Editorial Setiembre 2014
1 septiembre 201402 de Setiembre
2 septiembre 2014Cuatro mujeres presidentes latino-americanas han ayudado a cambiar la imagen de las mujeres, pero el machismo tiene raíces culturales profundas.
Muchos hombres creen que ellos están autorizados para dominar a otros (especialmente esposas, hijos o novias), lo que resulta en agresivo abuso. Muchas familias sudamericanas están rotas no sólo por el abuso a mujeres y niños, sino también por inmoralidad, corrupción, drogas y pobreza.
En el sitio de The Economist, un reciente reporte por Mujeres de la ONU se encontró que “muchos países latino-americanos tienen un promedio más alto de incidencia de violencia doméstica. De acuerdo a la agencia, una mujer es asaltada cada 15 segundos en San Pablo, la ciudad más grande de Brasil. En Colombia, ataques en que es arrojado ácido a la cara de las mujeres, desfigurándolas, casi se ha cuadruplicado entre 2011 y 2012.”
A pesar de las promesas de erradicar la prostitución infantil, el número estimado de niñas trabajadoras sexuales en Brasil se mantuvo alrededor del medio millón en 2012. La pobreza y el abuso en los hogares es la causa que niñas tan jóvenes como de 11 años vivan en las calles. Aspirando pegamento les disminuye el dolor por el hambre y hace que se sientan entumecidas, lo cual les ayuda a luchar con la violencia y el peligro en las calles. Los proxenetas drogan a las niñas en las calles de modo que, una vez que se enganchan, ellas venden sus cuerpos para conseguir más droga.
El Ministerio de Proyecto Ana está creando un círculo de apoyo. Mujeres que experimentan pobreza y abuso pueden encontrar esperanza y sanidad en Dios a través de los programas Mujeres de Esperanza, grupos de oración, entrenamiento para trabajar y apoyo práctico en Paraguay y Brasil. El círculo se completa cuando aquellas que fueron ayudadas, comienzan a ayudar a otras.
Por ejemplo, mujeres entrenadas en una Casa de Ana, servían a otras que estaban esperando visitar a sus familias y amigas en prisión. Servicios de salón (lavados y peinados) fueron provistos mientras algunas mujeres repartían flores, distribuían literatura y ministraban a las mujeres que esperaban en la prisión.

