmente. En la familia, los niños muestran respeto hacia sus padres siguiendo sus valores y obedeciendo sus reglas. Y nosotros los padres mostramos respeto por la manera que les hablamos a ellos. En los primeros años del niño, los padres son sus héroes. A la vista del pequeño los padres son perfectos y lo saben todo. Lo que papá y mamá dicen es cierto y ellos copian lo que los padres dicen y hacen. Pero… a medida que el niño va creciendo, piensa y considera la manera que el padre lo trata y decide si le gusta o no.

Finalmente cuando llega a la adolescencia, comienza a comparar a sus padres con los padres de sus amigos. “Mirando hacia atrás” el adolescente puede ver que sus padres no siempre han  mostrado respeto por otros. Comienza a aprender a ser “irrespetuoso.” Esta puede llegar a ser una experiencia dolorosa y desalentadora que produce mucho enojo.

A menudo los padres se preguntan: “¿Qué le ha sucedido a mi feliz y amoroso hijo?” ¡Ahora es un joven irrespetuoso que me causa problemas y dolor!

 

En la Biblia, la Palabra de Dios, leemos unas sabias palabras: “Padres, no provoquen a ira a sus hijos, más bien críenlos en la disciplina y amonestación del Señor.” (Efesios 6:4) Está diciéndonos: Padres, no hagan cosas que deliberadamente irriten a sus hijos. Dios no dice en Su Palabra que los padres necesitan mandar con sus hijos como si fueran dictadores. Esto creará temor de los hijos hacia los padres. Ser temido no es mejor que ser amado. El temor, tarde o temprano llega a su fin y por lo general es seguido de profundos sentimientos de resentimiento y odio. El amor, por otra parte es más poderoso que el temor y nunca se acaba. ¿Qué significa esto? Es mejor mostrarles amor a tus hijos, explicarles las reglas y tratar de comprenderlos. Luego cuando crecen será más fácil para ellos mostrar amor y respeto.

 

Las madres necesitan pedir ayuda y sabiduría de Dios para encontrar el equilibrio y la manera justa de corregir a los hijos, de manera tal que los estén formando para su futuro próximo y no queden heridas en sus sentimientos y en sus pensamientos. Luego ellos crecerán y más pronto de lo que nos demos cuenta;  ¿qué recuerdos de su niñez les quedarán grabados acerca de nuestro proceder?

¿Queremos realmente lograr niños sanos y seguros o nos da lo mismo?

 

¿Qué te parece si hablamos de algunas cosas que los adolescentes encuentran exasperantes?

Por lo general los padres no saben cómo relacionarse adecuadamente con sus hijos adolescentes.

 

Una de las principales causas de desavenencias con los adolescentes es la falta de comunicación. Esta razón por lo general está primera en la lista. Algunos jóvenes sienten pena en sus corazones porque ellos dicen que los padres no los escuchan… que no los entienden ni tratan de entenderlos. Opinan que los padres no se toman el tiempo para sentarse junto a ellos y tener una buena y paciente conversación sino más bien los tratan con impaciencia y como si no les importara.

 

El problema parece ser –  ¡demasiado ocupados! Los adolescentes, a menudo sienten que sus padres no están realmente interesados en sus vidas porque se les ve siempre ocupados. Apenas  y casi nunca pasan tiempo de calidad juntos.

 

Por otra parte sucede lo opuesto… padres sobre-protectores, que tratan a sus hijos grandes como si fueran demasiado jóvenes y no les dejan moverse ni actuar fuera de su control o mirada. Algunos adolescentes se quejan que sus padres no confían en ellos… aparentemente sin razón alguna. Dicen que sus padres les revisan sus cosas, carteras, bolsos, mochilas… los e-mails y aún sus conversaciones telefónicas. Eso ciertamente les causa resentimiento.

Algunos se quejan que los padres no toman en serio sus asuntos.

Eso pasa cuando los padres hacen bromas con los problemas de los hijos… y les dicen que no es nada importante como para preocuparse por tal o cual cosa.

Por ejemplo, si la hija adolescente muestra mucha preocupación por su piel del rostro llena de barritos. Para ella es todo un tema, pero un padre insensible puede pensar que no tiene tanta importancia y que no debería preocuparse. Puede no serlo para él pero sí para ella. ¡La hija pensará que al padre no le importa!

Otra queja común es cuando los adolescentes descubren que sus padres viven una doble vida, o tienen un doble discurso. Por ejemplo: Un padre castiga a su hijo por mentir y en otra situación él mismo miente abiertamente delante del adolescente. Esto por lo general trae vergüenza y desilusión en vez de respeto.

También los hijos se irritan si el hogar no es un lugar feliz. Siempre hay mucha tensión en la casa… los padres discuten a menudo y están de mal humor. Los jovencitos prefieren irse a la casa de algún amigo o a la calle.

 

Cuando los hijos nacen y llegan al hogar aman a sus padres incondicionalmente. ¿Qué pueden hacer los padres para asegurarles que eso continuará aún cuando crezcan, lleguen a ser adolescentes y hasta adultos?

Lo opuesto a “exasperar” es “animar” Animar significa “dar esperanza o confianza; ayudar a otro a desarrollarse, inspirar, alegrar.” Eso lo logramos con palabras, con acciones… poniendo atención a lo que quieran decir y confiando en ellos. Podemos pensar que los adolescentes no necesitan tanto tiempo de parte de los padres, pero en realidad sí lo necesitan y más. Necesitan saber que sus padres quieren estar con ellos… y que disfrutan estando juntos.

 

Permíteme contarte algo: Un padre y su hijo habían compartido juntos una tarde. El padre le contó acerca de muchos eventos que había vivido. En un momento, lleno de admiración, el hijo le comentó: “Papá, cuando crezca quiero ser como tú” Este padre sabio, observando el amoroso rostro de su hijo replicó: “Hijo, espero que puedas ser mejor aún.”

Este es un perfecto ejemplo de admiración que lleva a un profundo respeto por el padre…y amor y ánimo que expresa respeto por el hijo.

Estoy segura que todas podemos aprender a mostrar más respeto por los niños y que ellos aprendan con nuestro ejemplo a respetarnos igualmente.

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