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De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.
Juan 3:3

Cuando fui niña me gustaba criar pollitos. No recuerdo demasiado acerca de criar pollos excepto de algún picotazo del gallo rojo en casa de mis tíos. Pero una cosa que recuerdo y me gustaba observar era cuando rompían la cáscara desde adentro para salir del huevo. Realmente era muy excitante observar eso y llamaba mucho mi atención de niña curiosa. El pollito con su pico rompía un poco y luego comenzaba a reventar o rasgarse la cáscara. Y luego el pollito se retorcía para sacar el cuerpo de dentro del huevo. Muchos recién nacidos tienen mucho en común. Pensemos en un gatito o en un ternerito o aun en un bebé humano. Las madres traen a sus vástagos al mundo con gran dolor y trabajo. Cuando llega el recién nacido, sus ojos están cerrados y sin embargo está lleno de nueva vida. Escuchamos de nacimientos de bebés cada día. ¿Pero has escuchado que hay un nacimiento espiritual que debe suceder en tu vida también? Queremos que estés bien informada acerca de este nacimiento espiritual, y puedas disfrutar de sus bondades.

Quiero contarte acerca de un hombre llamado Nicodemo, muy educado y conocedor de muchas cosas. Era un fiel religioso y había dedicado su vida para aprender acerca de Dios y servirle. De hecho, se le conocía como un líder y maestro. Estaba muy curioso por saber acerca de Jesús, habiendo escuchado de sus milagros y sus enseñanzas, que eran diferentes a lo que él había aprendido cuando era un estudiante. No todos gustaban de Jesús a pesar de todas las buenas cosas que había estado haciendo. Algunos maestros compañeros de Nicodemo no estaban de acuerdo con Jesús porque lo veían como un hacedor de disturbios y una amenaza para el control del pueblo. Tal vez esa era la razón por qué Nicodemo quería evitar cualquier confrontación de sus pares queriendo ver en secreto a Jesús cuando estuviera oscuro. Nicodemo estaba convencido que Jesús no era una persona común. Cuando se acercó a Él dijo: “Sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, a menos que Dios esté con él”.

La respuesta de Jesús a Nicodemo pienso que fue como un shock para él. No le dijo «¡Qué bien Nicodemo! Eres muy inteligente y has descubierto que Dios me envió, y sí, ¡yo soy un maestro y estoy contento que has notado todos los milagros que estoy haciendo!». No, Jesús sabía que Nicodemo tenía una necesidad más grande que solo saber que era un gran maestro que Dios había enviado. Jesús le habló a Nicodemo acerca de su necesidad cuando le dijo: “De cierto, de cierto te digo, que a menos que uno nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios” (Juan 3: 3).

Imaginémonos que estamos escuchando esta conversación entre Jesús y Nicodemo. ¿Puedes imaginar a alguien tratando de hacer lo que Jesús le dijo? ¿Podrías colocar nuevamente a un bebé recién nacido dentro del cuerpo de su madre? Es imposible, ¿verdad? Es tan imposible como querer poner un huevo otra vez dentro del cuerpo de la gallina; o colgar las frutas nuevamente del árbol de donde las arrancaste. Nicodemo, un hombre tan inteligente y conocedor de las cosas, quedó confundido. Preguntó a Jesús lo que todas quisiéramos saber: “¿Cómo puede nacer de nuevo un hombre si ya es viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer?». Jesús le explicó a Nicodemo lo que estaba tratando de significar con esta expresión. “Lo que ha nacido de la carne, carne es, y lo que ha nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo”. ¡Jesús estaba hablando acerca de un nacimiento espiritual, uno que permitiría a la persona ver y gozar del Reino de Dios!

¿Y qué acerca de ti amiga? ¿Has tenido un nacimiento espiritual? Tú y yo hemos tenido nuestro primer nacimiento, el físico. De otra manera no podríamos estar comunicándonos. Pero ahora te pregunto si has tenido tu segundo nacimiento, el nacimiento espiritual. Quizás si eres honesta, ni sabes de qué se trata o crees que lo tienes debido a que dices oraciones o practicas alguna religión.
Ninguna de esas cosas te darán eso tan especial como lo es el segundo nacimiento acerca del cual habló Jesús. De hecho, todos los esfuerzos que tú o yo podamos hacer para lograr cosas buenas para agradar a Dios no nos introducirán al Reino de Dios. Eso se debe porque somos pecadoras por naturaleza, desobedecemos a Dios. Nadie tuvo que enseñarnos a mentir o robar o hacer cosas malas. Eso es tan natural para nosotras, ¿no te parece?

Pero tenemos esperanza. Debes saber que Dios envió a su Hijo al mundo, a Jesús, para rescatarnos de nuestros pecados y el castigo eterno. Jesús le dijo a Nicodemo que debía nacer de nuevo y nos enseña cómo podemos nacer otra vez diciendo: “Cualquiera que crea en mí no perecerá, sino tendrá la Vida Eterna”. Amiga, esto es lo que estás necesitando. ¿Estás cansada de vivir tu vida en tus propias fuerzas sin un significado? Puedes tener una nueva vida y estar segura que vivirás por siempre en la presencia de Dios que te ama de una manera muy especial.

Y aun en esta vida todo puede ser diferente si recibes a Cristo en tu vida y le permites que te guíe y oriente según su buena voluntad para ti. El Apóstol Pablo escribió: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» (2ª Corintios 5:17). ¿Quieres probar esta nueva vida en Cristo? Decide aceptarlo como tu salvador y Señor.

Te invito a orar conmigo:

Señor y Dios nuestro: Gracias por la Biblia, tu Palabra. Por la experiencia que tuvo Nicodemo al encontrarse con Jesús esa noche. Como Nicodemo tenemos la misma necesidad de nacer espiritualmente para tener la nueva vida que tú, oh Dios, nos ofreces. No podemos cambiar por nosotras mismas pero tú puedes hacerlo. Pongo mi confianza en Jesús quien murió por mis pecados en la cruz y puede darme una nueva vida. Gracias por el regalo de la salvación.

Amén

 

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