Regalos de Dios

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De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan. – Salmo 24:1

¿Eres una persona muy ocupada? ¿Cómo usas tus días? ¿Qué cosas haces? Debo decirte que vivo mis días muy ocupada. Cada día vengo a la oficina, hago muchas diferentes cosas como escribir temas de interés para luego grabarlos… atiendo las llamadas telefónicas… pago las cuentas… Y cuando vuelvo a mi casa allí me esperan infinidad de tareas como lavar la ropa, tenderla y luego doblarla y guardarla. Tengo que hacer las compras y pensar qué hacer de comer cada día y muchas cosas más. Creo que las mujeres vivimos nuestros días muy atareadas. Alguien me preguntó…. ¿Qué harías primero si supieras que te quedan tres meses de vida? Yo pensé… ¡Qué pregunta! Si me quedara tan poca vida, pensaría primero en mi familia, amigas y personas cercanas. Realmente ese sí sería un asunto de mucho interés…

Y qué tal mi amiga, ¿qué harías si alguien te preguntara eso? ¿Qué si sólo te quedaran tres meses para vivir? ¿Hay cosas que son tan importantes ahora que seguirían teniendo la misma importancia? Tal vez puedas pensar acerca de todas las cosas que siempre quisiste hacer, pero nunca lo lograste. Quizás podrías lamentar que no hiciste de las personas y de tus relaciones tu prioridad por sobre tu trabajo o carrera. Podrías aún ver el dinero y las cosas materiales desde una perspectiva diferente. Podría ser que te ha llevado años de duro trabajo para acumular todo lo que tienes o posees. ¿Sería difícil dejar ir todo eso ahora? O puede ser que no son tan importantes en este momento. En un flash, puedes ver cómo has vivido tu vida, dónde has estado poniendo tus energías y tu tiempo. Estarías haciendo las cosas de manera diferente si supieras que te quedan tres meses de vida.

Conocí a una mujer que estaba muriendo de cáncer. El doctor la animó diciéndole que saliera de vacaciones, comiera sus comidas favoritas, comprara cosas para las que había estado ahorrando. Pero ella dijo: “No, yo solo me mantendré viviendo cada día como de costumbre”. Yo sé, cada una de nosotras tratamos con la vida de maneras variadas, con actitudes diferentes. ¿Pero que hizo a mi amiga estar contenta en vivir sus últimos días de la misma manera como los otros 40 años de su vida? Creo que sería porque ella creía que cada día es un regalo de Dios. Nuestro esposo, nuestros hijos, nuestra familia- son regalos de Dios para nosotras. Nuestro trabajo, nuestro dinero y todo lo que tenemos, todo ha sido dado por un Dios amoroso quien provee para nuestras necesidades. Podemos pensar que hemos ganado lo que estamos disfrutando con nuestra capacidad y nuestro propio esfuerzo y duro trabajo. Y si pensamos de ese modo, entonces estaremos tan devastadas si se nos quitara nuestras posesiones terrenales. Un terremoto devastador, una gran inundación, una sequía durante un año, un quebranto económico pueden hacernos sentir como que hemos perdido nuestra vida.

La Biblia nos dice en el Salmo 24:1 que: “Del Señor es la tierra y su plenitud; el mundo y los que lo habitan”. Así es, en este mundo todo le pertenece a Dios. Así que, podemos sentirnos seguras y satisfechas cuando sabemos que Dios está en control de nuestras vidas. Él tiene el poder de darnos todo lo que tenemos. También tiene el poder de quitarlas cuando lo desea. Él siempre actúa por amor. Cuando aceptemos este hecho, nos daremos cuenta que el valor de nuestra vida no se encuentra en lo que poseemos o cuánto viviremos. En el libro de los Proverbios se nos dice (15:3) que: “Los ojos del Señor están en todo lugar; mirando a los malos y a los buenos”. Y otra vez en el Salmo 121 nos recuerda que Dios… vela por nosotros y que Él no se adormecerá ni se dormirá… el Señor es nuestro protector… El Señor guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre. Muy a menudo sentimos el estrés y la tensión para proteger y preservar lo que tenemos en la vida, ya sea personas o cosas. Sólo podemos confiar en nosotras mismas para ser responsables por el futuro de nuestros hijos, las finanzas de la familia, nuestros trabajos y aún nuestra salud. Así que podríamos enojarnos o aún entrar en pánico cuando nuestros planes para el futuro fracasan. Pero Dios nos asegura, varias veces en la Biblia, que Él es nuestro ayudador. Él es nuestra fuerza, es nuestro escudo. Es quién cuida de todo lo que tenemos. Así que ¿no piensas que nuestra vida puede ser hecha más sencilla si compartimos nuestras cargas y responsabilidades con nuestro Dios?

Finalmente es importante recordar que todo lo que tenemos no es para nuestro propio placer y disfrute solamente. Cuando Dios nos da personas y cosas a nuestra vida, espera que le compartamos las cosas que hemos recibido para que otros sean beneficiados. Hagamos nuestras cosas accesibles para otros de modo que ellos puedan usar y disfrutar de lo que se nos ha dado a nosotras. Por ejemplo, si sabemos que nuestros hijos dan mucho gozo a los abuelos, deberíamos permitir a nuestros hijos pasar tiempo con ellos. Si Dios nos ha dado un hogar, podríamos compartir una comida con alguien que se siente solo. Si tienes la oportunidad podrías acompañar a alguien al doctor dando así de tu tiempo para ayudarle. A veces podríamos sentir como que no tenemos mucho para dar o compartir con otros. Son sentimientos que muchas experimentamos, pero no debemos desanimarnos y trabajar en nuestro carácter para lograr cosas buenas. Las oportunidades se van a presentar de diferentes maneras; tenemos que descubrirlas, verlas y decidirnos a hacer nuestros aportes esperando que otros sean ayudados y bendecidos. Cosas tan sencillas pero tan efectivas como dar una palabra de ánimo, una sonrisa, un plato de comida, un abrigo, un oído para escuchar y muchas otras cosas. Lo importante no es cuánto damos, sino cuánto retenemos y rehusamos dar. Si confiamos a Dios todas nuestras necesidades, es más fácil compartir lo que Él nos da.

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