Estableciendo vínculos

Conectándonos con otros
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Conectándote con Dios
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¿Cómo aprendemos a conectarnos con otras personas? Seguramente desde muy pequeñas cuando fuimos bebés y junto a nuestra familia, padres y hermanos, allí empezó el aprendizaje. Los padres por lo general les sonríen y les hablan a sus bebés, aunque aparentemente el bebé pareciera no comprender nada. Un padre o una madre por lo general sienten que están muy cerca de su bebé y el bebé rápidamente se conecta con su mirada, es decir se produce un lazo de unión. Ocasionalmente eso no sucede y los padres necesitan dedicar más tiempo hablándole, acunándolo y sonriéndole para lograr una conexión más fuerte.

Para las amigas que son madres deben saber que sus sonrisas son como una recompensa para su bebé y estoy segura que muchas de ustedes recuerdan lo que han sentido cuando su bebé sonrió por primera vez: habrás sentido una emoción y le has devuelto con palabras, y sonrisas y tu bebé va captando que sonreír es bueno, agradable.

El bebé aprende observando el rostro de su madre para comprender cómo se está sintiendo. A medida que el niño crece, sin siquiera pensarlo, cada mamá está enseñándole a su hijo cómo se hace para relacionarse bien con las personas, y es a través de su propio ejemplo al escucharlo y mostrarle afecto. Los niños también aprenden cuando ven a su papá o mamá en el momento que están enojados por alguna razón, pero aun así se tratan con respeto. Es necesario que aprendan que las personas pueden estar en desacuerdo entre ellas y todavía amarse la una a la otra y permanecer conectadas.

Quisiéramos que siempre fuera así, bien relacionados con los demás, pero debes saber que hay algunas personas que tienen un desorden que les impide conectarse con otros. Nos gustaría hablar un poco acerca de este problema que realmente nos apena por presentar serias limitaciones dependiendo del grado de desorden de esta situación. Me refiero a los Desórdenes del Espectro Autista. Hay diferentes clases de autismo y hay doctores que se especializan en tratarlos. Son causados por problemas en el desarrollo del sistema nervioso. A los niños y adultos con autismo les resulta muy difícil relacionarse con otros. Podrían ser bebés muy pasivos y quietos, o extremadamente activos y ruidosos, pero ellos no pueden descubrir las claves normales acerca de cómo se sienten los demás y cómo actuar con las otras personas. Algunos están apenas afectados y podrían no ser diagnosticados, pero tienen dificultad de relacionarse con otros aunque podrían ser muy inteligentes.

Es posible enseñarles algunas de esas habilidades de relacionamiento. Tendrías que explicarles lo que significa una sonrisa o cómo decir si alguien está con miedo o enojado. Personas con este desorden necesitan aprender y practicar estas habilidades: hablar acerca de lo que esas emociones significan y cómo deberían comportarse en situaciones sociales. Por ejemplo, necesitarían practicar eso de mirar al rostro de la persona cuando están hablando con alguien. Sus familias necesitan comprender que tienen un problema médico real y no que tan solo se están haciendo los difíciles. Es importante no perder la paciencia, porque ellos no entienden y por tanto se enojarán más y más y perderán el control. Tienes que ser muy paciente para vivir con un niño o un adulto con autismo. El amor y la paciencia pueden hacer una gran diferencia.

El amor y la paciencia son ingredientes muy necesarios para toda relación humana (debido a que somos seres imperfectos) y mucho más necesarios cuando hablamos de hacer amigos. ¿Te resulta fácil hacer amigos? ¿Dónde podrías encontrarlos? ¿Acaso en la escuela cuando eras niña, en la iglesia o en el trabajo? ¿Qué claves podemos tener en cuenta para que nos resulte más fácil?

Una de esas claves puede ser en que ambas personas están interesadas en las mismas cosas o en los mismos temas de conversación. Por lo general no hacemos amigas permaneciendo en casa; necesitamos salir y hacer algo que nos guste hacer y así conocer personas y saber de ellas. Cuando conoces nuevas personas, necesitas mostrar que estás interesada en ellas también. Puedes preguntarles de qué cosas disfrutan y cómo acostumbran divertirse o entretenerse. Debes hacerlo con mucho respeto hacia ellas para no ofenderles. No les preguntes cosas de su vida muy personal o íntima; no es apropiado hacerlo. En todo caso eso se dará con el tiempo si es necesario, pero no cuando recién te estás conociendo. Piensa cómo te sentirías si alguien se entrometiera en tu vida personal apenas te hubiere conocido. Otra manera de comenzar una amistad es descubriendo personas que ponen atención en ti cuando les hablas, te miran a los ojos y parecen estar interesadas en lo que dices; si te elogian cuando les cuentas acerca de cosas que haces o por algo que te has puesto y te queda muy bonito o le gustan las mismas cosas que a ti te gustan.

Así que una amistad podría nacer al compartir cosas en común como tener hijos de la misma edad. Pero para ser una buena amiga, escucha, haz preguntas, demuestra que comprendes sus sentimientos, ayuda y apoya si hay problemas. Es importante valorar a la otra persona, darle de tu tiempo y de tu atención. Compartir algo de tu vida también, de modo que la amistad se comparte en dos vías, es decir en dar y recibir, en hablar y en escuchar.

Un antiguo proverbio dice: “Para tener una amiga, debes mostrarte y ser amiga”. No se trata solo de sonreírle y decirle cosas lindas; es tener un real interés en la otra persona por amor, y no solo por lo que puedas lograr de esa relación. De esa manera la verdadera amistad nace y se desarrolla.

 

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