Presa de la amargura

¿Te han dicho alguna vez: “¡Eres una amargada!”? Suena muy feo, ¿verdad? Lo cierto es que la amargura es real y puede afectar toda nuestra vida. Nos relacionamos con personas que por su carácter nos hacen enojar. Estoy segura que todas sabemos cómo se siente alguien cuando está muy enojado. Estar enojado es algo que afecta las emociones y también repercute en nuestro físico. El corazón se acelera y golpea rápido, y comienzas a sentir que no puedes respirar de manera apropiada. Tampoco puedes pensar claramente. Te han lastimado y sientes que tu mente toda está afectada así como tu cuerpo. Cuando tratas de poner atención en otras tareas o cosas en tu vida te vuelven las palabras que te dijeron o que tú has dicho a alguien. Y peor aún cuando pones tu cabeza sobre la almohada por las noches, esas palabras vuelven otra vez y no te dejan dormir.

Cuando alguien te enoja, es muy difícil dejar de pensar en eso. Puede comenzar a afectar tu vida entera. Y antes que te des cuenta, tu corazón se pone duro y amargado hacia esa persona. Aparecen esos sentimientos a los cuales llamamos “amargura”. Pensemos acerca de esta palabra. Amargo. ¿Qué es lo primero que viene a tu mente cuando piensas en algo amargo? ¿Has mordido algo que te ha hecho fruncir el ceño y el gusto en tu lengua es amargo? Es como morder un limón. Imagínate que siempre tuvieras que comer cosas ácidas y amargas; pronto dejaríamos de disfrutar ese sabor.
Lo mismo pasa con las cosas que suceden en nuestra vida, si siempre son cosas amargas por lo que nos dicen o nos hacen; terminaríamos sintiéndonos mal y la amargura afectaría todo lo que hacemos. Por otro lado, podríamos acostumbrarnos tanto a sentir lo amargo que no nos daríamos cuenta cuánto nos afecta a nosotras y a nuestras familias.

¿Qué es realmente la amargura? Podría ser sentirte enojada, herida o resentida. Ocurre cuando piensas: “No es mi falta; yo soy la víctima. No puedo creer que él o ella me dijeron esas cosas hirientes”. Los sentimientos amargos a veces comienzan por cosas pequeñas; pero cuando escogemos agarrarnos de esas palabras, permitimos que los sentimientos crezcan en nuestro interior y con el pasar del tiempo sentimos las heridas y el dolor cada vez más intensamente.

¿Alguien de manera deliberada te ha lastimado? Por ejemplo, puede ser que tu esposo llegó enojado y te gritó delante de los hijos. Te había prometido que no lo haría otra vez pero lo hizo, y más de una vez. Y ya hace tiempo te sientes resentida y hostil hacia él. Es fácil sentir que tienes el derecho de sentirte amargada. Alguien ha hecho o dicho algo feo o doloroso y tú sencillamente no puedes quitar de tu mente esos pensamientos amargos.

La amargura es como la raíz de un árbol, algo que está bajo el suelo y fuera de la vista. Recuerdo un hermoso árbol frente a la casa que compraron mis padres. Cuando quisieron arreglar el piso del dormitorio, el albañil descubrió que había muchas raíces que venían desde ese frondoso árbol. El piso estaba movido y el cemento resquebrajado debido a las grandes raíces. Eran grandes y fuertes y habían tomado dominio de toda esa superficie. Así como las raíces del árbol, podemos sentirnos amargadas y resentidas bajo la superficie de nuestra vida, pero eventualmente saldrán a la vista y causarán problemas y dolor.

La amargura también puede expandirse a través de un grupo de personas como un incendio. ¿Cómo? Porque alguien decide contarle a alguien más acerca de otra persona que no tiene nada que ver con la situación en curso. En otras palabras, es pasar un chisme, decir cosas de otros para que también se amarguen y así se expande el mal. Eso es muy fácil de hacer entre las personas.

Pensemos cómo los sentimientos de amargura pueden afectar nuestra salud. ¿Qué pasa si guardamos esos sentimientos amargos en nuestro interior por muchos años? Los expertos en salud dicen que los sentimientos amargos durante un largo período de tiempo pueden afectar tu cuerpo negativamente. Pueden afectar tu manera de digerir los alimentos, puedes desarrollar dolores de cabeza, y aun pueden afectar tu sistema inmune (la capacidad de luchar contra las infecciones y enfermedades).

A veces un sentimiento de resentimiento lleva tanto tiempo contigo que no puedes ni recordar qué fue lo que lo comenzó; pero seguimos agarrados a esos sentimientos negativos. Los sentimientos amargos se ponen peor cuanto más largo es el tiempo que los tenemos. Nada te garantiza que una persona se vuelva menos amargada cuanto más anciana se ponga; al contrario, se vuelve más amarga con los años. Por tanto, ¿te has preguntado alguna vez qué puedes hacer con la amargura que tienes?

Para deshacerme de la amargura en mi vida, debo reconocer que es mi problema. La otra persona me ha lastimado, pero es mi elección agarrarme de esa herida y volverme amargada. No siempre es fácil reconocer nuestra propia amargura. La mayoría de las miles de conversaciones que hemos tenido a lo largo del tiempo las hemos olvidado. Pero puede haber una que te ha enojado mucho hace tiempo y aún recuerdas cada detalle, cada palabra de enojo. Si nos sentimos de esa manera de seguro es un signo que aún estás con amargura por esa conversación. Pensamos acerca de eso cuando tratamos de dormir por las noches, y nos sentimos trastornadas y enojadas cada vez que lo recordamos. Si yo estoy presa de la amargura, el problema es solo mío, sin importar lo que me hayan dicho o hecho.

Si alguna de las amigas que nos está escuchando está presa de resentimiento o amargura, solo tú misma puedes hacer algo en cuanto a eso. Permanecer  amargada puede tan solo dañarte a ti y a quienes te rodean. Te hará bien hablar acerca de tus sentimientos con alguien en quien realmente confías, con alguien de tu familia que sabes te aprecia, con el pastor de la iglesia o con algún consejero profesional que sabrá cómo ayudarte para que perdones a la otra persona. Te llevará tiempo y no será fácil, pero será la única manera en que encontrarás paz.

Si algo sucedió que dañó tu relación con una amiga, podrías recordar los buenos tiempos que tuviste junto a ella. ¡Será como añadir un poco de azúcar al limón! Quizás esa persona no tuvo la intención de lastimarte; y podrías pensar acerca de los sentimientos de ella también. En lugar de permitir que esos pensamientos negativos te dominen, podrías pensar acerca de cosas por las cuales estar agradecida.

 

«Para deshacerme de la amargura en mi vida, debo reconocer que es mi problema. La otra persona me ha lastimado, pero es mi elección agarrarme de esa herida y volverme amargada».

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