Creciendo en Cristo

La pubertad – Creciendo en Cristo
1 noviembre 2018
La pubertad
1 noviembre 2018

Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”.
Gálatas 5:22-23

Este es nuestro programa Mujeres de Esperanza. Hemos estado hablando acerca de este período en la vida tan especial cuando el cuerpo de una niña cambia para ser una mujer. A veces los cambios son bienvenidos y a veces no, pero una cosa es cierta, ¡los cambios van a suceder! Crecer es lo natural de la vida. Así como crecemos y cambiamos a lo largo de nuestra vida física, es normal y correcto que crezcamos en nuestra vida espiritual también. ¿Pero cómo puede una mujer crecer espiritualmente? Después de todo, el crecimiento espiritual no es algo que nosotras vemos. O quizás sí. La Biblia habla de un nuevo nacimiento que se da cuando recibimos la nueva vida de Dios al poner nuestra fe en Jesús, pidiéndole que perdone nuestros pecados.

Cuando una persona nace de nuevo espiritualmente hablando, recibe una nueva vida confiando en Cristo como su Salvador. Eso se da cuando nos damos cuenta que somos pecadoras y necesitamos la ayuda de Dios para cambiar. Dios proveyó una manera para que seamos cambiadas a través de su perfecto Hijo Jesús, quien vino a la tierra para tomar el castigo por nuestros pecados. Jesús es Dios venido en cuerpo humano y como un hombre perfecto tuvo que dar Su vida por todos aquellos que hemos hecho mal y lo cierto es que todos hemos pecado y estamos apartados de Dios. Pero confiando en Jesús como nuestro Salvador comenzamos a vivir una nueva vida.

Dios nos da muchos dones o regalos desde el momento que llegamos a ser sus hijas o hijos. Uno de esos regalos preciosos es Su Palabra la Biblia. Cuando leemos la Biblia, estamos leyendo el libro de las instrucciones de Dios donde se nos enseña a vivir la vida de manera apropiada, no solo para nuestro bien sino para agradar a Dios nuestro Creador y Salvador. Pongamos un ejemplo: la Biblia dice “no mientas”. Sabemos que todas en algún momento hemos dicho alguna mentira. Mentir es un pecado. Desde el momento que llegamos a ser cristianas, pertenecemos a Dios. Comenzamos a comprender que mentir está mal aunque a veces pensamos que decir una mentira nos beneficia. Aprendemos a confiar que Dios está en control de todas las cosas y que nos ayudará cuando decimos la verdad. Cuando hacemos lo correcto agrada a Dios y nos mantiene alejados de los problemas. Muy pronto el cristiano no quiere mentir más; llega a ser algo que le disgusta. Es una señal de crecimiento espiritual.

Hay otro cambio que se da cuando nacemos de nuevo: tenemos una nueva y muy personal relación con nuestro Dios y Creador. Una de las mejores maneras de conocer a una nueva amiga es hablando con ella. Lo mismo sucede con Dios; logramos conocer cómo es Él a través de Su Palabra la Biblia y podemos hablar con Él a través de la oración. Orar es hablar con Dios. ¿Te preguntarás cómo haces para hablar con Dios? La Biblia nos da alguna ayuda: leemos “¡Regocijaos en el Señor siempre, otra vez digo, regocijaos!”. Podemos comenzar nuestra oración diciéndole el gozo que sentimos por haber perdonado nuestros pecados. También nos dice que “depositemos todos nuestros cuidados sobre Él, porque Él cuida de nosotras”. Dios quiere que le cuentes tus dificultades y luego no olvides agradecerle por todo lo que te da cada día. La familia, los alimentos, la naturaleza y tantas otras cosas más porque todo proviene de Su mano poderosa. Aun si sucede algo que parece malo puedes agradecerle pues su Palabra nos dice: “Todo ayuda para bien a los que a Dios aman” (Romanos 8:28).

¿Cómo podemos saber si estamos creciendo espiritualmente? Así como sabemos que un árbol ha crecido porque le vemos dando frutos y frutos que maduran y los podemos comer, los cristianos también producimos frutos y eso lo podemos ver en nuestras actitudes, en nuestro comportamiento. La Biblia dice que una persona que lleva frutos mostrará amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, gentileza o mansedumbre y autocontrol (Gálatas 5:22). Para resumir, ¡una mujer que está creciendo espiritualmente, llegará a ser más como Su Creador! Puedes aprender más de Dios y el Señor Jesucristo, leyendo la Biblia y si no tienes una puedes escuchar los programas.

Por último quiero decirte que puedes examinarte a ti misma para saber si has tenido algún crecimiento espiritual. Pregúntate si eres más paciente, más amable. ¿Te cuidas en tus expresiones, en tu manera de hablar acerca de otros? Si notas que eres más amable y no hablas mal de otros, probablemente estás creciendo en tu vida espiritual. ¿Cómo está tu carácter? Pídele a Dios que te ayude a crecer y no te desanimes; el Señor te ayudará. Todos los cristianos tenemos tiempos de crecimiento o de quedarnos en suspenso. La clave está en perseverar y pedir ayuda de Dios cada día de nuestra vida. Podemos orar ahora mismo implorándole que nos auxilie y nos ayude a crecer. Digamos juntas:

Señor, te agradecemos por regalarnos la salvación por medio de Jesucristo. Queremos tener en nuestras vidas  todas esas cosas que te agradan a ti y nos hacen mejores personas.
Gracias por el fruto del Espíritu Santo que se muestra en amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio.
Ayúdanos, Señor, a comprender tu Palabra y atesorarla en nuestra mente y corazón para crecer y llevar una vida fructífera agradándote en todo.
Amén

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.