Consejos de cuidado personal

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Muy a menudo a las mujeres nos toca cuidar a otras personas, ya sea hijos pequeños o adolescentes, padres ancianos o miembros de la familia muy enfermos y que ya no pueden valerse por si mismos. Y eso es muy loable y necesario que lo hagamos demostrando nuestro amor e interés por los seres queridos. Pero hay una persona a la cual bastante a menudo olvidamos cuidar. ¿Quién piensas pudiera ser? Es una persona que estará todos los días de tu vida contigo, y nos referimos a ti misma.

¡Por supuesto! ¡Nosotras las mujeres, por lo general estamos tan ocupadas cuidando de todos y de todo a nuestro alrededor que olvidamos cuidarnos a nosotras mismas! Podemos escuchar a algunas de ustedes decir: «¡Pero estoy tan ocupada! ¡No tengo tiempo de ocuparme de mí!». Podría ser que pienses que las necesidades de los otros en casa son más importantes y apremiantes que tus necesidades. Quizás pienses que sería egoísta de tu parte distraer tiempo para cuidarte a ti misma. Pero, debes saber, que tú eres tan valiosa como cualquier otro. Cuando Dios te creó pensó en cada detalle, cómo lucirías, y qué clase de persona serías. Eres muy preciosa para Él. Debes saber que Dios tiene interés en ti y le gustaría que cuides de ti misma.

Jesús, el Hijo de Dios, un día pronunció una verdad muy hermosa que seguramente recuerdas, pero queremos recordarla para ti ahora. Jesús pensando en cada una de nosotras dijo: “Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia” (Juan 10:10). ¿Sabías eso? Jesús quiere que tú y yo tengamos “vida en abundancia”. Qué lindo deseo de Jesús para nosotras.

Queremos que sepas que no podrás vivir una vida abundante si no te cuidas a ti misma. No podemos pretender vivir una vida abundante si nos tratamos mal a nosotras, si no nos cuidamos. Realmente seremos más capaces de hacer las cosas que tenemos que hacer como cuidar de nuestra familia y de otros, si nos ocupamos de nuestra salud y de nuestra vida lo mejor que podamos.

Si siempre estamos dando de nuestras fuerzas, de nuestro tiempo, de nuestra vida, llegará un tiempo que nos sentiremos exhaustas, vacías y nuestras emociones estresadas. Todas necesitamos renovar fuerzas y llenarnos en nuestro ser interior para poder volcar o dar a las vidas de otras personas que también necesitan vigor y fortaleza. Necesitamos ser llenas en nuestras emociones y sentimientos si queremos ser capaces de dar a otros. De otro modo si nadie cuida de nosotras, nos quedaremos sin fuerzas, nos quedaremos vacías y no podremos cuidar bien de los demás. Si nos cuidamos y permitimos que otros nos cuiden, podremos continuar cuidando a quienes tenemos a nuestro alrededor y necesitan ayuda.

¿Qué cosas a nuestro alrededor pueden dejarnos vacías y sin fuerza? ¿Qué cosas pueden dejarnos agotadas y estresadas? ¡El estrés! Esa es una de las causas más grandes. Cuando estamos estresadas, nuestro cuerpo produce unos químicos que nos ayudan a estar alertas de modo que podamos tratar con el estrés. Cuanto más estemos estresadas, tanto más esos químicos bombardean nuestros cuerpos. Y si sucede por mucho tiempo, nuestro cuerpo quedará cansado y aun ni podremos pensar claramente. ¿Te ha sucedido que estando muy cansada no has podido pensar claramente? Si esto te sucede puede ser que te sientas perdida o aturdida emocionalmente. Puedes sentirte exhausta de tantas emociones fuertes. Esos químicos pueden también dañar nuestros cuerpos si están bombeándonos por demasiado tiempo y al fin nos enferman.

Es importante saber entonces que si el estrés dura poco puede ayudarnos a realizar las cosas en menos tiempo , pero si se prolonga por mucho más, puede hacernos enfermar y perdemos la fuerza. No seremos efectivas en lo que deseamos o tenemos que enfrentar. Recordemos que Jesús dijo que Él vino para que tengamos vida en abundancia. Veamos algunas cosas que podemos hacer para enfrentar nuestro desgaste físico y emocional, de modo que podamos recuperar fuerzas y tenerlas en abundancia. Hablemos primero de nuestro cuerpo, de la parte física.

Debemos comer alimentos sanos. Una variedad de frutas, vegetales, carnes magras, granos y cereales. Mantén la Higiene de tu cuerpo realizando un baño diario caliente. Trata de hacer algún tipo de ejercicios como caminar, nadar o andar en bicicleta. A su vez esto te permitirá dormir bien por la noche y levantarte renovada a la mañana.

Nombremos algunas maneras que pueden ayudarnos a mantener la salud emocional y mental. Te podrá parecer extraño, pero realmente necesitaremos conocernos a nosotras mismas: ¿Quiénes somos, qué es lo que nos estresa, o nos enoja y qué nos ayuda a estar relajadas y sentirnos felices? Para hacer esto necesitamos tener en cuenta cómo nos estamos sintiendo y qué estamos pensando para poder darnos cuenta qué sucede en nuestro ser interior.

Detente un momento y piensa cómo te sientes ahora. ¿Te sientes feliz, tranquila, ansiosa, enojada o de alguna otra manera? ¿Qué piensas es lo que te hace sentir de ese modo? Si te resulta muy difícil pensar en eso, solo relájate, respira profundo y piensa acerca de algo lindo. ¿Cómo se siente tu cuerpo? ¿Se distiende? ¿O aún hay partes que están tensas? Puedes sentirte triste algunas veces sin darte cuenta por qué. Quizás algo que pasó en tu vida en días anteriores te puso mal. ¿Te ha pasado alguna vez? ¿Sabes? Nuestros sentimientos son importantes. Te permiten saber cómo estás pasando. En realidad es mejor tomar en cuenta la manera en que nos sentimos que ignorarlo o disimularlo y luego poder buscar alguna manera de darnos ánimo.

Algo importante de saber es que Dios te ama y quiere ayudarte a disfrutar de las cosas buenas de la vida y que te aceptes como eres, que te perdones si has hecho algo que estuvo mal. Dios quiere que disfrutes de ti misma, pero a veces puede ser difícil lograrlo y puede tomarte mucho tiempo; pero si pides ayuda a Dios, de seguro te la dará. Tus sentimientos son importantes para Dios. Él sabe y comprende cómo te sientes aun mejor de lo que tú lo haces, y eso es porque Dios es tu creador. Jesús conoce cada parte de tu vida aún mejor que tú misma y eso es maravilloso. Debes saber que mientras caminó sobre la tierra experimentó dolor, tristeza, hambre, sed y mucho más. Puede comprender tus necesidades también.

Cuando aprendes a escuchar lo que está sucediendo en tu corazón, puedes llegar a estar muy atenta a ciertas cosas que estarás necesitando.

  • Podrías estar necesitando compartir tus sentimientos y pensamientos con alguien en quien confías.
  • Quizás necesites pedir ayuda a alguien.
  • Puede haber algo en tu relación con alguien que te ha hecho enojar y debas hablar con esa persona acerca de ese asunto. Si eres honesta y le tratas con amabilidad, esa relación podría crecer y aún llegar a ser más especial.

Dios, nuestro creador, nos ha hecho a todas diferentes unas de las otras. Cosas diferentes pueden hacernos enojar, o hacernos estresar o hacernos sentir vacías y tristes. Y son diferentes las cosas que nos tranquilizan, nos animan y nos levantan el ánimo. Es bueno saber qué cosas nos estresan, cuáles nos fortalecen y animan.

Digamos algunos ejemplos: si algo no funcionó de la manera esperada, puedes sentirte frustrada y aún enojada. Puedes sentirte presionada o estresada por lo que otros esperan de ti. Puedes estresarte debido a las demasiadas cosas que tienes entre manos para llevar a cabo. Experimentar conflictos o violencia o aún cambios pueden causarte estrés. De manera especial los cambios pueden estresarte si involucran la pérdida de algo o de alguien que ha sido muy especial para ti. Hay situaciones físicas que pueden producirnos estrés como la enfermedad o el dolor. Si sabes qué cosas son las que te producen estrés, enojo o desgaste, debes ver si puedes hacer cambios para evitar esas situaciones. Y cuando esas cosas sucedan recuerda que necesitas cuidarte a ti misma. A veces el cuidarte a ti misma significa evitar las situaciones estresantes y si no las puedes evitar, trata de no pensar en ellas o búscale la parte positiva de esa situación.

Si tienes demasiadas cosas para hacer, o las personas esperan demasiado de ti, piensa y pregúntate: “¿Realmente debo hacer todo eso?” o “¿Tengo que complacer a todo el mundo?”. Piensa si de veras a Dios le gusta todo lo que haces. Es cierto que Dios nos da tareas para llevar a cabo, pero Él nunca nos dará más de lo que podamos soportar o manejar, ni tantas cosas que nos lleven todo el tiempo. Él nos creó y sabe que necesitamos descanso para nuestro cuerpo, y descanso emocional y mental también. Quizás necesitemos aprender a decir “NO” ya que sabemos que tenemos un límite de lo que podemos hacer y de nuestras fuerzas. También tenemos que aprender a pedir AYUDA, cuando vemos que es demasiado para nosotras.

Si no puedes evitar el estrés o te vas sintiendo vacía y mal en tu interior, haz algo que te ayude a estar mejor y puedas recuperar energía de modo que sigas sirviendo a quienes te necesitan. Piensa en algo que disfrutarías. Qué cosas te traen calma, te dan descanso y te hacen feliz aunque más no fuera un momento. Podría ser escuchar un poco de música o sentarte afuera al sol, o leer un libro o salir para una caminata o trabajar con tus plantas y flores. Busca hacer algo diferente aunque sea por un momento.

Continuaremos este tema en el artículo «Descansando en Jesús«.

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