Mujeres heridas por el aborto

Editorial Junio 2014
2 junio 2014
3 de Junio
3 junio 2014

Muchos creen que un feto es sólo un bulto de células y tejido. Sin embargo, Dios ve al no nacido de una manera diferente. “Vino a mí la Palabra del Señor diciendo: Antes que yo te formase en el vientre, te conocí; y antes que salieses de la matriz, te consagré y te di por profeta a las naciones” (Jeremías 1:4-5).
El pequeño corazón del bebé comienza a latir 22 días después de la fertilización. A cinco semanas de la concepción, los ojos del bebé y el oído interno comienzan a desarrollarse.
A la séptima semanas después de la fertilización las ondas del cerebro del bebé pueden ser medidas. La principal construcción del corazón se completa.
A través de su fina piel, las venas del bebé son claramente visibles. Las orejas y aún los dientes se están formando. Ocho semanas después de la concepción todos los órganos del bebé, músculos y nervios comienzan a funcionar. Las manos y los pies desarrollan los dedos. Las huellas digitales ya se evidencian en la piel.
Para la novena semana de desarrollo las papilas gustativas están comenzando a desarrollarse.
El bebé puede tragar y sacar su lengua, y 20 pequeños dientes se están formando. Todo el cuerpo, excepto la lengua es sensible al tocar. Los cartílagos están ahora calcificándose para llegar a ser huesos. El cerebro está creciendo rápidamente y produciendo más de 250.000 células nerviosas por minuto.
En la semana 10 las cuerdas vocales se completan y el bebé llora a veces silenciosamente. El cerebro está plenamente formado y el bebé puede sentir dolor también. El feto aún puede succionar su pulgar. Ya hay cabello en su cabeza y los dedos de pies y manos han desarrollado suaves uñas.
El embarazo puede ser sin intención, inoportuno o no deseado. Pero, a pesar de eso, el bebé no nacido siempre es precioso y digno de una oportunidad para vivir.

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