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Seguramente todas nosotras o casi todas habremos pasado tiempos de dolor y sufrimiento por alguna causa. Quizás habrás pensado que la vida ha sido injusta para contigo por cosas que te han sucedido y haz tenido momentos de querer darte por vencida. No ves nada claro en tu futuro. Queremos compartir contigo este programa que hemos preparado deseando toque tu vida y te anime. Vivimos en un mundo imperfecto donde en cualquier momento algo adverso puede sucedernos; algo que nos hará sufrir. El mismo Jesús mientras estuvo sobre la tierra en una ocasión dijo a sus amigos… “En el mundo tendrán aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo.” El dolor y el sufrimiento son parte de nuestra vida sobre la tierra. De hecho cuando leemos la Biblia vemos que en ningún lugar nos dice que esté mal llorar cuando nos sucede algo que nos da mucho dolor. Por el contrario la Palabra de Dios, hablando acerca del sufrimiento y el dolor nos aconseja; “Llorar con los que lloran.” O sea, se espera que seamos compasivas y podamos sentir el dolor ajeno y apoyar a esa persona sintiendo y participando de su dolor, ayudándole así a sobrellevar ese momento de sufrimiento.
Un ejemplo claro de compartir el dolor con los que sufren es imitar lo que hizo Jesús en una ocasión cuando su amigo Lázaro enfermó y murió. Nos dice el Evangelio que Jesús fue hasta la tumba de su amigo y allí lloró. Y luego dio palabras de ánimo a sus hermanas que estaban muy tristes por la pérdida de un ser querido. Qué importante es saber dar palabras de consuelo para quien sufre. “”Consolador “es una palabra que describe a alguien que viene a consolarnos, aliviarnos, fortalecernos y capacitarnos para poder hacer frente a los desafíos de la vida. Es una palabra muy significativa y describe a alguien “llamado al lado para ayudar.” Se refiere a alguien que se pone al lado del que sufre y le da ánimo, valor y fuerza. Es maravilloso tener un amigo así en nuestras vidas.
Eso es cierto, pero no siempre sabemos qué decir al que sufre. Recuerdo cuando una amiga me llamó aquella noche justo antes de irme a dormir. Ella me dijo que su esposo había muerto en un accidente automovilístico. Un mes antes habíamos estado juntos disfrutando de una comida y él era una persona llena de vida. Ahora me llegaba esa terrible noticia. Yo me quedé como tonta, no pude pensar en nada para decirle en ese momento; sólo comencé a llorar. Unos días después pude visitarla. No teníamos mucho tiempo para estar juntas. Pero recuerdo que su tristeza era grande y no encontraba las palabras adecuadas para decirle, sí he pasado mucho tiempo escuchándola y llorando con ella. Recuerdo que pasando el tiempo la volví a llamar para saber de ella. Habían pasado unos meses desde la muerte del esposo. Me dijo que estaba pasando muy mal porque muchas personas que la habían rodeado inmediatamente después del accidente volvieron a ocuparse de sus trabajos y de sus vidas personales y ella se sentía muy sola.
Mi amiga necesitaba ayuda ahora más que antes. Los hijos estaban mostrando signos de la pérdida del padre, estaban deprimidos y con problemas en la escuela. Se notaba que estaban con mucho dolor en sus vidas y tenían que cargar solos sus cargas por la pérdida del padre y esposo. Sus vidas habían cambiado para siempre. ¡Cuánto tenemos para aprender de esta situación! Aprendemos que muchas veces podemos consolar sólo con nuestra presencia física. Hay personas que dicen: “¡Su sola presencia fue de gran ayuda para nosotros!” Dios nos promete estar con nosotras en el Valle de Sombras y nos promete consuelo, pero qué bueno es tener a hermanos queridos de la familia o en Cristo que nos rodeen en momentos así. A veces es suficiente estar con el que sufre y escucharle.
No basta con acompañarle el día que algo le sucede a la persona sino tiempo después cuando los otros amigos se han retirado a sus tareas diarias. Reconocemos que no es fácil encontrar las palabras para dar consuelo y ayudarle superar el dolor, pero podemos ser de mucha ayuda estando a su lado. También puedes animar a tu amiga a recordar los tiempos en que estuvieron juntos y lo pasaban bien. En medio de un dolor muy grande es fácil enojarnos y amargarnos. Nos hará bien recordar hermosos momentos y tiempos disfrutados en compañía. Es bueno recordar a la persona cómo realmente era y estar agradecida por los recuerdos que nos ha dejado. Los tendremos para siempre en nuestro corazón.
La experiencia me ha enseñado que no serán nuestras “sabias” palabras que ayudarán a una amiga a luchar con su pérdida sino que será nuestro oído atento a escucharla. Tú empatía o la capacidad de sentir su dolor. Eso la animará a continuar otro día más. Pasando el tiempo el dolor y la pena disminuirán, pero no somos nosotras que decidiremos cuándo se le irá el dolor. Permite que sufra, que hable, que llore. Escúchala y ayúdala a llevar su carga, llora con ella y ríe también cuando puedas. Puedes ayudar a tu amiga compartiéndole algo de la Palabra de Dios que te ha bendecido a ti en momentos de tristeza y no olvides orar con y por tu amiga. Ora con devoción y dedicación para que tu oración llegue a Dios y Él derrame bendición sobre la persona que lo está necesitando. Ora con fe, Dios puede cambiar todas las cosas para bien por más terribles que parezcan o sean.
Recuerda prestar tú oído al que está dolido, pocas palabras, tú empatía y llorar con el que llora como dice la Biblia puede ser todo lo que necesita. No olvides al que sufre, síguele de cerca y ruega a Dios por su consuelo. Pasando los días y aún los meses puede ser que necesite tú compañía más que nunca. Una llamada de teléfono, una tarjetita, una visita para charlar le hará mucho bien. Vivimos en un mundo con mucho dolor y las personas necesitan consuelo y ánimo. Tú puedes ser una fuente de ayuda en esos momentos difíciles. Recuerda que Jesús lloró frente a la tumba de su amigo Lázaro porque lo amaba y por el dolor de la familia a quienes también amaba. Y la Biblia nos dice… “Llorad con los que lloran”, muéstrales tú compasión. Mujeresdeesperanza.org tiene mucha más información para ti. Visita nuestra página y compártela con tus amigas.

