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Hay un precioso Salmo de la Biblia, el número 24, que dice lo siguiente: “De Dios es la tierra y todo cuanto hay en ella; el mundo y cuántos lo habitan”. Hay lugares hermosos en este mundo que da gusto visitar y disfrutar, pasar horas y días viendo las maravillas que nuestro Dios ha creado. Algunas de nosotras quizás tuvimos el privilegio de recorrer y conocer muchas partes del mundo y de la naturaleza, y nos hemos admirado por tanta belleza, Pero qué placer cuando regresamos y disfrutamos de la tranquilidad de nuestro hogar, de nuestro barrio y de todo lo que conocemos porque ese es el lugar al cual pertenecemos; es nuestro lugar en el mundo.

Nuestra amiga Mary nos ha contado del placer que siente cada vez que regresa de la universidad al lugar donde es su barrio porque es allí donde ella pertenece. Se siente que está en su lugar. Le resulta maravilloso estar con aquellos que ama y conoce, y la conocen y aman a ella. Se siente segura, aceptada y bien tratada por su comunidad o barrio. ¿Te has preguntado alguna vez qué es lo que hace que una comunidad sea buena? ¿Se trata solo de vivir cerca unos de los otros? ¿O hay cosas que no la hacen tan buena? ¿Cuál es tu opinión acerca de tu barrio?

Pienso que en una buena comunidad las personas se cuidan unas a otras. Y lo contrario sería una mala comunidad donde las personas no se respetan, hablan mal unos de los otros, se dañan unos a otros y no viven seguros. No todos los grupos de personas son perfectas. Muchas comunidades tienen algunas cosas buenas y otras no tanto. Pensemos juntas qué es lo que hace que realmente sea buena una comunidad o barrio.

En un barrio que catalogamos como bueno las personas tratan de ayudarse unas a otras. Si una familia necesita ayuda, seguramente alguien la ayudará. Si tu vecina está dispuesta a ayudarte en algún momento, de seguro le quedarás muy agradecida y se lo dirás; cosas tales como cuidar de los niños si debes ir al médico frente a una enfermedad o accidente doméstico.

En una buena comunidad las personas tienen necesidad de sentirse útiles, sentir que pueden contribuir con algo para el bien de ese barrio. Incluso los niños pueden colaborar en familia para hacer sus pequeños o grandes aportes para lograr cosas buenas para el barrio. Hay personas que se sienten bien cuando pueden opinar sobre las cosas que les gustaría realizar; es decir, cuando los dirigentes dan la oportunidad a los demás de opinar y planificar cosas buenas para embellecer el barrio y hacerlo más seguro. Algunas sugerencias para mejorar las cosas en tu comunidad pueden ser: poner focos de luz, cámaras en las calles, árboles en las veredas, una placita, una cancha de fútbol, etc.

En una buena comunidad cada uno siente que pertenece allí y juntos se comprometen a cuidar del lugar para bien de todos. Y a cuidarse a sí mismos también. Qué bueno poder vivir en un barrio prolijo donde las veredas están barridas, los residuos están todos dentro de los contenedores y no se ven plásticos volando para todos lados con el viento. En una buena comunidad cada uno siente que pertenece a ese lugar por tanto da lo mejor de sí mismo para mantenerlo limpio, bonito y arreglado. Pero parte de vivir en una comunidad no siempre es pretender que las cosas se hagan a tu manera. A veces necesitamos escuchar las opiniones de otros y no buscar de hacer las cosas a tu manera sino aceptar lo que proponen otros. Trabajemos para la buena convivencia entre unos y otros, permitamos que todos presenten sus ideas, sus proyectos y sus planes para mejorar el entorno del lugar donde vivimos.

Algo que a todas nos habrá pasado alguna vez es el hecho de mudarnos de un barrio a otro, ya sea por nuestros estudios, nuestro trabajo, porque nos hemos casado o alguna otra razón, y debemos reconocer que nos ha resultado difícil acostumbrarnos al nuevo lugar. Sé muy bien lo que significa mudarse. Me ha sucedido y pude comprobar que no es fácil al principio. No conoces a nadie, no conoces tu entorno, ni siquiera donde comprar un pan o una leche, o dónde está la parada del ómnibus para ir a trabajar o estudiar. El comienzo puede ser muy difícil pero con el correr de los días todo puede cambiar si los vecinos que viven en ese barrio son solidarios y se ponen a disposición para ayudar a los nuevos a sentirse mejor.

Depende de nuestra actitud que el recién llegado se sienta bienvenido y no tan perdido. Y son esos sencillos actos de bondad de nuestra parte que le harán un gran bien al recién llegado. Solo encontrar a alguien que quiera saludarle y conversar ya significa muchísimo porque la persona o la familia aún no conoce a nadie en ese lugar. Pongámonos en el lugar de esa persona y tratemos de imaginar cuán sola y desorientada se podrá sentir al no conocer a nadie. Puedes darle una bienvenida y desearle que todo le vaya bien, invitarle que se sienta con libertad de golpear a tu puerta por si pudieras auxiliarla con algo que necesite. Algo que te podría pasar es que la persona o familia recién llegada al barrio es bien diferente a como eres tú; de una raza, religión o costumbres diferentes. Podría resultarte más difícil que sea tu amiga pero no por eso dejarás de darle tu ayuda, una calurosa bienvenida al vecindario y desearle lo mejor mientras se establece en ese lugar.

Hay algunas otras personas que también necesitarán sentir que pertenecen a esa comunidad y que pueden ser útiles. Estoy pensando en personas con discapacidades: no videntes, sordos, con problemas de movilidad o con alguna otra necesidad. Lamentablemente cuando en el barrio hay personas con discapacidades pueden ser dejadas de lado y eso les hará sentirse solas. A menudo no sabrán como participar en actividades que otros disfrutan, por eso es bueno integrarles en nuestro círculo de amigos y actividades. ¿Estás dispuesta a ayudar a personas así para que se sientan aceptadas como parte de nuestra comunidad al igual que las otras personas? Quizás se muevan con más dificultad pero ellas también pueden ser útiles y sentirse integradas a la comunidad o grupo de amigos, y disfrutar como todos los demás.

Amiga, quizás estés pensando: “Yo no puedo hacer una gran diferencia en mi barrio”. Pero queremos decirte que sí puedes, aunque fuere de una manera sencilla. Puedes ayudar a que tu comunidad sea un lugar tranquilo, amistoso, donde todos sientan el gusto de vivir allí. Sé amistosa y pon interés en los otros que viven en tu barrio.

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