Editorial Enero 2013

Querida amiga:
Te escribo desde Curitiba, a dónde vine para celebrar el décimo aniversario de Proyecto Ana Brasil, como
también para hacer el lanzamiento de la versión portuguesa de mi libro “Cuando gana la esperanza.” La
celebración de la conferencia tuvo lugar en el lugar de nacimiento de Brasil en Porto Seguro – una ciudad
balnearia donde los portugueses celebraron su primer Misa por haber descubierto este territorio. Las mujeres
de aquí llevan la tristeza y las magulladuras en sus cuerpos y almas infligidas por “¡la violencia doméstica- un
mal que mundialmente, mata a más mujeres que las enfermedades al corazón, accidentes de tránsito o aún la
guerra!” ¡Comenzamos 2013 intercediendo por esta gangrena mortal para que deje de destruir vidas y familias
donde sea! ¡Piensa en el impresionante poder por las oraciones de más de 40.000 intercesores de Proyecto
Ana orando fervorosamente por los mismos pedidos en más de 70 idiomas!
Mi amiga, mientras oramos, no olvidemos que todas hemos quebrantado la ley de Dios. ¡El egoísmo y el
orgullo- la raíz que causa la violencia – en realidad vive dentro de nosotras! Por la misericordia de Dios y
su regalo de fe, podemos orar con confianza sabiendo que Su promesa será cumplida. “Si mi pueblo se
humillare… yo sanaré su tierra” (2ª. Crónicas 7:14). El abuso y la violencia doméstica están traspasando los
límites en muchas familias cristianas. Oremos para que los creyentes se arrepientan, se sometan a Cristo,
mueran al ego y le sigan a Él, amando y respetando a las mujeres en sus familias.
Cuando hacemos así, somos socias con Dios como un catalizador restaurando incontables familias y
experimentamos eso de primera mano, realmente. “Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón
y salva a los contritos de espíritu” (Salmo 34:18). Te animo, querida amiga, a examinar la cruda realidad
reflejada en los pedidos diarios de oración. Mientras nos rodeamos con determinación para hacer el trabajo
fiel de la oración, llegamos a ser “los cambiadores del mundo”. No se acerca de ti, pero sólo pensar en esto
me da energía.
Así que te invito a orar sin cesar. Ora fervientemente proclamando la Palabra de Dios y llamando a las
mujeres heridas para que “se levanten, resplandezcan, porque ha venido su luz” (Isaías 60:1). La luz del
mundo – la luz de Jesús – pueda traspasar y destruir la oscuridad de todo lo malo y ciertamente de la
oscuridad de la violencia doméstica.
Orando contigo,
Marli Spieker
Directora/Fundadora
Ministerio Global – Proyecto Ana.

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