La historia de Rahab

«Hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del Mar Rojo delante de vosotros cuando salisteis de Egipto, y lo que habéis hecho a los dos reyes de los amorreos (…) a los cuales habéis destruido. Oyendo esto, ha desmayado nuestro corazón (…) porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra«.
Josué 2:10-11

En el artículo «Levantándote para ser diferente» hemos hablado acerca de probar ser diferentes cuando lo que hacemos o creemos no es lo mejor. Hemos dicho que muchas veces hacemos cosas por costumbre. Decimos «todo el mundo lo hace y yo lo hago», y nos conformamos porque no nos tomamos el tiempo de pensar que puede haber algo mejor. La Biblia también nos advierte que no nos conformemos ni nos amoldemos a las costumbres de la sociedad donde nos tocó vivir porque puede no ser algo bueno de practicar y de guiar a otros a lo mismo tan solo porque es una costumbre. ¿Qué debemos hacer entonces? Debemos analizar si lo que hacemos es lo correcto.

La Biblia nos narra la apasionante historia de una mujer que escogió y decidió ser diferente a la cultura y a la comunidad donde ella vivía. Esta historia que quiero compartir contigo sucedió en el tiempo en que el pueblo de Israel vivió en el desierto como nómadas e iban de camino a la tierra prometida por Dios a Abraham. Puedes leerla con más detalles en el Libro de Josué capítulo 2. Nos cuenta el relato bíblico que Josué envió a dos hombres de su pueblo a hacer una inspección y ver cómo era el lugar a donde ellos se dirigían, y si sería fácil llegar al lugar y ocuparlo para vivir allí. Caminaron mucho y llegaron a la primera ciudad llamada Jericó. Vieron que estaba rodeada por una gruesa muralla y el pueblo que vivía allí parecía estar bien protegido.

Era el atardecer y los dos hombres entraron a una casa construida sobre el muro para pedir comida y donde pasar la noche. La dueña de esa casa era una mujer llamada Rahab. Era una prostituta. El rey de la ciudad se enteró de la llegada de los dos israelitas y le envió un mensaje a Rahab diciéndole: “Esos hombres son espías, échalos de tu casa”. Rahab le contestó al rey por medio de los soldados: “Es cierto que unos hombres vinieron a mi casa, pero no sé quiénes eran ni de dónde venían. Se fueron cuando comenzó a oscurecer, antes de que se cerraran las puertas de la ciudad, y no sé a dónde se fueron. Vayan pronto tras ellos, quizás los alcancen. Los hombres del rey salieron en busca de los espías. Pero realmente Rahab los había escondido en el techo de su casa debajo de unos manojos de lino que estaba secando allí.

Te preguntarás ¿por qué esta mujer hizo eso? ¡Estos hombres eran enemigos de su pueblo! Realmente suena a extraña su actitud, y los espías israelitas seguramente también se sorprendieron. Pero es interesante lo que ella le dijo a estos hombres.

Antes que los espías se durmieran, Rahab subió al techo y les dijo: “Yo sé que el Señor les ha dado esta tierra, y por eso estamos aterrorizados; todos los habitantes del país, están muertos de miedo ante ustedes. Hemos oído muchos informes acerca de cómo Dios les ayudó a escapar de la esclavitud en Egipto y cómo ha derrotado a vuestros enemigos que trataron de detenerlos. Yo creo que ustedes siguen al Dios verdadero, quien es Dios arriba en los Cielos y aquí sobre la tierra. Nosotros todos sabemos esto y nuestra gente está muy temerosa y asustada de ustedes. Ahora, yo los traté amablemente a ustedes, por tanto les ruego en el nombre del Señor que sean bondadosos con mi familia, como yo lo he sido con ustedes, cuando vuestro pueblo venga aquí a tomar esta ciudad”.

Los hombres le prometieron que lo harían. Le pidieron a la mujer que colgara el cordón rojo fuera de su ventana para que ellos pudieran verlo desde fuera de la ciudad. Ellos le dijeron: “Cuando nosotros volvamos, todos los que estén en la casa con el cordón rojo serán protegidos. Pero no debes decir esto a nadie en la ciudad”. Por tanto hicieron un acuerdo y ella les ayudó a saltar por la ventana en el muro usando el cordón rojo. Les advirtió: “Huyan rumbo a las montañas para que sus perseguidores no los encuentren. Escóndanse allí por tres días, hasta que ellos regresen. Entonces podrán seguir su camino”. Estos dos hombres israelitas regresaron seguros a su campamento y dieron el informe a su gente. Ellos dijeron: “Estamos seguros que Dios nos ha dado este país. La gente de aquí ya lo sabe y tiemblan de miedo ante nosotros”.

¡Esta es una real y emocionante historia que registra la Biblia! Rahab tiene que haber sido una mujer muy valiente para esconder a estos dos israelitas de sus propios hombres. Arriesgó su vida para ayudar a los espías. Te preguntarás, ¿por qué lo habrá hecho? Ella había escuchado de los milagros que Dios había hecho con este pueblo y realmente quería conocer al Dios de los milagros. Sabía también que Dios les había librado de sus enemigos. Rahab llegó a saber y recibir a Dios como el Dios verdadero que está arriba en los Cielos y abajo sobre la tierra. Es maravilloso que esto lo dijera una mujer que pertenecía a un pueblo que adoraba y sacrificaba a los ídolos y espíritus locales.

Y tú mi amiga, ¿cómo te sentirías si fuera la primera vez que escucharas acerca del grande y Santo Dios Creador de los cielos y de la tierra y de todo el universo? Rahab se sintió atraída hacia Dios. De alguna manera ella supo que podía confiar en este Dios y en las personas que le seguían. Se sintió atraída por saber más de Él. Algo de estos espías despertó interés en ella. La Biblia nos dice que ató el cordón rojo en la ventana tan pronto los espías se habían ido. Lo hizo de inmediato para no olvidarlo y estaba segura de que ellos volverían para cumplir con su promesa. Tenía mucha fe a pesar de que aún no conocía mucho de este verdadero Dios.

Esta historia me recuerda que se necesita valor y fe para seguir a Dios cuando tu familia o amigos no creen en Él. A veces los seguidores de Jesús, encuentran que es muy difícil permanecer solos en su fe. Otras veces sus familias o comunidades sienten como que si al creer en el Dios verdadero les has traicionado y se enojan contigo. Pero puedes confiar y tener la seguridad de que si le confías tu vida a Dios, Él siempre te acompañará y te ayudará porque lo ha prometido, mientras estés aquí en la tierra y luego en Su presencia por la eternidad.

Cuando escuchas o lees estas historias de lo que Dios ha hecho y hace, ¿te sientes atraída a Él o te sientes amenazada? Es nuestra oración que creas en Jesús como tu Señor y encuentres refugio en Él para siempre. Piénsalo y toma la decisión de seguir a Cristo para siempre. Será la mejor elección que jamás hayas hecho. Rahab creyó en el Dios verdadero para siempre. Su vida cambió totalmente gracias a que puso su confianza y fe en el Señor.

La Biblia nos cuenta que cuando los israelitas llegaron al lugar frente a Jericó, pelearon una batalla y la ganaron. Los dos espías vieron el cordón rojo en la ventana y recordaron su promesa de salvar la vida de Rahab y su familia, quienes se unieron al pueblo de Israel y llegaron a ser adoradores del Dios verdadero, hacedor del universo. La Biblia también nos cuenta que esta mujer se casó con un hombre israelita y llegó a ser la abuela del Rey David, quien fue un antecesor de Jesucristo. Realmente su vida cambió totalmente, y fue bendecida a causa de la fe que puso en el Dios verdadero (Hebreos 11:31).

Como ves, cuando por fe aceptamos creer en Jesucristo, Él nos integra a la familia de Dios y nos da la vida eterna. Dios nos acepta cuando ponemos nuestra confianza en Jesús y nos da fuerza espiritual para seguir creyendo en Él aunque nadie más en nuestra familia crea en Dios. Así como sucedió con Rahab Dios nos promete dar un nuevo comienzo, una nueva vida, porque nos ama y desea cosas buenas para nosotras.

Pensemos en esto durante la semana. A veces tenemos que tomar decisiones para dejar a un lado cosas que no nos benefician porque no son buenas. Busquemos a Dios en oración, leamos la Biblia, Su santa palabra, y pidámosle sabiduría para comenzar una nueva vida con Cristo.

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