María, la madre de Jesús

Ser madre es una hermosa pero desafiante tarea. Cuando tengas tu primer hijo de seguro será una experiencia con muchas emociones debido a que te enfrentarás a algo desconocido, nuevo para ti. Esta semana supe de una joven señora que tuvo cuatro hijos de una vez: tres nenas y un varón. Imagínate: ¡de primera tener 4 hijos! Cuántas emociones habrá vivido y estará viviendo esa madre primeriza con tantos bebitos juntos. Qué difícil… pero a veces sucede. Que Dios le dé mucha fuerza, paciencia y salud para criarlos; por cierto que son hermosos. Son los milagros de la vida que pueden suceder. ¿Cómo hará esta mamá para amamantarlos, cambiarlos, bañarlos? Realmente que Dios le dé mucha sabiduría divina para lograrlo y encuentre quién la ayude.

¡Cuántas emociones vivimos las mujeres! ¿Verdad? Hubo una joven mujer que también experimentó sentimientos especiales y diferentes durante su tiempo de ser madre. Me refiero a María, la madre de Jesús. Al leer los Evangelios, especialmente el Evangelio de Lucas aprendemos que para María, ser madre fue un milagro muy especial y diferente al de otras mujeres. ¿Crees en los milagros? Entonces no te será difícil aceptar el nacimiento milagroso del niño Jesús. La Biblia, Palabra de Dios, nos cuenta acerca de cómo un ángel visitó a María en su casa y le dijo que ella tendría un hijo. ¡Qué experiencia tan especial, escuchar a un ángel decir que tendrás un hijo! María, según nos dice la Biblia, era muy joven y sería madre por primera vez; todo muy desconocido para ella. José era su prometido pero aún no estaban casados. No estaban viviendo juntos. María fue muy sorprendida por lo que le estaba sucediendo. Mira lo que vivió estando en su casa:

«Dios envió al ángel Gabriel a Nazaret, un pueblo de Galilea a visitar a una joven virgen. La joven se llamaba María; el ángel se acercó y le dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo, ¡bendita tú entre las mujeres! Más ella cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba que salutación sería esta. Entonces el Ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora concebirás en tu vientre y tendrás un Hijo y llamarás Su nombre Jesús. Entonces María dijo al ángel, ¿cómo será esto pues no conozco varón? Respondiendo el ángel le dijo: el Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con Su sombra; por lo cual también el Santo ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios… Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor, hágase conmigo conforme a Tu Palabra. Y el ángel se fue de su presencia» (Lucas cap. 1).

María era muy joven cuando recibió la visita del ángel con este comprometedor mensaje. Estaba seguramente con su cabeza en todos los preparativos para su boda, soñando como toda joven en ese día especial. Ese anuncio le causó temor al principio. ¿Qué pensaría José? ¿Qué pensaría su familia? ¿Cómo les explicaría que estaba embarazada? ¿Le creerían? ¡Cuántos pensamientos se habrán agolpado en su mente! Pero el ángel le dijo: «María no temas porque has hallado gracia delante de Dios… Dios ha decidido bendecirte. Vas a quedar embarazada y vas a tener un hijo al que llamarás Jesús. Éste será grande y será llamado Hijo del Altísimo«. Entonces María contestó: «Aquí tienes a la sierva del Señor. Que Él haga conmigo como me has dicho«. El ángel se alejó de su lado y María quedó perpleja y guardando todo en su ser más íntimo. Porque, ¿quién podría creerle y comprender lo que le pasó?

El nacimiento de Jesús fue algo muy especial también. No ocurrió en un hospital ni en su casa, sino en un humilde pesebre donde dormían animales. Imagínate un parto y dando a luz un niño en medio de los animales. Te preguntarás: ¿por qué Dios lo permitió de esa manera, después del anuncio que recibió por medio de un hermoso ángel? Pero María guardaba todo en su corazón y meditaba en la manera en que se iban dando las cosas.

A pesar de ser una mujer muy joven María fue una madre responsable y crió con esmero y dedicación a su bebé. Jesús creció y fue un niño feliz. Nos dice la historia bíblica que cuando Jesús tenía tan solo 8 días de vida fue llevado para ser circuncidado como era costumbre de su pueblo, y José y María llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor. Como podemos ver, realmente María cuidó con esmero de su hijo. «Después de haber cumplido con todo lo que exigía la ley del Señor, José y María regresaron a Galilea, a su propio pueblo de Nazaret. El niño crecía y se fortalecía; progresaba en sabiduría, y la gracia de Dios lo acompañaba» (Lucas 2: 39-40).

Nos dice el evangelio que los padres de Jesús subían todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua y Jesús subía con ellos. Estos padres fueron responsables por la vida espiritual del niño y cada año iban a adorar a Dios al templo aunque les quedaba lejos. ¡Qué ejemplo de madre, dejando todos sus quehaceres y cuidados de su casa se preparaba e iba al templo a cultivar su fe y su vida espiritual dando ejemplo a su hijo de la importancia de buscar a Dios y de congregarse! El evangelista Lucas escribe en el evangelio que «Jesús siguió creciendo en sabiduría y estatura y cada vez más gozaba del favor de Dios y de toda la gente» (Lucas 2:52).

¡Cuánto aprendemos de esta madre santa! Dice que el niño siguió creciendo en sabiduría. Tuvo una madre sabia que le enseñó tantas cosas buenas de la vida. Ella no hablaría palabras necias, palabras sin valor alguno, sino que habrá hecho como dice la Biblia en Filipenses 4:8, que hablemos entre nosotros «todo lo que es verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, lo que sea digno de admiración, todo lo que merezca elogio«. El Niño creció en estatura: me hace pensar que la madre se ocupó de hacerle alimentos sanos y frescos para que creciera sano y fuerte. El Niño gozaba del favor de Dios y de la gente: Jesús era un adolescente respetuoso y la gente lo quería. Daba gusto tratar con Él.

María fue una madre sabia, humilde y respetuosa de Dios y de sus principios y le dio un buen ejemplo a su Hijo que llegó a ser como dice la Biblia «un gran hombre y lo llamaron Hijo del Altísimo, Dios el Señor y Su Reino no tendrá fin«. Cuando Jesús era un joven de unos 33 años murió en una cruz dando su vida por todos nosotros. El corazón de María su madre fue traspasado por el dolor al ver a su querido Hijo muriendo en esa cruel cruz cargando con nuestros pecados para que pudiéramos tener la vida eterna para siempre con Dios el Señor. ¡Cuánto sufrimiento esta madre!

Quizás tú mi amiga también has tenido que sufrir por la pérdida de un hijo. Tienes que saber que Dios puede comprenderte y puede consolarte en medio de tan profundo dolor. Cuéntale con confianza tu dolor y pídele su consuelo. Dios puede ayudarte en tu dolorosa pérdida. Oremos juntas y digamos: Gracias Dios por crear a las madres. Gracias por darles la capacidad de amar a sus hijos más que nadie. Te agradecemos por María la madre de Jesús, por su ejemplo de mujer sabia que supo amar, criar y guiar a su hijo para bien. Ayuda a todas las amigas que son madres; que sepan amar y criar a sus hijos por tus caminos, siendo un ejemplo que sus hijos puedan imitar. Amén.

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