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«Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros». – Romanos 5:8

¿Te has sentido confundida cuando a veces decimos que Dios es juez y también es amable y perdonador? Hablaremos hoy acerca de cómo Dios es juez y también es bondadoso y perdonador. Hablaremos ahora acerca de cómo Dios puede ser perfecto Juez en un mundo imperfecto y cómo puede ser amante y misericordioso al mismo tiempo.

¿Has pensado alguna vez que te gustaría estar en un lugar bonito y seguro? ¿Has anhelado ser profundamente amada y valorada por alguien? ¿O estar en un lugar donde no hubiere hambre, conflictos, enfermedades, lágrimas, o dolor? Si has contestado con un “SÍ” te diré que no eres la única que piensa de ese modo; yo también lo quisiera. ¿Pero sabes que en los comienzos de la humanidad tal lugar existió? La Biblia lo llama “El Jardín del Edén”. En el libro del Génesis en la Biblia, aprendemos de la hermosura de ese jardín que Dios creó. Estaba lleno de hermosura, árboles y plantas verdes que le proveían alimento para comer, y ríos que fluían a través de él. Era un lugar que Dios había llenado con pájaros, peces y otros animales. Y en ese perfecto jardín, Dios colocó su especial creación a quien llamó “hombre”. Su nombre propio era “Adán”. Dios le dio al hombre características y deseos especiales. Luego, para que el hombre no estuviera solo, Dios creó una ayuda idónea para él a quien el hombre llamó “mujer”, y su nombre personal era “Eva.” Ellos llegaron a ser esposo y esposa, y en ese Jardín experimentaban el perfecto amor y cuidado de Dios hacia ellos, y disfrutaban una estrecha relación con Dios cada día.

Dios dio a Adán y a Eva instrucciones para vivir en el Jardín y cuidar allí de los animales. Había solo un mandamiento que debían obedecer. Se les pidió que no comieran del fruto de un árbol específico en el Jardín. Si ellos lo comían, les dijo Dios, de seguro morirían. Pero la Biblia nos dice en génesis capítulo tres, que Satanás, el diablo, enemigo engañador de Dios y de los seres humanos, entró al Jardín. Convenció a la mujer para que comiera del fruto del árbol prohibido. Luego que comió dio del fruto prohibido al hombre para que también comiera. Desobedecieron el primer mandamiento que Dios les había dado. La Biblia llama a esta desobediencia «pecado». Satanás causó que ellos dudaran de la Palabra de Dios y de Su amor.

Debido a su pecado de desobediencia, Dios, que es recto y justo, dijo que habría consecuencias para Adán y Eva. Allí conocieron que fueron culpables y luego de eso tuvieron temor y vergüenza. Aprendieron que la muerte de la cual Dios les dijo que experimentarían si comían del fruto del árbol prohibido, sería una muerte física en el futuro. Aprendemos en Hebreos 9:27, que cada persona muere una sola vez y después viene el juicio. También significa muerte espiritual. Ellos perderían esa estrecha relación con Dios que habían conocido en el Jardín. El primer hombre (Adán) es un representante de toda la humanidad, incluyéndonos a ti y a mí. Debido al pecado, la muerte entró a la vida de toda la humanidad.

Solo tenemos que mirar alrededor para comprender cuán profundo es nuestro pecado. La Biblia describe nuestra condición pecaminosa. (Romanos Capítulo 1: 29-32) Habla de hombres y mujeres, “llenos de toda injusticia, maldad, avaricia y perversidad. Están repletos de envidia, homicidios, contiendas, engaños, mala intención. Son contenciosos, calumniadores, aborrecedores de Dios, insolentes, soberbios, jactanciosos, inventores de males, desobedientes a sus padres. Insensatos, desleales, crueles y sin misericordia…”. Sabemos que eso es cierto. Podemos ver algunas de estas conductas en nuestras propias vidas, familiares o vecinos y en nuestros líderes y gobernantes. La guerra, el mal y el sufrimiento existen debido a nuestro pecado contra Dios.

Debido a que Dios es bueno y santo, Él debe juzgar el pecado de la humanidad. Dios tiene que destruir todo lo que destruirá su creación y a las personas que Él ama. Dios está airado contra la impiedad y la maldad porque es Santo y solo Él tiene el derecho de juzgar el pecado de la humanidad, porque Él es Su Creador. Y Dios es justo y bueno en todos sus tratos con nosotros. No nos agradaría si Dios no fuera justo. Imagínate un mundo donde no hubiese justicia. El fuerte y el cruel abusaría del resto y eso no sería bueno, algo que ya está sucediendo y realmente no es bueno. ¡Qué miserable estado podemos observar en la humanidad!

Nos preguntamos si hay esperanza. Dios es justo y debe juzgar el pecado, pero sabemos por la Biblia que también es misericordioso y amoroso. Aún allí en el Jardín del Edén Dios no dejó a Adán y Eva sin esperanza. Dios les dio a ellos y a sus descendientes (incluidas nosotras) una promesa. Él dijo que vendría uno descendiente de la mujer, que destruiría a Satanás. Dios tenía un plan. Nuestro misericordioso Dios proveyó un Salvador. Seremos salvos de nuestros pecados si creemos en Él. Leemos en la Biblia en San Juan 3:16 que Dios «de tal manera amó al mundo, que dio a su único y unigénito Hijo, para que todo aquel que en Él crea, no se pierda sino tenga vida eterna”. Y como leemos en Romanos 5:8 que Dios demostró Su amor por nosotros; porque aunque éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.

Dios hizo algo que demostró Su Justicia y su misericordia. Eso sucedió cuando Él envió a su Hijo Jesucristo a morir. Jesús era perfecto, así que Él calificaba para tomar el juicio que nosotros merecíamos. Dios ofrece Su amor y misericordia cuando aún ni lo merecemos. Adán nos dejó el pecado y la muerte, pero Jesús nos da misericordia y vida. ¿Cómo podemos experimentar la misericordia de Dios? Creyendo en Dios y aceptando el sacrificio de Su Hijo por nosotras. Por la fe en Jesús, podemos conocer la paz con Dios, seremos libres de la esclavitud del pecado y no seremos condenadas. Podemos experimentar otra vez una estrecha relación con nuestro Padre Celestial como Adán y Eva la experimentaron en el Jardín. Pero esto no será perfecto hasta que como sus hijas estemos para siempre con El en los cielos. Como dice la Biblia en su último libro, que un día estaremos en Su presencia y allí Dios limpiará toda lágrima de nuestros ojos. Entonces sí será realmente un lugar de paz y seguridad, amor y gozo.

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